“Ninguna administración municipal, ningún alcalde ni ningún proyecto —por ambicioso que se autoproclame— está por encima de la historia. El nombre de la ciudad no se fragmenta, no se comercializa y no se somete al marketing político. Se respeta.”

JORGE LUIS BOWEN LOOR*
El nombre histórico y oficial de la ciudad no deja lugar a dudas: VILLANUEVA DE SAN GREGORIO DE PORTOVIEJO. Así consta en documentos coloniales, registros fundacionales y en la tradición jurídica e histórica que da identidad a la capital manabita. No es una fórmula decorativa ni un agregado retórico: es el nombre completo que sintetiza origen, advocación religiosa y territorio.
Sin embargo, durante la administración municipal de Agustín Casanova Cedeño, ese nombre fue fragmentado, recortado y finalmente despojado de su sentido histórico; no por ignorancia, sino por conveniencia política y comercial.
El proceso fue simple y calculado: extraer el término “Villanueva”, aislarlo de su contexto histórico y convertirlo en una marca municipal. Así nació “Villanueva”, no como referencia histórica legítima, sino como producto, como rótulo vendible del que se proclamó “el proyecto más ambicioso de la corporación municipal”.
La maniobra no fue inocente. Al reducir Villanueva de San Gregorio de Portoviejo a un simple “Villanueva”, se borró deliberadamente la advocación de San Gregorio, la referencia territorial de Portoviejo y el carácter histórico del nombre como unidad indivisible. Se trató de una mutilación simbólica: se conservó lo que era comercialmente atractivo y se descartó lo que exigía rigor histórico, respeto documental y coherencia identitaria.

Este acto no contó con sustento jurídico ni histórico. Un alcalde no tiene competencia para redefinir, reinterpretar o fragmentar el nombre oficial de una ciudad, y menos aún para usarlo como estrategia de marketing urbano. El nombre de una ciudad no es una franquicia, ni una campaña publicitaria, ni un eslogan de gestión.
Durante su mandato, Agustín Casanova impulsó la marca ciudad “Portoviejo nace de ti”, una consigna ampliamente difundida en documentos oficiales, publicidad institucional y actos públicos. No obstante, críticos de su gestión señalaron que el uso reiterado y simplificado de “Portoviejo”, sin referencia alguna a su denominación histórica completa, omitía deliberadamente el título de Villa Nueva de San Gregorio. Para diversos sectores ciudadanos y académicos, esta práctica constituyó una pérdida de identidad y una forma de “mutilación” simbólica del nombre oficial, al privilegiar la construcción de una marca política por encima del respeto a la memoria histórica.
Lo más grave es que esta reducción fue presentada como innovación, cuando en realidad fue una operación de vaciamiento histórico. Se invocó el pasado solo en la medida en que servía para construir un relato político contemporáneo, ignorando que la historia no se adapta a proyectos personales ni a planes de marketing institucional.
“Villanueva”, así usada, dejó de ser historia para convertirse en marca, y la ciudad fue tratada como producto. El resultado fue una narrativa artificial que confundió identidad con propaganda y memoria con conveniencia.
Por todo ello, el nombre VILLANUEVA DE SAN GREGORIO DE PORTOVIEJO no es negociable, no es abreviable ni reinterpretado según intereses coyunturales. Es un nombre histórico y oficial, sustentado en documentos, tradición y derecho, y como tal debe ser respetado por autoridades, instituciones y ciudadanía.
Ninguna administración municipal, ningún alcalde ni ningún proyecto —por ambicioso que se autoproclame— está por encima de la historia. El nombre de la ciudad no se fragmenta, no se comercializa y no se somete al marketing político. Se respeta.
Porque respetar el nombre es respetar la memoria, la identidad y la dignidad histórica de Portoviejo.
* Jorge Luis Bowen Loor, licenciado en Ciencias de la Información y máster en Comunicación Empresarial y Corporativa. Es ciudadano de la provincia de Manabí (Ecuador), pero hizo sus estudios universitarios en España, donde reside actualmente. Su ejercicio profesional inició en algunas radioemisoras manabitas, en Portoviejo y Manta.
