Versos escritos por un maestro sabio, para conmover la inconsciencia ciudadana respecto al valor sustantivo de la educación en el proceso formativo de niños y jóvenes hacia un comportamiento social satisfactorio; y para que el Estado aprecie el rol de los educadores como factor básico de la prosperidad y el bienestar colectivo.

EL MAESTRO QUE SOSTIENE EL DÍA

Autor: Joselías Sánchez Ramos, 2026-04-13

Historiador José Elías Sánchez Ramos, Manta - Ecuador. / FUENTE: Archivo RM

Hay un hombre —o una mujer—
que entra al aula como quien entra a un campo de batalla
sin escudo,
con apenas la tiza como espada blanca.
Nadie ve las noches que carga en los hombros,
ni el hambre de respeto que le muerde los días,
ni los nombres que guarda como semillas
aunque muchos lleguen convertidos en piedra.
Padre, madre:
¿cuándo fue que olvidaste
que ese rostro cansado también educa a tu hijo
cuando tú no estás?
Lo señalas, lo juzgas, lo hieres,
como si enseñar fuera un crimen
y no un acto de fe
en un país que a veces se desmorona en las manos.
Los estudiantes —todavía barro y relámpago—
aprenden primero el desprecio del mundo
antes que el valor del que les habla.
Y aun así…
él se queda.
Se queda cuando lo insultan,
cuando lo vigilan,
cuando le exigen milagros con los bolsillos vacíos.
Se queda,
como un faro obstinado
en una costa que ha olvidado mirar la luz.
Sigue allí
Donde el futuro está herido
Y sigue enseñando el aprendizaje.
Porque sabe —aunque nadie se lo diga—
que cada palabra sembrada
es una forma de salvar ese futuro.
Y tú, que lees esto,
tal vez llevas en la memoria
el eco de una voz que te enseñó a ser más que tú mismo.
Dime…
¿cuándo fue la última vez
que diste gracias
al héroe que no viste?
No importa.
Soy quien soy: Maestro.
Cada día es mi “Día del Maestro”.
(Joselías, 2026-04-13)