Relato histórico basado en crónicas antiguas y estudios historiográficos modernos, además de datos obtenidos en museos y en eventos temáticos realizados en los últimos años. Culmina con el anuncio de un próximo simposio a llevarse a cabo en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (ULEAM), en la ciudad de Manta, Ecuador.

Por Víctor Arias Aroca*

Mil años habría durado la civilización que ha generado la mayor polémica entre historiadores y arqueólogos. Se trata de la Cultura Manteña, que aparece en el periodo de integración, entre el año 500 AC y el año 1526, en que se verifica el primer contacto entre los navegantes costeños y las embarcaciones de Francisco Pizarro en las aguas de la mar del Sur.

Tanto Marshal Saville, el descubridor de esta cultura, como otros investigadores, coinciden en que se trata de una cultura organizada a lo largo del perfil costanero de Manabí.

Bartolomé Ruiz, citado por Joselias Sánchez, (Ciberalfaro. 2004) fue el primer español en desembarcar en estas tierras el 26 de septiembre de 1526. Dato confirmado, ya que Pizarro había iniciado la conquista del Perú escudriñando la costa al sur del Cabo Pasado. Ruiz era su timonel.

Siete años tardó el recio aventurero español en tomar el control del Tahuantinsuyo, hasta el 28 de agosto de 1533 que culmina con la muerte de Atahualpa en Cajamarca (Datos de Benjamín Carrión, en “Atahualpa”).

Se estima que en 1465, el abuelo de Atahualpa, Túpac Yupanqui, hijo de Pachacutic, y padre de Huayna Cápac, siendo príncipe del Tahuantinsuyo, estuvo en Manta.

El príncipe Túpac Yupanqui buscaba una ruta hacia las islas polinesias. Se cree que en Manta hizo construir doscientas balsas, en las cuales habría iniciado la hazaña que lo llevó a las islas Auachumbi y Ninachumbi (Polinesia, versión obtenida de los cronistas Pedro Sarmiento de Gamboa, Martín de Murúa y Miguel Cabello Balboa, que vivieron en Perú el siglo XVI, corroborada por Fernando Jurado) de donde regresó victorioso y fue recibido por su gente como un héroe épico al estilo de la Ilíada.

Recorte proporcionado a REVISTA DE MANABÍ por Víctor Arias Aroca, Nueva York.

Dos mil guerreros incas lo habrían acompañado. El lugar de zarpe, es indiscutible que fueron las costas del Ecuador.

Poco tiempo después de su colosal hazaña, Túpac  Yupanqui se convirtió en emperador en 1571. Hay un libro estupendo que hay que leer a fondo. Fue escrito por José Antonio del Busto y se llama “Túpac Yupanqui, conquistador de Oceanía”.

Revistas peruanas confirman el estupendo viaje que consistió en atravesar el Océano Pacifico, que todavía no se llamaba así, porque el estupendo conquistador que fue Vasco Núñez de Balboa, recién habría de bautizarlo con ese nombre en 1513, poco antes de que el inefable Pedro Arias Dávila ordenara que le corten la cabeza.

Algunos años después del intrépido viaje (ver expedición Kon Tiki), el hijo de Túpac Yupanqui, y ahora emperador Huayna Cápac, entró a la ensenada de Manta para ejercer la expansión del Imperio del Sol.

Cuando los primeros exploradores españoles fueron detectados en la playa (1526, primer viaje de Francisco Pizarro), los caciques de las tribus manteñas, como buenos anfitriones, les ofrecieron comida y tejidos. Hubo un intercambio diplomático, diríamos, de miradas curiosas y algunos adminículos.

Del encuentro, algunas millas afuera del mar de Manta, ha quedado el testimonio de Ruiz que era, además de timonel, escriba de la reina y del rey de España y los posteriores testimonios de otros cronistas como Pedro Cieza de León y Guamán Poma de Ayala, que conocieron -algún tiempo más tarde- de este primer contacto entre los nativos y los audaces conquistadores.

Para los tiempos en que Pizarro exploraba las costas de Ecuador y el actual Perú, alrededor de 1526 a 1532, Huayna Cápac ya había iniciado su viaje final hacia el Cusco, sin lograr su cometido, ya que murió en Tomebamba. Se cree que, poco antes de morir, Huayna Cápac había dispuesto la división del Tahuantinsuyo entre los príncipes Atahualpa y Huáscar, hermanos paternos entre sí e hijos del emperador.

Al llegar Pizarro, encontró en su favor la guerra desatada entre los hijos de Huayna Cápac. Algunos tratadistas creen que un poco antes de la toma de Atahualpa, el príncipe hizo ejecutar a su hermano Huáscar, sospechando que su hermano podría unirse a los españoles y provocar una guerra incontrolable.

Atahualpa fue objeto de una emboscada en Cajamarca, en octubre de 1532 y estuvo cautivo de Pizarro cerca de un año; pero el gran traidor y avezado colonizador que era Pizarro, lo hizo ejecutar el día 28 de agosto de 1533, a pesar que el príncipe Atahualpa entregó una habitación de oro y dos de plata, según el acuerdo al que llegaron los consejeros del emperador, que habían aprendido a traducir -en forma primaria- algunos vocablos del habla hispana en los largos meses que duró el cautiverio de Atahualpa.

Pero los navegantes Mantas eran ya famosos en la conquista del mar. La balsa manteña era una estupenda embarcación. Tenía, según se estima, una capacidad de 30 toneladas, en los 25 metros de eslora que alcanzó a tener. Su diseño desafiaba las aguas y resistía las tormentas, por eso pudo alcanzar las costas mexicanas y convirtió a los manteños en los primeros comerciantes del nuevo mundo.

Portada de libro proporcionada a REVISTA DE MANABÍ por Víctor Arias Aroca, Nueva York.

El diseño de ingeniería desafiaba los más desarrollados modelos de embarcaciones de la época. Solo los poderosos galeones españoles pudieron reemplazarla.

Pero, al decir de los historiadores ecuatorianos, la balsa manteña se mantuvo en vigencia mucho tiempo después de la conquista, y hasta muy entrado el siglo XX comerciantes tumbecinos llegaban al Ecuador, conforme la versión del doctor Benjamín Rosales Orejuela.

Los viajes de Thor Heyerdahl (ver Expedición Kon Tiki) en 1947 y Vital Alzar en 1972 y 1974 (la Balsa Pacífica) exitosos pero dramáticos, demostraron que llegar a Australia y Nueva Zelanda era posible por la ruta del Pacífico Sur y confirmaron que el viaje existió.

Los nativos del fin del mundo (es mi forma de llamar a Micronesia y Polinesia), durante siglos han hablado al pequeño dios visitante, que no era otro que Túpac Yupanqui, cuya visita fue narrada de generación en generación entre los habitantes de esa fría y poco conocida zona del planeta.

Queda clara la alianza estratégica entre el Inca y los manteños que prodigaron alivio al sueño de Túpac Yupanqui, de conquistar el océano.

Recién en 1513 Balboa descubre el Pacífico, como hemos dicho, pero el reino inca lo había poseído desde tiempos remotos y los navegantes que salieron desde Manta fueron los reyes indiscutibles del comercio marítimo de la mar del Sur.

Libertad Regalado es la más meticulosa de las investigadoras modernas. Ella trata de descifrar el acertijo y desmitificar el mito. Ella cree igual que Fernando Jurado, que el viaje existió y que el rey inca (Túpac Yupanqui) estuvo en la Isla Puná y luego en Salango. Eran tierras de los caciques manteños.

Para esta investigadora, la cosa es así: “La balsa Manteña, como la describe Holm (Olaf Holm), era una versión grande de las balsillas de los pescadores, con mayor número de troncos y más largos, estructura de cubierta, cabina, cocina, palos y velamen, gran capacidad de carga y tripulación de hombres con sus mujeres e hijos -eran buques de cabotaje- de tráfico comercial a lo largo de la costa, desde Perú hasta Mesoamérica. Eran sencillamente los buques de estos grandes navegantes. La histórica relación de Sámano (1985:170) de esta aldea, se hizo famosa, y fue escrita también por Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez, en base a la entrevista que hiciera en Panamá, allá por 1527, a Bartolomé Ruiz, quien capturó una de esas balsas y que coincide con otros relatos de la época, de Miguel Estete, de la descripción de Girolamo Benzoni, quien además aportó con dibujos”. Hasta aquí la cita de Libertad Regalado en su obra: “Indigenismo e Identidad en Manabí”.

En sus palabras, el cronista Pedro Sarmiento de Gamboa refiere el fantástico viaje del inca Túpac Yupanqui: “Andando Topa Inga Yupanqui conquistando la costa de Manta, isla Puná y Tumbez, aportaron allí unos mercaderes que habían venido por la mar desde el poniente en balsas, navegando a la vela. De los cuales se informó de la tierra desde donde venían, que eran unas islas, llamadas, una Auachumbri y otra NiñaChumbi, a donde había mucha gente y oro. Y como Topa Inga era de ánimos y pensamientos altos, y no se contentaba con lo que en tierra había conquistado, determinó tentar la feliz ventura que lo ayudaba por la mar y se determinó ir allá. Y para esto hizo numerosísimas balsas en que embarcó más de veinte mil soldados escogidos.

Y concluye la crónica: “Navegó Topa Inga y fue y descubrió las islas Auachumbi y NiñaChumbi, y volvió de allá de donde trajo gente negra, y mucho oro y una silla de latón y un pellejo y quijada de caballo.

También Jenny Estrada Ruiz, la aclamada historiadora guayaquileña, en su obra “Historia Marítima del Ecuador”, en la página 40, del tomo 2, recupera la descripción del navegante italiano Girolamo Benzoni, que llegó al Ecuador en 1547 y permaneció hasta 1550. Existe el famoso diseño de la balsa elaborado por este aventurero del siglo XVI, que consta en varios textos de investigadores ecuatorianos y extranjeros. Su libro se llama “Historia del Nuevo Mundo”.

Vladimir Zambrano ha elaborado una lista de algunos exploradores y arqueólogos que estudiaron la Cultura Manteña y la Huancavilca, como Max Uhle, Emilio Estrada, Francisco Huerta Rendón, Presley Norton, Collin Mc Ewan y María Isabel Silva.

Hace poco, estando en el acto del lanzamiento de un libro del extraordinario investigador que es Benjamín Rosales Orejuela, se comentó mucho entre el público el celo con que se ha manejado desde Guayaquil, incluso desde mediados del siglo XX, para darle preeminencia a la Cultura Huancavilca.

Privadamente, Rosales habría insinuado que la Cultura Manteña es una derivación de la Cultura Huancavilca. Trajano Andrade le replicó.

Son percepciones que deben ser aclaradas a la luz de la historia verdadera, y la luz verdadera señala que los indios mantas (me remito al poema Canto a Portoviejo, de Vicente Amador Flor) tenían una sociedad organizada en lo militar y lo comercial a través de la balsa y lo religioso a través de un ídolo de piedra preciosa que llamaron Dios Umiña.

La autoridad pública era ejercida por una especie de druida, un cacique, una forma de gobernador terrenal que estaba conectado a lo espiritual a través de la silla de piedra que revela el poder. Los señores superiores ejercían el mando desde la silla, glorioso instrumento construido por hábiles ingenieros que en largas jornadas hilvanaban sobre la piedra bruta de origen volcánico, un cetro de lujosa armadura que ha perdurado a través de los siglos glorificando su cultura (Ver un estudio sobre caciques y caciques de Manta, de Pedro Arturo Reino; y la obra de Luis Miguel Glave).

Dicen los entendidos que la silla manteña es única en el mundo. Junto a Vladimir Zambrano pudimos constatar que el Museo Smithsoniano guarda como un tesoro los vestigios de la Cultura Manteña, que son muchos.

Hay que seguir estudiando y defendiendo la verdad histórica. Pero lo cierto es que, desde el siglo pasado, la silla manteña forma parte de los museos más importantes del mundo.

Foto proporcionada a REVISTA DE MANABÍ por Víctor Arias Aroca, Nueva York.

Hemos podido constatar in situ, por delegación del Comité Cívico de la Memoria Histórica y de la Alcaldía de Manta, los días 9, 10 y 11 de marzo de 2026, en visita de investigación en el museo del Instituto Smithsoniano, en Washington, denominado Museo del Indio Americano, la enorme colección de vestigios de la colosal Cultura Manteña, entre los que se conservan en lugares especiales, un poco de las de 2.000 piezas, entre las que sobresale la silla, la estela y numerosas figuras de cerámica que constituyen la compilación del Smithsoniano.

Este acercamiento estratégico ha permitido conocer que esta poderosa institución tiene como política pública, lograr un proceso de ayuda mutua para repatriar estos bienes y capacitar a jóvenes y amantes de la investigación.

Se ampliará la muestra en el museo de NY y se entrará en un proceso de intercambio educativo pagado íntegramente por el instituto.

En cuanto al ámbito comercial, cuyo liderazgo ejerció sin discusión la sociedad manteña del pasado, el investigador ecuatoriano Jacinto Jijón y Caamaño elaboró la frase “Liga de Mercaderes”, para señalar a los indígenas de las culturas Manteña, Huancavilca y a los punaes que ejercieron el comercio marítimo, muy probablemente en forma coordinada, quienes llegaron hasta el golfo de California y además intercambiaron productos de consumo, tejidos y frutos con culturas de Perú y Chile.

Los actuales habitantes del Cantón Manta son herederos de una tradición comercial que se ha mantenido.

El año anterior, el 22 de septiembre de 2025, la gestión iniciada por David Ramírez Bravo ante el Museo de Historia Natural, en Nueva York, y que ha contado con la participación de los miembros del Comité Cívico de la Memoria Histórica (que preside Joselias Sánchez), como Vladimir Zambrano, Víctor Arias e Ivo Uquillas, gracias a la coordinación con el señor John Bonce tuvo feliz realización la inauguración del código QR, en magno evento que contó con la presencia de la alcaldesa de Manta, Marciana Valdivieso y el cónsul general de Ecuador en NY.

Ahora vendrá la firma de los acuerdos con el Instituto Smithsoniano y una serie de anuncios de divulgación y reconocimiento a nivel mundial de la Cultura Manteña y el extraordinario aporte histórico de nuestros antepasados.

Para el 26 de septiembre de 2026, cuando se cumplen los 500 años del encuentro de dos mundos entre el navegante Bartolomé Ruiz y los nativos de Manta; por inspiración de Vladimir Zambrano, en coordinación con la ULEAM, se está preparando un colosal simposio científico al más alto nivel internacional conmemorativo.

Esta nueva visión epistemológica de la civilización manteña empezó su ruta iluminada por buen sol y seguirá su ruta en buena mar y empujada por buen viento.

* Víctor Arias Aroca es abogado de profesión y destaca como escritor, poeta y orador. Nacido y formado en la ciudad de Manta, provincia de Manabí (Ecuador), actualmente alterna su residencia entre esta urbe y la ciudad de Nueva York (E.U.A.).