El siguiente análisis hace notar los defectos que caracterizan la idiosincrasia de la población manabita (Ecuador) y plantea ciertos desafíos para rectificarlos, con el afán de robustecer la prosperidad material y el desarrollo comunitario de la provincia.
Por David Ramírez* / Sígueme en X: @DavidRamirezPO

Para empezar, no se podría evaluar lo acontecido en la última década en el escenario social y político de Manabí, si antes no citamos que en esta línea de tiempo se dieron dos hechos que gravitaron decisivamente en su desarrollo: el terremoto del 16 de abril del año 2016 y la pandemia del COVID-19 que surgió a inicios del año 2020 y se extendió hasta mediados del 2023. Ambos hitos, lejos de ser solo tragedias naturales o sanitarias, actuaron como catalizadores que desnudaron la fragilidad institucional de la provincia.
Si estos eventos -que debieron poner a prueba la solidaridad humana y la capacidad de respuesta ante contingencias de esta naturaleza- más bien revelaron niveles de corrupción sin precedentes de los actores públicos a nivel nacional y entre los manabitas, debemos deducir que el grado de degradación moral había tocado fondo. Lo que vimos en los años subsiguientes y hasta la fecha no es sino su confirmación.
Hoy en día, Manabí y el país atraviesan una espiral de erosión ética que debe animarnos a una profunda reflexión, en razón de que aquella es promovida en connivencia con los actores políticos, precisamente aquellos que se supone deben liderar la decencia y fijar el rumbo de la sociedad en su conjunto.
Problema moral y político
La corrupción no es un fenómeno nuevo. Ya desde la antigua Grecia se concluyó que no es solo un asunto legal o económico, sino un problema moral y político; es decir, propio de la naturaleza humana, que destruye la sociedad desde sus cimientos.
Pues este es el panorama de decadencia que desgraciadamente Manabí experimenta. Los líderes que entendían que su misión era trabajar por el bien común, están en vías de extinción y, más bien, pululan aquellos asociados con actividades al margen de la ley.
Es evidente que la provincia sufre una crisis de liderazgo. Los proyectos: Puerto Internacional de Transferencia, la Vía Interoceánica Manta-Manaos, y la Refinería del Pacífico, que se concibieron para promover el crecimiento y darle a Manabí soberanía económica, no fallaron por falta de recursos sino por falta de visión de Estado. Sumado a ello, los intereses regionales, el canibalismo y la corrupción política en boga, contribuyeron a socavar el despegue provincial.
La trágica pérdida de vidas en el ámbito político de Manabí, derivada de contubernios y alianzas con la ilegalidad, es la prueba fehaciente de que el poder mal habido es efímero y termina por devorar a quienes traicionan el bienestar común.
Reimaginar la provincia
Hace falta, entonces, reimaginar el futuro de Manabí desde una perspectiva responsable. Recuperar talentos y el espíritu cívico; erradicar la adulación por parte de quienes, siendo brillantes intelectualmente, se convierten en comensales de la autoridad de turno.
Y qué decir de la justicia. La cooptación del sistema judicial por intereses fácticos ha institucionalizado la impunidad, convirtiendo a los tribunales en el último eslabón de la decadencia moral.
La educación fue y debe seguir siendo la luz que guíe y libere a Manabí del ostracismo, pero ese debe ser un compromiso compartido, entre los estamentos que la imparten y cada individuo.
Es elemental volver a las raíces: el respeto a los padres y maestros, recuperar el principio de autoridad; y, en esta propuesta, el periodismo debe reasumir su rol orientador, como herramienta de educación en la formación de una corriente de pensamiento crítico que sirva como verdadera arma contra el populismo.
La desbordada inseguridad que vive la provincia no es sino el resultado del quiebre de los valores básicos que sustentan la colectividad; y solo a través de una reingeniería cívica, que considere a la educación como el faro y a la decencia el requisito mínimo para el ejercicio público, podrá Manabí transitar de esta noche oscura hacia el amanecer de prosperidad que su historia y su gente merecen.
Nueva York, enero 5 de 2026

* David Ramírez Bravo es periodista manabita radicado en los Estados Unidos, donde ejerce el periodismo por más de tres décadas. Actualmente es productor digital en Spectrum News, cadena de televisión de cobertura nacional. Como actor cívico, promueve internacionalmente la silla manteña como la ‘marca ciudad’ de Manta, y el sombrero de paja toquilla como símbolo de la identidad ecuatoriana.
