Algunas experiencias de quienes trabajan haciendo entregas (delivery) a domicilio

Un trabajador delivery (der.) toma el pedido que llevará al consumidor final. / Rappi Ecuador / Atrevia

La enfermedad viral conocida como COVID-19, convertida en pandemia por su rápida propagación mundial, obligó a semiparalizar la economía de los países y a encontrar nuevas formas de trabajar para mantener activos los negocios que han logrado sobreponerse a la adversidad.

En Ecuador, según cifras de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (Enemdu) 2021, publicada en marzo por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la pandemia hizo que Quito sea la ciudad con mayor índice de desempleo, con el 13,5 % (125.416 personas); seguida por Guayaquil, con el 3,8 % (46.741); Cuenca, con el 8,2 %; Machala, con el 10 %; y, Ambato, con el 6,4 %.

Además, se pone en evidencia que hay más mujeres desempleadas que hombres: la tasa se ubicó en 7,2 % frente al 4,8 % de los hombres.

Una tabla de salvación ha sido, y lo es cada vez más, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) basadas en la electrónica y la informática, predominantes en Internet. Esto ha permitido que la población mundial se mantenga comunicada al instante y pueda continuar sus diferentes actividades productivas, comerciales y de servicios, al igual que las de convivencia comunitaria.

En este nuevo marco laboral, espoleado por la necesidad de mantener a flote la economía con toda su carga de supervivencia social, el surgimiento de las aplicaciones (app) telemáticas para que los productores ofrezcan y los consumidores pidan -sin necesidad de verse las caras, ni siquiera de hallarse en un mismo lugar-, está dando nueva vida a los negocios de todo tipo, particularmente a los de alimentación, vestuario y medicinas.

Así que, si bien la pandemia de la COVID-19 golpeó las economías del mundo y provocó cierre de empresas y despidos masivos de trabajadores, también abrió las puertas a otro tipo de dinámica social y empresarial, inclusive de nuevos emprendimientos.

Numerosos migrantes venezolanos han encontrado su tabla de salvación económica en el servicio de delivery. / Rappi Ecuador / Atrevia

Las app montadas en plataformas electrónicas alojadas en Internet y que son hoy la base para que la gente ofrezca y pida productos que luego se reparten y entregan (delivery) en el domicilio de quien hizo el pedido, están en un auge promisorio y dan pie para que las empresas continúen produciendo y sirviendo, manteniendo así el empleo de sus respectivos trabajadores.

La app Rappi es un ejemplo de ello. Cuando llegó al Ecuador (2019) inició sus operaciones con 350 rappitenderos. Su crecimiento ha sido exponencial: hacia marzo del 2020 contaba con 1.500, para mediados del mismo año alcanzó 2.500, y para 2021 son más de 3.500, entre los que trabajan en las ciudades de Quito, Guayaquil, Cuenca y Salinas.

La mayoría de esos repartidores lograron incrementar hasta en un 150 % sus ganancias durante la pandemia y tener ingresos adicionales en su día a día.

Los que trabajan haciendo delivery

Los repartidores prestan servicios como trabajadores independientes en cuanto a la disposición de su tiempo, el modo de desplazarse y el lugar donde prefieren trabajar. En ese sentido, las plataformas son una alternativa concreta y efectiva para generar oportunidades de ingreso a las personas que se dedican al servicio de delivery, con barreras mínimas de entrada y de salida, acomodándose a las preferencias y circunstancias particulares de manera sumamente práctica y eficiente.

Cada repartidor vive una experiencia distinta. En Rappi hay perfiles muy diferenciados como, por ejemplo, mujeres que son cabeza de hogar, jóvenes universitarios, profesionales, jubilados, extranjeros; es decir, un universo de personas que buscan ese ingreso extra, distribuir su tiempo y conectarse cuando lo necesitan.

Sus experiencias

Este es el caso de Anna Sgaraglino (32 años), quien lleva 1 año y medio siendo rappitendera, conectándose a la aplicación por las tardes, ya que por la mañana se dedica exclusivamente al cuidado de su niña de 5 años. Ella es madre soltera y cabeza de hogar, ha probado en otro tipo de actividades laborales como, por ejemplo, vendedora, pero la falta de flexibilidad en horarios le ha llevado a renunciar. Por ello, mira el delivery como una opción de generar ingresos económicos y tener tiempo de calidad para compartir con su hija.

“Meses atrás sufrí un accidente durante mi jornada como repartidora. Un vehículo chocó mi moto y (el conductor) huyó. A pesar del mal momento que viví, pude acceder a un seguro de accidentes exclusivo para rappitenderos, el cual cubrió todos los gastos para reparar mi moto y cubrir mis gastos médicos. Estoy agradecida con Rappi porque si no fuera por esta aplicación no pudiera cuidar como se debe a mi hija y ella siempre será mi prioridad”, confidenció Anna.

También tenemos la historia de Marco Rodríguez (37 años), venezolano y residente en Quito desde hace 5 años. Rappi se convirtió en su principal fuente económica desde septiembre del año pasado. Comenzó utilizando su bicicleta durante los primeros siete meses hasta que pudo ahorrar y comprarse su propia moto.

Este joven es la cabeza de su hogar, vive con su hijo pequeño y su padre. Antes de ser rappitiendero mantenía trabajos por un cierto tiempo en modalidad free lance; sin embargo, el salario que recibía era mensual y no le era suficiente para cubrir sus deudas y obligaciones económicas.

“Decidí apostar por el delivery porque me daba la opción de dividir mi tiempo en varias actividades; además que me ayudó a cubrir todas mis deudas a tiempo, ya que el pago es semanal”.

Marco Rodríguez

Existen muchas más historias, como las de Ana y Marco, quienes apostaron por el delivery como una forma dinámica de ingresos económicos a sus hogares en una época difícil, de pandemia nunca antes vivida, que les permitió seguir activos y productivos en el país.

FUENTE: Comunicado y fotos de Rappi Ecuador (Guayaquil), remitidos a REVISTA DE MANABÍ mediante la agencia de comunicaciones Atrevia, con firma de Josselyn Orquera.