Breviario sobre la verdadera condición de los piratas de mar, sus patrocinadores, su misión y el destino de las riquezas que obtenían fruto de sus perversas y temerarias “hazañas”.

Por Tonny González Palacios*

La investigación social e histórica ha podido establecer (contrario a las versiones de películas o historietas), que los piratas, corsarios y bucaneros, no eran personas o grupos que actuaban por sí solos, salvo ciertos casos.

Eran empleados de los gobiernos de las potencias, que los autorizaban para que ejerzan estas actividades, lo que les permitía ser respaldados por empresas comerciales vinculadas al poder, en ese propósito de atracar poblaciones costeras y  barcos que consideraban enemigos.

Es por esto que después de sus correrías y aventuras volvían entre aplausos y honores de la corte, ya que pagaban y recibían dividendos por las riquezas amasadas en los asaltos.

Los economistas conocen cómo estas riquezas acumuladas coadyuvaron a la revolución industrial, a la fundación de bancos como el de Inglaterra, a las bolsas de comercio en los países auspiciadores de estos “negocios”.

Bajo la lógica de impulsar negocios rentables, este oficio de “ladrón del mar” tuvo su vigencia y se necesitaba ser financiado; que en aquellos tiempos, como ahora hacer un buque a la mar, incluía armas, equipos, vituallas y una paga significativa que les permitiera la seguridad de inversión y beneficios.

Por esto los reyes y señores de la corte legalizaban y legitimaban, con documentos y patentes, el carácter de la empresa y la posterior participación de utilidades.

El sociólogo Enrique Silverstein acuñó una buena frase: “Unos ladrones de mar y otros ladrones de tierra, entre colegas andaban en el juego.

* Tonny González Palacios, ciudadano de la provincia de Manabí (Ecuador), fue docente de la ULEAM, director ejecutivo del Consejo Nacional de Universidades, y director provincial de la Contraloría General del Estado en Portoviejo.