A 120 años de los descubrimientos que iluminaron el esplendor de la Cultura Manteña.

Por David Ramírez*
A exactos 120 años de que el arqueólogo estadounidense Marshall H. Saville deslumbrara al mundo con sus descubrimientos sobre la Cultura Manteña en Ecuador, el pasado y el presente están por cruzarse en un abrazo histórico.
En los primeros días de julio, una arqueóloga del Museo Americano de Historia Natural (AMNH) de Nueva York emprenderá un viaje al Cerro de Hojas-Jaboncillo. No se trata de una visita más; es el retorno a las raíces, el cierre de un círculo y la oportunidad perfecta para retomar las investigaciones que iniciaron hace más de un siglo.
Caminar hoy por los mismos senderos que Saville trazó es un acto de profunda justicia histórica: es continuar con la puesta en valor de nuestra cultura ancestral y recordar su trascendencia en Sudamérica.
Hoy en día, respaldados por tecnología de vanguardia, profundizar en el desarrollo de la Cultura Manteña se ha convertido en un desafío fascinante y conmovedor. El verdadero significado de la «ciudad del cerro» —aquella que Saville intuyó con paciencia entre la maleza y que décadas más tarde fue confirmada por el sistema de escaneo LIDAR— cobra una nueva dimensión.
Los vestigios aseguran la existencia de una gran urbe en Hojas-Jaboncillo y de construcciones similares en otros cerros de Manabí, desafiando las nociones tradicionales sobre los asentamientos prehispánicos en la región y demostrando la grandeza de quienes habitaron estas tierras.
Un viaje científico impulsado por la historia
Cuando Saville desembarcó en las costas de Manabí en 1906, lo respaldaba el prestigio del AMNH, una institución cuya propia historia estaba profundamente ligada al poder y a la ciencia en Estados Unidos. El padre del entonces mandatario norteamericano, Theodore Roosevelt Sr., había sido uno de los fundadores clave y de los primeros firmantes de la carta constitucional del museo en 1869. Heredando esa pasión, el presidente Theodore Roosevelt, primero como gobernador de Nueva York y luego desde la Casa Blanca, utilizó toda su influencia para promover el financiamiento, la investigación y la expansión de la entidad.
Sin embargo, el alma de la expedición en Ecuador tenía un nombre propio: Marshall H. Saville. Él no era un improvisado, sino el hombre elegido por su brillantez; lo precedía una vasta experiencia de más de una década de excavaciones en México, Centroamérica y el Caribe, desempeñándose como el primer curador de arqueología mexicana y centroamericana del museo.

El impacto de su viaje a Manabí fue inmediato. El 22 de septiembre de 1907, tras su retorno a Nueva York, el periódico The New York Times publicó el reportaje «An Unknown Race Found in the Tropics» («Una raza desconocida encontrada en los trópicos»). El artículo destacaba el hallazgo de una civilización de «alta cultura» y ponía especial énfasis en las emblemáticas sillas de piedra en forma de «U». Saville las describió como «absolutamente únicas» en América, retratando el área no como una ciudad convencional, sino como una metrópoli de montaña con un complejo sistema de terrazas agrícolas y canales de agua en las cumbres.
De estos hallazgos nació «The Antiquities of Manabi, Ecuador», una obra en dos volúmenes publicada en 1907 y 1910. Hoy considerada una joya bibliográfica de la arqueología latinoamericana, esta obra cambió la percepción global sobre las culturas del litoral ecuatoriano, demostrando que poseían una organización social compleja, un arte escultórico inigualable y una ingeniería avanzada, a la altura de civilizaciones como los aztecas o los incas.
Crónicas entre el pasado, el territorio y la modernidad
Más allá de los datos técnicos, en sus libros Saville pinta con el corazón el paisaje del Manabí de principios del siglo XX: la forma de vestir, la calidez y la hospitalidad de su gente. Cada jornada quedó registrada con una minuciosidad tal que transporta al lector a las peripecias de su fascinante expedición. En sus relatos se cruzan la historia nacional y la global, desde su encuentro con las inscripciones de la Misión Geodésica Francesa en la península de El Palmar (junto a Bahía de Caráquez) a inicios del siglo XVIII en su histórica tarea de medir el arco del meridiano para determinar la forma de la Tierra, hasta la construcción del ferrocarril Bahía-Chone, en los años en que el Ecuador vibraba bajo el apogeo de la Revolución Liberal liderada por el general Eloy Alfaro (1895–1912).
Ciento veinte años después, las huellas del pasado guían los pasos del presente. Como corresponde a una travesía de esta magnitud, esta nueva jornada científica cuenta con el aval del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC). Como máxima entidad técnica, el INPC no solo vela por la preservación y el control técnico del patrimonio material e inmaterial, sino que impulsa este regreso para que la ciudadanía conozca, valore y se empodere de su legado, transformándolo en un motor de desarrollo sostenible y cohesión social.
Bajo este marco de respeto a la memoria social y con el firme espíritu de generar conocimiento profundo aplicado a la arqueología y la paleontología, el proyecto ha sumado un aliado indispensable: la academia local. El compromiso y la participación activa de la Universidad Laica ‘Eloy Alfaro’ de Manabí (ULEAM) y la Universidad Técnica de Manabí (UTM) aseguran que el conocimiento científico no se quede en los laboratorios de Nueva York, sino que eche raíces en las aulas y en las mentes de los jóvenes manabitas.
Volver a pisar los mismos cerros que Saville exploró hace más de un siglo no es una simple coincidencia cronológica; es una cita con el destino. Es una invitación a mirar nuestro pasado con los ojos del futuro, usando la tecnología actual para desenterrar los secretos de una civilización que, desde la cima de Manabí, aún late con fuerza y tiene mucho que contarle al mundo.
* David Ramírez es un periodista manabita que reside en Estados Unidos. Desde el año 2014 viene promoviendo una serie de iniciativas internacionales enfocadas en impulsar el estudio de la Cultura Manteña y el rescate de la ancestralidad como base fundamental de la identidad cultural de Manabí y el Ecuador.
