Los hechos priman sobre lo escrito en papel
El trabajo periodístico que sigue tras el presente párrafo, es fruto de un examen cuidadoso a lo escrito por cronistas españoles que, junto a expedicionarios reales, llegaron en el siglo XV al territorio de lo que hoy es la provincia de Manabí (Ecuador) y lo tomaron bajo su dominio para la colonización consiguiente. De dicho estudio sale a luz que la provincia manabita es el epicentro de la implantación española en suelo ecuatoriano.

JORGE LUIS BOWEN LOOR*
jorgebowen@hotmail.es
17.03.2026
El fraude narrativo de la historia oficial.
Durante décadas, la educación ecuatoriana ha repetido que la primera ciudad fundada en el actual territorio del Ecuador fue Santiago de Quito —fundada el 15 de agosto de 1534 en el valle de Liribamba, en lo que hoy es el cantón Colta, provincia de Chimborazo— y luego San Francisco de Quito, refundada el 6 de diciembre de ese mismo año en su ubicación actual. Estas afirmaciones, presentadas como verdad histórica incuestionable, son en realidad formalismos administrativos que encubren una falsedad narrativa construida desde la Sierra, para la Sierra, con criterios serranos.
No hace falta inventar nada. Basta leer a los propios cronistas españoles —Miguel de Estete, Pedro Pizarro, Francisco de Xerez— para entender que la historia real del Ecuador colonial no comenzó en la Sierra. Comenzó en Manabí.
La realidad que ningún acta puede borrar.
En 1531, tres años antes de que existiera cualquier documento firmado en la Sierra, la expedición de Francisco Pizarro desembarcó y se asentó en Coaque, en la costa norte de Manabí. Allí los españoles vivieron, se reorganizaron, enfermaron, sobrevivieron y extrajeron el oro y las esmeraldas que financiaron toda la invasión posterior hacia el interior del continente.
Sin ese período costeño, sin ese control del litoral manabita, la penetración hacia la Sierra habría sido logísticamente imposible. Manabí fue el campamento base, la caja de financiamiento y la retaguardia estratégica de todo lo que vino después. No es una opinión: es la secuencia documentada de los hechos.
La pregunta que la historia oficial nunca responde es esta: ¿cómo puede ser «primera» una fundación en la Sierra cuando los españoles ya llevaban tres años dominando el suelo costeño?
El engaño de agosto de 1534.
Las fundaciones serranas de agosto de 1534 no fueron actos de colonización planificada. Fueron maniobras legales de emergencia. Diego de Almagro fundó Santiago de Quito el 15 de agosto de 1534 en el valle de Liribamba —hoy cantón Colta, provincia de Chimborazo— apresuradamente para cerrarle el paso jurídico a Pedro de Alvarado, que venía desde Guatemala a reclamar el territorio. Semanas después, el 6 de diciembre de 1534, Sebastián de Benalcázar refundó la ciudad como San Francisco de Quito en su ubicación actual. No fundaron ciudades para habitarlas; fundaron derechos en papel para disputarlos en las cortes de España.
Eso no es historia: es litigación colonial disfrazada de fundación urbana. Y durante casi cinco siglos, la educación ecuatoriana ha tratado ese documento de conveniencia política como si fuera el acta de nacimiento de la nación.
Lo que Portoviejo representa.
Portoviejo fue fundada formalmente el 12 de marzo de 1535. Su acta es posterior a las de la Sierra en términos de fecha, pero su existencia real —como punto de control, como eje logístico, como primer territorio efectivamente ocupado— precede a todo lo que la Sierra puede reclamar.
La diferencia es esta: mientras la Sierra tiene un papel firmado bajo presión política, Manabí tiene tres años de presencia física, económica y militar comprobada en el terreno. Los papeles se firman en minutos. La historia se construye en años.
Manabí no necesita un acta para reclamar su lugar. Los hechos hablan solos.
El problema de los historiadores de escritorio.
Ecuador tiene un problema grave: una casta de historiadores y gestores culturales que confunden el archivo con la verdad. Que leen actas y no leen contexto. Que repiten la versión oficial porque cuestionar incomoda, porque implica revisar libros de texto, porque significa admitir que la narrativa nacional fue construida con sesgos geográficos y políticos muy concretos.
Este problema se agudizó cuando el aparato cultural se convirtió en aparato ideológico. La gestión cultural dejó de ser un ejercicio de investigación honesta para volverse un instrumento de propaganda identitaria, donde lo «oficial» se protege y lo que lo cuestiona se ignora o se descalifica.
La historia no se defiende con cargos institucionales. Se defiende con evidencia, con lógica y con la honestidad de leer los hechos tal como ocurrieron.
Conclusión
Manabí fue la matriz del Ecuador colonial. Fue el primer territorio pisado, controlado y explotado por los españoles. Fue la plataforma sin la cual ninguna conquista de la Sierra habría sido posible. Y Portoviejo, como su ciudad central, lleva en su historia ese peso fundacional que ningún acta firmada bajo presión política puede arrebatarle.
La historia del Ecuador necesita ser reescrita no desde los archivos de conveniencia, sino desde la lógica de los hechos.
Este planteamiento no contradice las fechas oficiales; cuestiona su interpretación como punto de inicio histórico.
Y los hechos son claros: todo comenzó en Manabí.
Por último, el presente artículo no niega fechas. Las contextualiza. No inventa hechos. Los ordena con honestidad. Esa es la diferencia entre historia y propaganda.
Referencias
Crónicas y fuentes primarias
- Estete, Miguel de (1535). Noticia del Perú. Relación de la expedición de Pizarro hacia el sur, donde documenta el desembarco y permanencia en la costa de Manabí desde 1531.
- Pizarro, Pedro (1571). Relación del descubrimiento y conquista de los reinos del Perú. Testimonio directo del proceso de invasión, incluyendo el período costeño previo a la entrada a la Sierra.
- Xerez, Francisco de (1534). Verdadera relación de la conquista del Perú. Crónica oficial de la expedición de Pizarro, publicada en Sevilla. Documenta los hechos desde el desembarco en Coaque.
Fuentes secundarias y estudios históricos
- Vargas, José María (1977). Historia del Ecuador, Siglo XVI. Quito: Pontificia Universidad Católica del Ecuador.
- Laviana Cuetos, María Luisa (1987). La descripción de Guayaquil por Francisco Requena, 1774. Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos.
- Hemming, John (1970). The Conquest of the Incas. Londres: Macmillan.
- Porras Barrenechea, Raúl (1959). Cartas del Perú (1524–1543). Lima: Sociedad de Bibliófilos Peruanos.
Sobre las fundaciones de 1534
- Jijón y Caamaño, Jacinto (1941). San Francisco de Quito. Quito.
- Moreno Yánez, Segundo (1988). Antropología ecuatoriana: pasado y presente. Quito: Editorial El Conejo.
Nota metodológica
Las crónicas de Estete, Pizarro y Xerez están disponibles en la Biblioteca de Autores Españoles (BAE), Madrid, y en ediciones digitalizadas de la Biblioteca Nacional de España y del Archivo General de Indias, Sevilla.
* Jorge Luis Bowen Loor, licenciado en Ciencias de la Información y máster en Comunicación Empresarial y Corporativa. Es ciudadano de la provincia de Manabí (Ecuador), pero hizo sus estudios universitarios en España, donde reside actualmente. Su ejercicio profesional inició en algunas radioemisoras manabitas, en Portoviejo y Manta.
