Contraste histórico entre la ciudad capital de la provincia de Manabí y la principal ciudad portuaria del mismo territorio, destacando sus diferencias políticas: “San Gregorio de Portoviejo nació para ser cabeza de jurisdicción; Manta, para ser su indispensable ventana al mar.”

Periodista Jorge Luis Bowen Loor.

LIC. MG. JORGE LUIS BOWEN LOOR    jorgebowen@hotmail.es

La historia de los pueblos no se construye a partir de mitos recientes ni de fechas acomodadas a intereses coyunturales, sino sobre la base de la evidencia documental que ha resistido el paso de los siglos.

En Manabí persiste una confusión —a veces ingenua; otras, deliberada— entre los procesos de asentamiento humano prehispánico y los actos formales de fundación política propios del orden colonial.

Para despejar cualquier duda, basta acudir a una de las obras más valiosas de la historiografía universal: El primer nueva corónica y buen gobierno (1615), de Felipe Guamán Poma de Ayala.

La importancia de esta obra no radica únicamente en su carácter testimonial, sino en su valor como documento político dirigido al Rey de España.

Guamán Poma no inventa jerarquías: las describe, las dibuja y las denuncia. En su detallada cartografía del Reino del Perú, Portoviejo ocupa un lugar inequívoco como centro administrativo de la región costera norte.

La ciudad frente al puerto

El cronista indígena es preciso. En el folio 1039 de su manuscrito dedica una lámina completa a la “Ciudad de la Villa de San Gregorio de Puerto Viejo”. La denominación es jurídicamente concluyente.

En el siglo XVI y en el XVII, el rango de villa —según las Leyes de Indias— implicaba fundación legal, cabildo propio, iglesia matriz, autoridades civiles y jurisdicción territorial. El dibujo de Guamán Poma muestra una ciudad organizada: arquitectura de arcos, plaza, templo mayor y una disposición urbana que refleja institucionalidad.

Manta, en contraste, aparece definida por su función exacta dentro del sistema colonial: el puerto.

En el orden imperial español, los puertos no eran entidades autónomas, sino dependencias funcionales de una ciudad cabeza de jurisdicción. Manta fue un enclave logístico esencial, punto de embarque, escala marítima y salida comercial, pero nunca una ciudad fundada ni una villa con gobierno propio durante el periodo colonial temprano.

Confundir estas categorías equivale a desconocer el funcionamiento del Estado indiano. Reconocer esta diferencia no implica negar la antigüedad ni la riqueza cultural de los pueblos costeros, sino distinguir con honestidad entre civilización ancestral y fundación política.

De ahí la comprensible indignación cuando se pretende igualar jerarquías que la propia historia nunca equiparó.

Composición ilustrativa proporcionada a RdM por Jorge L. Bowen Loor

La fundación y el derecho

San Gregorio de Portoviejo fue fundada en 1535 por Francisco Pacheco, en nombre de la Corona española, cumpliendo los requisitos legales del derecho castellano.

Desde entonces, fue reconocida como núcleo administrativo de la región, función que mantuvo durante toda la Colonia.

Las Leyes de Indias eran claras: solo las ciudades y villas podían ejercer jurisdicción civil, recaudar tributos y administrar justicia. Los puertos servían a esas ciudades; no las sustituían.

Cronistas como Pedro Cieza de León y Miguel Cabello Valboa confirman esta estructura al describir la gobernanza de la costa del actual Ecuador, siempre subordinada a ciudades fundadas formalmente tierra adentro, desde donde se ejercía el control político y fiscal.

La nobleza indígena y el poder real

Guamán Poma dedica especial atención a los caciques principales de la Costa, entre ellos el linaje de los Catoche.

Estos señores naturales —reconocidos por la Corona— debían acudir a Portoviejo para tratar asuntos administrativos con el corregidor. Este detalle es crucial: no se negociaba poder ni justicia en el puerto, sino en la Villa.

El cronista denuncia con dureza a los funcionarios que obligaban a los caciques y a sus pueblos a transportar tributos desde los valles productivos hasta las balsas en Manta, quebrantando el orden administrativo y humillando a la nobleza indígena. Su reclamo no solo es moral; es jurídico. Y, sin proponérselo, refuerza la centralidad de Portoviejo como sede legítima del poder colonial en Manabí.

El mundo al revés

La Nueva corónica es, en esencia, una denuncia del “mundo al revés”: un sistema donde corregidores corruptos explotaban al agricultor y al navegante por igual.

Al describir estos abusos, Guamán Poma confirma una verdad incómoda para ciertos relatos contemporáneos: la prosperidad portuaria de Manta fue siempre una extensión funcional de la existencia de Portoviejo, no su origen político.

Intentar invertir esta relación histórica, otorgando “fundaciones” a lo que fue un enclave de servicio, no es una reinterpretación legítima del pasado, sino una negación de las fuentes primarias.

Conclusión

La obra de Felipe Guamán Poma de Ayala constituye el acta de nacimiento visual, político y administrativo de Portoviejo. Defender esta verdad no es un acto de localismo ni de nostalgia colonial, sino de honestidad intelectual.

San Gregorio de Portoviejo nació para ser cabeza de jurisdicción; Manta, para ser su indispensable ventana al mar.

Reconocer esta jerarquía no borra identidades ni culturas milenarias. Al contrario: respeta el orden histórico que permitió que Manabí se insertara en el mapa del mundo hace más de cuatro siglos.

La crónica está escrita. La evidencia existe. Lo único que aún falta es la voluntad de leerla sin sesgos ni manipulaciones del presente.