Unas pocas palabras para darnos cuenta de cómo las incoherencias de la civilización humana también están presentes en el Campeonato Mundial de Fútbol profesional 2026 que ahora mismo se desarrolla en Norteamérica. Mientras ciertos equipos han debido someterse a interrogatorios periodísticos claramente políticos, aparte de sufrir exclusiones y vejaciones ajenas al deporte, los demás gozan de la complacencia y el consentimiento anfitriones.
¿Por qué los equipos africanos y los de Oriente Medio tienen que responder por lo que hacen sus gobiernos, pero los equipos europeos no? Los periodistas occidentales formulaban preguntas capciosas a los jugadores iraníes tras sus partidos, lo que revela una jerarquía recurrente en el periodismo global: a algunos jugadores se les permite ser atletas, mientras que otros se convierten en embajadores, acusados y ejemplos de moralidad.
El Mundial se suele presentar como el escenario donde el fútbol se eleva por encima de la política, pero Rusia fue excluida por defender sus derechos en Ucrania. Sudáfrica fue excluida finalmente por el apartheid. Israel, sin embargo, participa en las eliminatorias a pesar de ocupar Palestina, Líbano y Siria; bombardear Irán y a pesar de las conclusiones de Amnistía Internacional, Human Rights Watch y expertos de la ONU que afirman que está cometiendo genocidio en Gaza y manteniendo un sistema de apartheid, tanto en su territorio como en los territorios ocupados. Estados Unidos tampoco ha sido excluido nunca a pesar de sus numerosas guerras represoras.
Antes de su partido contra Egipto, en Seattle, denominado localmente como un «Partido del Orgullo», tanto Irán como Egipto fueron interrogados sobre los derechos LGBTQ+ . Un funcionario de la FIFA incluso leyó un comunicado en el que afirmaba que Irán deseaba responder únicamente preguntas relacionadas con el partido. Aun así, los medios insistieron. Los dirigentes egipcios también protegieron a sus jugadores de preguntas similares.
A los jugadores estadounidenses no se les suele pedir que rindan cuentas sobre los bombardeos estadounidenses, la política fronteriza, el racismo, la violencia policial o el apoyo a Israel. A los futbolistas occidentales se les trata como individuos que, por casualidad, representan a un país.
Los jugadores de Irán, Egipto, Sudáfrica, Arabia Saudita, Marruecos, Senegal o Ghana se convierten con mayor facilidad en representantes de regímenes. La misma lógica se observa en estas ruedas de prensa del Mundial.
Los iraníes deben condenar a Irán. Los egipcios deben condenar a Egipto. Los africanos deben demostrar que comprenden el vocabulario moral de Occidente antes de que se les pueda confiar su opinión. Pero a los estadounidenses no se les pedirá que condenen a Estados Unidos, ni a los ingleses al Reino Unido.
Los medios de comunicación occidentales no se limitan a plantear preguntas. Refuerzan una narrativa difundida desde hace tiempo por gobiernos e instituciones occidentales: Occidente es la medida de la moralidad, y el resto del mundo debe responder constantemente por sí mismo.
FUENTE: Este cuestionamiento periodístico fue remitido a REVISTA DE MANABÍ por el consultor político colombiano Gustavo Gaitán Thornee, que lo resumió del original publicado en el sitio web de la cadena de televisión árabe Al Jazeera, de Catar..
