Ninguno de los dos podía creerlo. Habían pasado 18 años que les parecían una eternidad y, sin embargo, ninguno sabía nada del otro. Les parecía increíble que al fin iban a reencontrarse frente a frente, aunque no como ellos tal vez pensaron: en la casa materna, con la presencia de otros miembros de su familia y dando rienda suelta a las emociones que en estos casos llevan hasta las lágrimas y a unos abrazos tan fuertes y prolongados que solo la confianza y la intimidad permiten.

Resulta que un niño de meses fue raptado en el año 1999, de su hogar materno en la Parroquia Charapotó del Cantón Sucre. Desde el principio de este hecho la madre del niño supuso que el rapto fue obra nada menos que del padre del infante, que estaba separado de su pareja, o sea la progenitora del niño. Luego la señora fue atando los cabos sueltos hasta no quedarle dudas de quién se había llevado a su hijo.

Pero antes del rapto, el menor ya había sido bautizado e inscrito en el Registro Civil con el nombre de Miguel. Y con esta identidad se puso la denuncia en la Policía Nacional acerca de la desaparición del niño.

La búsqueda inició sin obtener resultados positivos. En el año 2000 el niño habría sido inscrito nuevamente por la persona que lo había raptado. Es decir, el ahora joven de 19 años de edad tiene dos identidades: Miguel N. y Miguel Ch.

En mayo del 2017 la madre acudió a la Policía Nacional para obtener nuevos resultados de la búsqueda de su hijo. A través de la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestro (Dinased) se establecieron todos los protocolos para lograr ubicar al joven, lo que finalmente se logró en la ciudad de Portoviejo y las autoridades policiales tuvieron el cuidado de hacer que el reencuentro entre madre e hijo sea lo más enternecedor posible.

Y así fue como el día lunes 14 de agosto, en el Comando de la Policía Nacional de la subzona Manabí, en Portoviejo, se produjo ese reencuentro tan esperado de parte y parte, que no se veían desde hacía 18 años y tampoco tenían la menor idea de cómo se vería en la actualidad la una y el otro. Fue un acto ciertamente emocionante, tierno y memorable. Abrazos inmensos, besos, lágrimas de desahogo y consuelo, palabras amorosas y la esperanza de reverdecer la unión filial truncada abruptamente en un momento de irreflexión paterna.

Conmovido por la escena, el comandante policial, general Freddy Ramos, dijo con júbilo: “La Policía Nacional ha venido realizando las investigaciones con la Fiscalía y esta es una de las labores que nos complace dar a conocer”.

Reconoció que este encuentro fue posible fundamentalmente por la persistencia de la madre y el profesionalismo con que actuaron los agentes de la Dinased.

FUENTE: Ministerio del Interior, Redacción en Manabí, mediante boletín informativo y fotos.- MANTA, 15 de agosto de 2017.