El jardín de la vida humana es tan variado y florido como uno vegetal, con diferentes entidades compartiendo el mismo espacio pero cada una soñando y actuando a su manera, abriéndose paso entre las demás para conseguir sus propios objetivos y alcanzar la realización individual idealizada. Esta diversidad es el prodigio de la vida y la animación de la convivencia social, sin la que vivir sería anodino y aburridísimo.

Viene esto a cuento porque vamos a presentarles la historia de dos jóvenes mujeres que se diferencian de sus congéneres por haber nacido de un mismo parto, lo que no es común y comporta para ellas unos rasgos de identidad igualitaria que confunde a sus vecinos.

Stefanía y Jisenia Espinoza Tovar son dos jóvenes gemelas que trabajaban en una oficina ejerciendo su profesión de contadoras públicas. Sin embargo, sentían que querían hacer algo distinto para poder ayudar a los demás y pensaron que eso lo lograrían siendo parte de la Policía Nacional.

Aplicaron, salieron favorecidas, ingresaron a la Escuela de Formación Atahualpa de Santa Elena. Ahí estuvieron 9 meses, luego fueron trasladadas a la de Portoviejo donde se graduaron como policías en mayo de 2016. Actualmente cursan el tercer semestre de la carrera Técnico en Seguridad Ciudadana y Orden Público, que culminará en octubre.

“Lo que a nosotros nos enseñan es precisamente lo que necesitamos para ejercer la profesión. Dejamos a un lado el título de ser ingenieras para ponernos el uniforme de policías”, evocó Stefanía.

Las uniformadas nacieron en el Cantón Milagro de la provincia del Guayas y estudiaron en igual escuela, colegio y universidad. Jisenia contó que en la casa familiar la mamá siempre las ha confundido, llamando a una con los nombres de la otra. Y los compañeros y profesores en colegio y universidad tampoco pudieron diferenciarlas.

Su experiencia profesional tras el terremoto

Es común observarlas juntas trabajando en el mercado central de Portoviejo, donde cuentan con el aprecio de quienes las conocen. Son recíprocas y agradecen el cariño que les tienen. Ellas coinciden al afirmar que la experiencia que nunca olvidarán es haber ayudado a mucha gente luego del terremoto del 16 de abril del 2016.

“Para las personas, un policía también es un amigo. Los niños nos buscaban y debíamos estar pendientes de ellos. Esta experiencia fue muy buena para crecer como profesionales y seres humanos”, razonó Stefanía.

Jisenia trabajó en el albergue de Bahía de Caráquez y mantuvo un contacto cercano con madres solteras y niños. “Entablábamos conversaciones porque ellos no solo necesitaban de seguridad sino de alguien que los escuche y les dé un consejo”, recordó entusiasmada. Salir de ese servicio resultó doloroso para ella, ya que se había encariñado con las personas albergadas.

Luego de la tragedia, estas gemelas, en el momento en que salían a laborar en Portoviejo y veían a personas tristes porque no habían comido, de su dinero compraban alimentos y les brindaban.

Piensan y sienten similar

Las jóvenes tienen 24 años y su primer nombre es Amarilis, como su mamá. Stefanía es madre de un niño de ocho años de edad. Al principio se le hizo difícil ser un miembro policial, porque estaba lejos de su hijo; ahora siente satisfacción porque él está orgulloso de que su mamá sea policía.

Stefanía se considera más dócil que su hermana, quien siempre la ha protegido toda la vida. “Tener una hermana gemela es una experiencia increíble, es como que tengas a otro tú. Yo la conozco tan bien que sé cómo piensa y cómo va a reaccionar”, resaltó.

No es solo común verlas cerca mientas trabajan sino en su tiempo libre, ya que les fascina leer, cantar e ir al cine.

Siempre les preguntan si piensan o sienten lo mismo y ellas responden que es verdad, pero es una cuestión que solo los gemelos entienden.

Están contentas porque han visto un cambio radical en la institución policial. “Tenemos las mismas oportunidades y responsabilidades. La institución nos cuida, porque somos mujeres, pero también confía en que estamos preparadas; por eso estamos dispuestas a ir donde nos envíen. Mientras uno hace bien su trabajo y es reconocido por la ciudadanía, uno se siente feliz porque sabe que está haciendo algo bueno”, valoró Jisenia.

Las dos gemelas uniformadas están enfocadas en terminar su carrera académica y luego de eso verán qué oportunidades se les presentan, aunque les gusta mucho el trabajo que realiza la Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapen) y las unidades de inteligencia. Aspiran a que algún día puedan llegar a ser suboficiales mayores, máximo grado que obtiene el personal de tropa.

FUENTE: Ministerio del Interior, Redacción en Manabí, mediante boletín informativo, fotos y vídeo.- MANTA, 25 de marzo de 2017.