La solución de los diversos problemas ecuatorianos es tarea de todos, actuando cada uno con su “granito de arena” que puede ser una idea, un propósito personal o un recurso material.
Como el Ecuador es un Estado soberano, que se administra de forma independiente según su Constitución y sus leyes, quienes lo habitamos tenemos el deber de vivir sujetos a ese ordenamiento jurídico.
Si alguien actúa contrariamente o si algo funciona inobservando ese orden establecido, debemos hacerlo notar y reclamar la rectificación que corresponda.
Debido a su alta investidura, sustentada en la confianza del público, las autoridades de todo rango y nivel están obligadas a dar ejemplo de honradez, responsabilidad, buenos modales, trabajo esmerado, respeto y patriotismo. A ellas corresponde ser el modelo ideal de cómo han de actuar los demás ciudadanos.
¡Y a propósito! Quienes ostentan autoridad pública deben tener claro que su mandato es para servir a la ciudadanía y no para “mandarla” imponiéndole reglas arbitrarias y abusivas; y menos para obligarla que acepte dócilmente disposiciones ejecutivas destinadas a favorecer solo a unos, marginando a los demás.
Gobernar es el arte de comunicar, persuadir y consensuar a fin de que todos se sientan representados y nadie tenga motivos de oposición beligerante.
(Día tras día continúe ojeando REVISTA DE MANABÍ, para que no se pierda ninguna de las ideas que serán expuestas, tanto por nuestra Redacción cuanto por pensadores y pensadoras con predisposición para sumarse a esta campaña comunicacional de civismo.)
