Nota de nostalgia por el truncamiento abrupto de una relación de amistad cultivada desde las aulas colegiales y que prometía estrecharse más con una prueba atlética conjunta en la ciudad de Manta, Ecuador.

Periodista David Ramírez Bravo. / FOTO: María Fernanda Hublaut
FOTO: Autora: María Fernanda Hublaut

David Ramírez

@DavidRammirezPO

La vida es apenas un suspiro y se nos puede escapar aun estando en las mejores condiciones de salud, siendo buen hijo, amoroso padre, dedicado amigo y disciplinado deportista, como lo fue en efecto Carlos Manzano.

Por eso duele más su partida, porque si algo brillaba en él eran su energía  y resiliencia por dar su mejor versión cada día.

A mediados de enero del año pasado nos encontramos y tomamos un café en Casa Rosada; mi esposa nos acompañó. Departimos por casi una hora. La idea original fue correr juntos, un desafío que nos habíamos planteado para cuando “visites Manta”. Desafortunadamente Carlos atravesaba una lesión en la rodilla y el compromiso para correr quedó fijado para “la próxima que vengas a Manta…”

Carlos y yo compartimos la afición por el atletismo desde que fuimos compañeros de generación en el colegio ‘Cinco de Junio’; y en los últimos años nos acercamos más, compartiendo cada cual nuestros logros en las maratones. 

En las largas conversaciones que sostuvimos, compartimos videos y fotos de las carreras y de nuestras futuras metas; de allí surgió la promesa de que, en la primera oportunidad que nos encontráramos en Manta, correríamos unos cuantos kilómetros…

Desafortunadamente un accidente nos ha arrebatado a Carlos, cuya figura continuará viva y se extrañará en todos los circuitos donde dejó su ejemplar presencia. 

Espero reencontrarnos algún día para saldar la deuda de correr juntos.

Nueva York, febrero 24 de 2026.