El periodista manabita David Ramírez Bravo, y su hija Jamilé, se han autoimpuesto el gran desafío de participar y llegar a la meta en cada uno de los maratones atléticos más famosos del mundo, realizados durante los años recientes. Ya van por seis y lo han conseguido, porque así se demuestran a sí mismos que “pueden lograr cualquier cosa en la vida”.
Veamos el relato de David, tras un mes de haber participado en el maratón de Londres, Reino Unido (Europa):
Por David Ramírez / @davidramirezPO
Ha transcurrido un mes desde que Jamilé y yo corrimos el Maratón de Londres, y todavía tengo la sensación de seguir viviendo esos momentos de intensidad extrema alentados en la ruta por el fervoroso público inglés.
Tras los meses de entrenamiento, el día había llegado y cruzar la meta se tornó en una espera interminable que con el paso de los días -y ya devueltos a la Gran Manzana- vemos en perspectiva que: ¡Lo logramos!

Fue nuestro sexto maratón. Cada uno tiene su propia y enriquecedora historia que nos ha ido fortaleciendo como deportistas y más como personas, porque han sido experiencias que nos han permitido ratificar nuestras convicciones: el valor de la familia, reconocer quiénes son tus genuinos amigos, y a ver el mundo con la visión de que todo es posible si uno se lo propone. O, como dijera en su momento Eliud Kipchoge, uno de los más grandes maratonistas de todos los tiempos: ‘Cuando terminas una maratón puedes lograr cualquier cosa en la vida‘ (sic).
Desde el día en que nos fijamos hacerlo, en nuestras mentes no existía otro objetivo que cumplir ese sueño; y el Maratón de Londres era eso en esencia.

El Maratón de Londres forma parte del Abbott World Marathon Majors junto con los maratones de Tokio, Boston, Berlín, Nueva York y Chicago. El Maratón de Berlín y el de Londres son los dos únicos del circuito que se celebra en Europa.
No fue sino hasta que llegamos al punto de partida, en Blackheath, en el sureste de la ciudad, que tuvimos la sensación de habernos embarcado en una montaña rusa de curvas, subidas y bajadas, sintiendo la adrenalina propia que te genera estar en medio de más de 50.000 corredores en una de las urbes más emblemáticas.
La mañana estaba ventosa y fría. El cielo londinense lucía encapotado. Y aunque esperábamos un mejor clima para la jornada, en Nueva York habíamos entrenado durante todo el invierno y estábamos preparados para esas condiciones.

Así fue como dejamos nuestra huella en Londres, devorando cada uno de los 42 kilómetros a través de los suburbios de Charlton, Woolwich, Greenwich y Deptford. Bordeando siempre el Río Támesis, continuamos por los barrios de Surrey Quay, Shadwel, el inmenso parque Westcombe, para alcanzar luego la zona de Cutty Sark, donde pudimos disfrutar de los icónicos lugares de la capital del Reino Unido, como las torres Hamlets, el Big Ben, la abadía de Westminster, el edificio del Parlamento. Ya en los tramos finales, el paso subterráneo de Blackfriars y Canary Wharf, que es el distrito financiero en el corazón de Londres, hasta arribar al parque de San Jaime, en cuyo frente se levanta el palacio de Buckingham; y una vez allí, sobre la izquierda, engalanada de banderas británicas, la avenida que da a la línea de meta, donde nos impusieron las medallas de la gloria.
En los maratones anteriores la estrategia fue empezar y terminar juntos. Si uno de los dos flaqueaba, nos dábamos ánimo con el compromiso de seguir hasta el final. En Londres no fue así; a la altura del kilómetro 29 nos separamos, no pude mantener el impulso de mi hija y no creí justo que ella redujera su ritmo por mí. Le dije que continuara sola y buscara su propio tiempo; nos despedimos con un abrazo y la promesa de reencontrarnos al final y ocurrió tal cual. Para sorpresa, el resultado fue fantástico, ambos rompimos nuestro récord personal, logrando el mejor tiempo de entre todas las maratones anteriores.
* David Ramírez Bravo es periodista de la provincia de Manabí (Ecuador), formado en la ciudad de Manta. Desde hace más de 30 años reside en la ciudad de Nueva York (E.U.A.), desde donde colabora con informaciones y opiniones que pueden interesar a quienes leen REVISTA DE MANABÍ.
