Entre la esperanza y la realidad que los manabitas experimentamos en los 10 años recién pasados, el ensayo periodístico que viene a continuación denota comprensión y confianza. Lo primero, porque rescata enseñanzas útiles de las tragedias y los despropósitos que sucedieron. Lo segundo, porque ve inmensas potencialidades humanas y materiales para consolidar la prosperidad y el buen vivir en la década que ha empezado.

Historiador José Elías Sánchez Ramos, Manta - Ecuador. / FUENTE: Archivo RM

Por Joselias Sanchez Ramos*

sjoselías@gmail.com

2026-01-05

Hola, amigos. El periodismo manabita celebra con entusiasmo el X aniversario de la REVISTA DE MANABÍ. La dirige el honorable e íntegro periodista, don José Risco Intriago. El presente ensayo les rinde homenaje a propósito del recién conmemorado “Día Nacional del Periodismo Ecuatoriano”.

El tema plantea la siguiente premisa: “El capital humano debe ser fortalecido, para convertir a Manabí 2035 en una provincia con soberanía y educación.”

INTRODUCCIÓN

Manabí es una región provincial, con una identidad cultural cholo – montuvia fraguada a lo largo del tiempo y profundamente arraigada en el trabajo, su ethos (identidad) cultural y la memoria colectiva.

Entre el terremoto de 2016, la reconstrucción inconclusa, la pandemia, los efectos climáticos con inundaciones, sequías y la actual crisis de seguridad, nuestra provincia ha vivido una de las décadas más complejas de su historia reciente.

Este ensayo propone una lectura crítica de ese período y plantea algunos desafíos urgentes para pensar el futuro provincial hacia el 2035. La premisa planteada es uno de esos desafíos.

UN ANTES Y UN DESPUÉS

El período comprendido entre 2016 y 2025 representa, sin lugar a dudas, uno de los momentos más determinantes en la historia reciente de Manabí.

Como manabita, sostengo que esta década no puede entenderse únicamente como una sucesión de crisis, sino como un tiempo de profundas revelaciones sobre nuestras fortalezas, debilidades y contradicciones como sociedad.

El terremoto del 16 de abril de 2016 marcó un antes y un después. No solo destruyó ciudades, viviendas e infraestructura productiva, sino que dejó al descubierto la fragilidad estructural de la provincia y la negligencia del Gobierno frente al riesgo, la planificación y la desigualdad territorial.

Aquel evento fue una tragedia humana, pero también un examen institucional cuyos resultados, en muchos aspectos, quedaron en deuda.

RECONSTRUCCIÓN Y CRISIS

El proceso de reconstrucción posterior al terremoto fue largo, complejo y desigual. Si bien se lograron avances visibles en vivienda, servicios básicos e infraestructura, estos no alcanzaron con la misma intensidad a todos los territorios afectados ni a todos los sectores sociales, víctimas del desastre.

En varios casos, la reconstrucción se limitó a lo material, sin una reflexión profunda sobre el modelo de desarrollo ni sobre la prevención de futuros desastres.

Las obras inconclusas y las denuncias de corrupción llenaron las páginas de los medios tradicionales y digitales.

A esta situación se sumaron otros factores que agravaron el escenario provincial: los impactos cada vez más frecuentes del cambio climático sobre la agricultura y el territorio.

La pandemia del COVID-19, que paralizó la economía local y evidenció las debilidades del sistema de salud.

Y, en los últimos años, el crecimiento sostenido de la inseguridad y el auge de la delincuencia, que ha alterado de manera profunda la vida cotidiana y la percepción de bienestar.

Estos hechos no sucedieron de manera aislada, sino que se superpusieron, generando una sensación persistente de crisis, incertidumbre, desconfianza y desgaste social.

LAS FORTALEZAS

Sostengo que esta década no fue solo de crisis y dificultades. En medio de la adversidad, Manabí mostró fortalezas que merecen ser destacadas.

La solidaridad posterior al terremoto reveló un tejido social capaz de organizarse, resistir y sostenerse, incluso cuando la respuesta gubernamental fue lenta o insuficiente. Nos volvimos resilientes.

El espíritu emprendedor permitió a miles de familias reinventar sus medios de vida. Sectores como la gastronomía, la pesca, la agricultura, la artesanía y el turismo local siguieron siendo pilares fundamentales, aun en condiciones adversas.

La identidad cultural manabita no solo resistió la crisis, sino que se consolidó como un elemento de cohesión social y como una oportunidad real de desarrollo económico basado en lo propio.

De esa fortaleza surgió la identidad cultural cholo – montuvia de Manabí. El reconocimiento de la Unesco a Portoviejo y Montecristi, como ciudades creativas.

El reconocimiento de “MANABÍ, REGIÓN GASTRONÓMICA MUNDIAL 2026. El declarar a Chone como sede de la COMCEBÚ 2026. El reconocimiento del “amorfino como patrimonio cultural inmaterial de Manabí”.

La consolidación de nuestras universidades. El esfuerzo de la Prefectura por cohesionar a los gobiernos cantonales y parroquiales promoviendo la unidad regional. Y, la iniciativa de varios GAD cantonales para conformar “Mancomunidades” cuyo objetivo es gestionar y superar juntos las necesidades de sus territorios”.

Cito: MANPANOR (Mancomunidad del Pacífico Norte). Mancomunidad Centro Norte. El Carmen forma parte de la Mancomunidad estratégica de municipalidades-MEM.

PROBLEMAS ESTRUCTURALES

Pese a estos avances, los problemas estructurales de la provincia no se resolvieron.

La desigualdad entre zonas urbanas y rurales continúa siendo una de las principales deudas históricas. En muchas comunidades persisten dificultades de acceso a servicios básicos, educación de calidad y atención oportuna en salud.

El empleo digno, especialmente para los jóvenes, sigue siendo escaso. Esta situación ha provocado migración, desarraigo y frustración, además de una pérdida constante de capital humano.

Somos una provincia expuesta a nuevos desastres naturales. Falta una planificación territorial y urbana para enfrentarlos. Aquello limita un crecimiento ordenado y sostenible.

INSEGURIDAD Y DESCONFIANZA

Uno de los aspectos más preocupantes de esta década ha sido la normalización de situaciones que no deben aceptarse. La inseguridad y la violencia han ganado espacio en la vida cotidiana. Afectan la economía, la convivencia social y la salud emocional de la población.

La percepción de corrupción y mala gestión pública, especialmente en contextos de emergencia y reconstrucción, ha debilitado profundamente la confianza ciudadana en las instituciones.

Esta desconfianza es una de las heridas más difíciles de sanar, porque afecta la posibilidad misma de construir proyectos colectivos.

A ello se suma un progresivo debilitamiento de la memoria histórica. El riesgo de olvidar las lecciones del terremoto es alto y, con ello, la posibilidad de repetir errores que ya tuvieron consecuencias devastadoras.

Yo también me siento parte de esta culpa. Desde el 2017, cada 16 de abril, realicé un evento anual sobre el terremoto. Exposición de fotografías, videos, conversatorios, conferencias. Muchos expertos, damnificados y periodistas participaron.

A pesar de mis esfuerzos no pude mantener la memoria del terremoto. Sólo llegué hasta el séptimo evento.

Sin embargo, seguimos liderando el Comité Cívico de la Memoria Histórica de Manta, para construir el Archivo Histórico de Manta en el Museo Centro Cultural Manta.

MANABÍ HOY: CANSANCIO Y POTENCIAL

Hoy veo a Manabí como una provincia resiliente, pero agotada. Con enormes recursos humanos, culturales y productivos, pero atrapada en la improvisación, la desigualdad y la falta de una visión de largo plazo.

Está insertada en una cultura de quejas, buscando culpables por doquier. Es un desgaste político de “anti” todo, que nos conduce a la degradación y al desastre. La frase lapidaria “manabita come manabita” es un sofisma que no debe repetirse, porque daña profundamente nuestro ethos cultural.

Recuerden: Manabí no es una provincia derrotada, pero sí una colectividad que necesita redefinir con urgencia su rumbo.

Leí, hace poco, que “La fuerza cívica de Manabí quedó en la orfandad.” Que “Manabí pasó del frente común al silencio, sin una hoja de ruta ni liderazgos que exijan soluciones ante la crisis vial, hídrica y de salud” (El Diario, 2026-01-02)

DESAFÍOS 2035

El futuro inmediato requiere decisiones claras y sostenidas. Entre los desafíos principales destacan:

  1. Recuperar la soberanía manabita: Se ha perdido el control del agua y la electricidad, y existen divisiones políticas. La falta de concreción en proyectos educativos, como el edificio del Instituto Superior Tecnológico Paulo Emilio Macías, evidente negligencia gubernamental y desinterés local por la educación.

Desde 2017 existen siete millones de dólares donados por la Unión Europea. Depositados en el Ministerio de Economía y Finanzas; al Ministerio de Educación, Cultura y Deportes le importa un pepino.

  • Hacer de la educación el eje del desarrollo provincial: Es indispensable articular la educación con las necesidades productivas del territorio y evitar que la juventud siga condenada a la migración o el empleo precario.

Manabí requiere un nuevo sistema educativo. Unidades académicas equipadas con las tecnologías de última generación, con profesores dignificados y bien pagados, respetados y que sean ejemplos de la comunidad.

Esta nueva educación debe formar ciudadanos comprometidos, con valores humanos y pensamiento crítico, capaces de dialogar, de igual a igual, con la inteligencia artificial.

  • Abordar la seguridad de forma integral: Se debe priorizar la prevención social, combinar oportunidades económicas y fortalecer las instituciones.
  • Diversificar la economía y planificar el territorio: Apostar por la sostenibilidad ambiental, mejorar la gestión del agua y planificar responsablemente frente al cambio climático.

Todo esto requiere liderazgo honesto y transparente, participación ciudadana y recuperación de la memoria colectiva.

CONCLUSIÓN

La década 2016–2025 dejó cicatrices profundas, pero también aprendizajes irrenunciables.

El Manabí del 2035 dependerá de nuestra capacidad de transformar el dolor en responsabilidad colectiva, la resiliencia en política pública y la identidad en un proyecto de desarrollo con justicia, dignidad y futuro. Voto por la educación y la soberanía manabita.

Esta es la conclusión a mi premisa inicial: “El capital humano debe ser fortalecido, para convertir a Manabí 2035 en una provincia con soberanía y educación.” ( )

Joselías, 2026-01-05

Joselías Sánchez Ramos

* José Elías (Joselías) Sánchez Ramos, doctor en Ciencias de la Comunicación. Fue, durante muchos años, educador en el Colegio Nacional Manta. Fundó y dirigió la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (ULEAM), habiendo sido uno de sus educadores insignes. Fungió como director de Relaciones Públicas en la Empresa Eléctrica de Manabí. Periodista profesional de larga data, trabajó para varios medios de la ciudad de Manta y es miembro cofundador del núcleo de la Unión Nacional de Periodistas (UNP) establecido en esta urbe. Es, por antonomasia, el historiador de Manta. Colabora frecuentemente con REVISTA DE MANABÍ, proveyéndole artículos de opinión y ensayos temáticos, como el que precede a este perfil curricular.