La historia no se decreta, no se celebra por consenso ni se acomoda al calendario. La historia se demuestra. Y cuando no hay pruebas, lo honesto no es inventar, sino decirlo con claridad.” (J.L.B.L.)

Periodista Jorge Luis Bowen Loor.

JORGE LUIS BOWEN LOOR*

jorgebowen@hotmail.es

Se está difundiendo que Manta fue fundada el 14 de mayo de 1565. La afirmación se repite en redes sociales, medios de comunicación (prensa, radio y televisión), campañas culturales y discursos institucionales, como si la reiteración bastara para convertir una fecha en hecho histórico. No basta. En historia —y más aún en historia indiana— las fechas no se declaran; se prueban.

La fundación de una ciudad en el período colonial español no fue un acto simbólico ni una evocación poética. Fue un acto jurídico-administrativo, sujeto a normas precisas del derecho indiano. Toda fundación debía quedar registrada en un documento: un acta de fundación, un auto de población, una cédula real, una traza urbana con reparto de solares o, al menos, el nombramiento de un cabildo. Sin documento, no hay fundación. Así de simple.

Aquí surge el problema central: no existe, hasta hoy, ningún documento indiano auténtico fechado el 14 de mayo de 1565 que pueda ser sometido a un estudio diplomático serio. No hay pieza archivística que permita verificar autoridad emisora, contexto administrativo, fecha cierta, ni acto jurídico fundacional. No hubo ese día un acontecimiento colonial que justifique hablar de fundación. El vacío documental es absoluto.

Frente a esa ausencia, el Gobierno Autónomo Descentralizado de Manta y su departamento jurídico no tienen competencia alguna para validar una fecha histórica. Ninguna ordenanza, resolución o informe legal puede crear un hecho del siglo XVI que no dejó rastro en los archivos. El derecho administrativo contemporáneo no suple la inexistencia de un acto jurídico colonial. Pretender lo contrario es confundir gestión pública con producción de historia.

Más preocupante aún es el rol de ciertos gestores culturales que, amparados en la buena fe o en intereses conmemorativos, asumen la tarea de fijar fechas, reescribir procesos y condicionar la memoria colectiva. La gestión cultural no reemplaza al método histórico. No es función de ningún gestor alterar el pasado, ni mucho menos someter a una ciudad a una narrativa fabricada para satisfacer agendas personales, turísticas o políticas.

Manta posee una historia profunda y legítima, anterior a la conquista española. Fue un asentamiento prehispánico relevante, con continuidad humana y valor estratégico. Reconocer esa realidad exige ética y honestidad intelectual, no la invención de una fundación colonial que nunca ocurrió. La identidad no se fortalece con ficciones oficiales, sino con la verdad, aunque sea incómoda.

La pregunta que nadie responde sigue siendo la misma: ¿qué documento indiano original, fechado el 14 de mayo de 1565, puede hoy ser analizado diplomáticamente para certificar una fundación? Mientras la respuesta sea ninguno, insistir en esa fecha no es un acto de memoria, sino de imposición y corrupción.

La historia no se decreta, no se celebra por consenso ni se acomoda al calendario. La historia se demuestra. Y cuando no hay pruebas, lo honesto no es inventar, sino decirlo con claridad.

Manta hay que respetarla y merece verdad histórica, no una fecha construida a fuerza de repetición.

* Jorge Luis Bowen Loor, licenciado en Ciencias de la Información y máster en Comunicación Empresarial y Corporativa. Es ciudadano de la provincia de Manabí (Ecuador), pero hizo sus estudios universitarios en España, donde reside actualmente. Su ejercicio profesional inició en algunas radioemisoras manabitas, en Portoviejo y Manta.