Por Joselías Sánchez Ramos / 2021-10-22

Joselías

Hola, amigos. Una crónica a salto de mata sobre el comercio de Manta, actividad que ha creado una tradicional festividad que, desde hace más de un siglo, se celebra desde el 22 al 24 de octubre de cada año.

Desde principios de siglo, la Cámara de Comercio ha mantenido la tradición a través de sus presidentes: Mariano Zambrano Segovia, Lucía Fernández de DeGenna y ahora Pablo César Pinargote quien ha convocado a varias actividades superando las limitaciones impuestas por la pandemia.

De Jocay a Manta

Manta es una ciudad portuaria sobre cuya actividad convergen otras actividades productivas, entre ellas el comercio.

La actividad portuaria y el comercio tienen una historia vinculada desde muchos siglos. Los primeros navegantes y comerciantes a gran escala fueron los manteños, cuya principal población -llamada Jocay- estaba asentada en este territorio que, desde la conquista española, se llama Manta.

Con sus balsas manteñas navegaron y comerciaron con pueblos nativos, desde Chile hasta el norte de México en el Pacífico americano. Comerciaban artículos suntuarios como la concha spondylus a la que agregaron propiedades míticas.

Tras la llegada de los españoles y su sangrienta conquista, la ciudad aborigen de Jocay fue destruida y comienzan a llamarla Manta. Desde 1535, con la fundación española de Portoviejo, declina la influencia de la  Cultura Manteña.

Durante la Colonia, los cholos nativos de Jocay regresan a su pueblo, una aldea al que ahora los españoles llaman Manta convertida en un fondeadero para los navíos españoles de la ruta Panamá – Lima – Panamá a cuyos tripulantes proveían de vituallas, agua, daban mantenimiento a las embarcaciones, reiniciando su tradición de comerciantes.

Unos 30 años después que se funda Portoviejo, hacia 1578, en Manta se comienza a comerciar perlas que obtenían los buceadores nativos. Esto atrajo a mucha gente que llegaba desde Centroamérica, con esclavos expertos en bucear para sacar perlas. Este movimiento comercial convirtió a Manta en un fondeadero próspero, que muy pronto fue asaltado y destruido por piratas, lo que obligó a la población huir hacia las faldas del cerro de Montecristi donde funda una nueva ciudad conocida como “Nueva Manta” o Montecristi.

Desde mediados del siglo 17, la población nativa, mayoritaria en Jipijapa y Montecristi, se inserta en la economía mercantil, sea como arrieros, transportando mercancías desde el puerto de Manta a otras poblaciones del Partido de Portoviejo e inclusive a Guayaquil.

Para mediados del siglo 18, los nativos del puerto de Manta siguen suministrando víveres y mantenimiento a los navíos que hacen escala en Manta o comercializan fibras naturales y sus artesanías.

Carmen Dueñas de Anhalzer, en su obra “Soberanía e insurrección en Manabí», reseña: “El puerto de Manta atrae un comercio de cabotaje entre los puertos peruanos y los puertos del sur de la Nueva Granada. Desde Payta y Piura se introducen víveres, mientras que de la provincia se embarcan fibras silvestres como la pita o cabuya, la mocora y artesanías, como albardas, hamacas, sombreros, elaborados con esta misma fibra, botijas de miel, y en menor cantidad el cacao, cuyo cultivo se había extendido, para finales del siglo 18, hacia el valle de Chone y La Canoa”.

Sombrero de paja toquilla

También, en el último cuarto del siglo 18 se inicia la comercialización del sombrero de paja toquilla.

La economía mercantil del sombrero fue el sustento de la prosperidad del Partido de Portoviejo cuyas tres principales poblaciones: Portoviejo, Jipijapa y Montecristi, se sublevan contra el Corregimiento de Guayaquil.

Cuando llega la Independencia, Manta es un puerto importante con un dinámico comercio de exportación, con el sombrero de paja toquilla que produjo grandes fortunas, sobre todo en Jipijapa y Montecristi. El pueblo cholo nativo es, sin lugar a dudas, el sustento de la economía mercantil del sombrero

Cuando se crea la República del Ecuador, hacia 1837, Manta es reconocido como el segundo puerto del país y, en 1861, la nueva Ley de División Territorial lo convierte en parroquia de Montecristi.

La tagua

Cuando se inicia el siglo XX, la prosperidad comercial de Manta va en auge y se inserta en la economía agroexportadora con la tagua que suple la disminuida exportación del sombrero de paja toquilla.

Aunque es un pequeño poblado de dos mil habitantes, su población está integrada por los cholos nativos y gente venida de todas partes, unos comerciantes exportadores, otros huyendo de las luchas montoneras, de los incendios o del exterior en busca de nuevas oportunidades. Es un pequeño pueblo cosmopolita en el que se asientan importantes casas comerciales.

En este entorno y para celebrar en octubre la fiesta religiosa de la Virgen de la Merced, a fines del siglo XIX se organiza en Manta “La Fiesta Religiosa y del Comercio” que anualmente se repite hasta estos días.

La Casa Tagua, filial de la Tagua Handellschaft, establecida en 1905 para exportar la tagua, transforma a Manta en un puerto importador. Los barcos de alto calado que, cada quince días llegan para llevar a Europa, de tres a cuatro mil sacos entre tagua, cacao, café y otros productos como caucho, palo de balsa, higuerilla, sombreros de paja toquilla, también descargan productos de importación.

Es la misma Casa Tagua la que importa cemento, telas y tejidos, alambre de púas, alambre liso, zinc para techos, machetes, artículos galvanizados, baldes, hachas y otras mercaderías que se comercian en los otros cantones de Manabí..

La información estadística del movimiento por el puerto de Manta es de tal importancia que, en 1911, se lo califica como el segundo puerto de la República, después de Guayaquil. Las recaudaciones por su Aduana ascienden a 811.540, 95 pesos, que se distribuyen entre el erario nacional y el Municipio de Montecristi.

La exportación de la tagua alentó y configuró la construcción del ferrocarril Manta – Montecristi – Portoviejo – Santa Ana que, para 1913, ya estaba en servicio.

A pesar de todo este potencial comercial, exportador e importador, la Parroquia Manta es desatendida en sus necesidades, situación que lleva a sus habitantes, primero a solicitar, reclamar; y, finalmente, a pensar y gestionar su autonomía cantonal.

Para 1922, Manta se convierte en cantón y en su territorio conviven unos 4.600 habitantes.

A través del ferrocarril se traslada la tagua y otros productos del agro manabita que son requeridos por europeos y norteamericanos. La primera guerra mundial origina una crisis en la exportación de la tagua, cuyos comerciantes se agrupan y crean la Cámara de Comercio hacia 1926 para defender el precio de exportación. Dos años antes, en 1924, se crea Diario El Mercurio que acompaña la vida urbana de esta próspera ciudad.

El desarrollo de las economías europeas de la postguerra de 1918 mantiene la importancia de la tagua como sustento de la agroeconomía de exportación hasta la década de los años 40.

La exportación de la tagua declina con la segunda guerra mundial (1939 – 1945), lo que repercute notablemente en la economía de la región centro sur de la provincia, porque dejó de cosecharse la mocora y recogerse la tagua; en el deterioro del ferrocarril hacia Santa Ana por la falta de mantenimiento y en la economía de Manta porque ya no se exporta la tagua.

El café

La reconstrucción de Europa y el predominio de Estados Unidos es un gran mercado para nuevos productos, uno de ellos el café que se cultiva en la zona centro sur de la provincia.

Hacia mediados de los años 40 la exportación del café comienza a adquirir importancia y constituye la principal actividad económica de exportación y trabajo para los manabitas hasta fines de los años 80.

La exportación del café alienta la construcción de importantes obras y la creación de vigorosas instituciones que impulsan el progreso de esta ciudad que para 1950 tiene 23.665 mil habitantes, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo.

La Junta de Agua Potable y la Autoridad Portuaria son dos instituciones sobresalientes que se suman a la Cámara de Comercio y a Diario El Mercurio.

La carretera Manta – Quevedo durante los años 50, la construcción del puerto marítimo y su Autoridad Portuaria durante los años 60, que fortalece la transportación pesada, la más numerosa del país; la modernización de su campo de aviación que comienza a tener importancia nacional e internacional, la dotación de agua potable, de energía eléctrica y telefonía, son hitos importantes durante esta década en la que se conforman organizaciones culturales, educativas, de comunicación social y desde 1967 se la configura como ciudad universitaria con una extensión de la Universidad Laica Vicente Rocafuerte. Sus jóvenes reclaman la autonomía universitaria y para 1985 se crea la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí sustentada en los profesores y estudiantes de la Extensión.

La importancia de Manta como ciudad puerto y primer puerto exportador de café declina hacia fines de los años 70.

La pesca

La economía agroexportadora, desde los años 80 se transforma en una economía pesquera. El puerto deja de ser primer puerto marítimo del Ecuador para convertirse en primer puerto pesquero de América.

La pesquería alentó nuevas actividades comerciales conexas que, sumadas al corredor industrial Manta – Montecristi y a la dinámica pesquería de Jaramijó, han convertido a Manta en la décima ciudad de mayor crecimiento del Ecuador y, dado el incremento poblacional que sobrepasa los 250 mil habitantes, ha alentado la industria inmobiliaria y el turismo.

Para este año 2021, a pesar de la pandemia, la actividad comercial, turística y pesquera alienta la vida de los manabitas de este territorio y su Cámara de Comercio convoca a las tradicionales fiestas octubrinas que, iniciada el 14 con un ciclopaseo familiar, concluye el 24 de octubre con la misa campal de acción de gracias y la Feria del Comercio y Emprendimiento. (Joselias, 2021-10-22).