El artículo de opinión que sigue, hace observaciones puntuales a la voluntariosa iniciativa cultural de que se reconozca una supuesta fecha en la que el Reino de España habría fundado la ciudad de Manta (Ecuador), lo que ninguna entidad estatal ecuatoriana ha reconocido hasta la presente fecha.

Periodista Jorge Luis Bowen Loor.

LIC. MG. JORGE LUIS BOWEN LOOR*

jorgebowen@hotmail.es

El reciente discurso difundido en un programa radial local, en el que se intenta justificar la fijación de una fecha de fundación para Manta, revela un problema de fondo: la confusión deliberada entre historia, identidad cultural y decisión administrativa. Bajo el argumento de “darle identidad a la ciudad”, se propone elevar mediante ordenanza municipal una fecha —1565— que carece de sustento documental primario y que, incluso, ha sido desautorizada por las propias instituciones del Estado.

El eje del planteamiento se apoya en referencias secundarias: libros de autores locales, registros administrativos del año 2000 y documentos patrimoniales que el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural ha aclarado expresamente que no constituyen un pronunciamiento oficial sobre fundación alguna. Dicho instituto reconoce que esas menciones históricas fueron solo considerandos introductorios, basados en fuentes disponibles en su momento, y que contienen errores evidentes. Pretender convertir esos textos en prueba histórica es metodológicamente incorrecto y jurídicamente improcedente.

Más grave aún es la admisión de inconsistencias cronológicas. Se atribuyen actos fundacionales a autoridades que no ejercían funciones en la fecha indicada, lo cual invalida cualquier intento de rigor histórico. Los documentos exhibidos de archivos de Lima o de Indias corresponden a órdenes de traslado, referencias administrativas o crónicas coloniales, pero en ningún caso contienen un acta de fundación, una cédula real ni una fórmula jurídica de creación de ciudad. La ausencia de estos elementos no es un detalle menor: es la diferencia entre historia documentada y conjetura.

El argumento comparativo con otras ciudades como Quito, Guayaquil o Cuenca resulta igualmente falaz. Estas ciudades sí cuentan con actos fundacionales documentados, aun cuando hayan sufrido traslados o refundaciones. Manta, en cambio, carece de un acto fundacional colonial probado. Equiparar ambos casos es un error histórico que busca normalizar el vacío documental.

Tampoco es cierto que una “marca ciudad” requiera, por ley, una fecha de fundación. No existe norma alguna en el ordenamiento jurídico ecuatoriano que condicione estrategias de identidad territorial o promoción turística a la invención de un hecho histórico. Introducir este argumento solo evidencia la instrumentalización de la historia con fines administrativos y políticos.

Finalmente, el intento de legitimar una fecha mediante firmas ciudadanas y una ordenanza municipal desconoce un principio básico: la historia no se vota ni se decreta. Las ordenanzas regulan competencias y gestión local, pero no crean hechos ocurridos en el pasado. Sin evidencia primaria, cualquier fecha impuesta será legal en forma, pero ilegítima en contenido.

Manta posee una riqueza cultural milenaria incuestionable. Reconocerla exige rigor, no atajos. Inventar una fundación colonial para llenar un vacío simbólico no fortalece la identidad de la ciudad; por el contrario, la debilita al construirla sobre una ficción histórica. La verdadera dignidad histórica reside en decir la verdad, aunque esta incomode.

* Jorge Luis Bowen Loor, licenciado en Ciencias de la Información y máster en Comunicación Empresarial y Corporativa. Es ciudadano de la provincia de Manabí (Ecuador), pero hizo sus estudios universitarios en España, donde reside actualmente. Su ejercicio profesional inició en algunas radioemisoras manabitas, en Portoviejo y Manta.