El Día Mundial de la Escucha, que se conmemora cada 18 de julio, es una fecha que nos invita a reflexionar sobre cómo nos relacionamos con el ambiente sonoro que nos rodea diariamente.

Desde que nos despertamos, hasta que el día finaliza, estamos inmersos en un “paisaje sonoro” conformado por conversaciones, música, el canto de las aves, el tráfico, los electrodomésticos, las notificaciones del teléfono y los múltiples sonidos que son parte de nuestra rutina.

Sin embargo, pocas veces prestamos atención a cómo este paisaje influye en nuestra salud.

«Mientras que algunos sonidos enriquecen nuestra experiencia, fomentan la comunicación y generan bienestar, otros se convierten en una fuente constante de sobreestimulación que puede afectar la concentración, el descanso, el estado de ánimo e incluso el bienestar auditivo«, afirma Ariana Araujo, audioprotesista de GAES.

En un mundo donde el ruido parece haberse normalizado, aprender a escuchar y reconocer cuándo el entorno necesita más silencio también es una forma de cuidar el bienestar.

Distinguir entre sonido, ruido y silencio

«Aunque usemos ambos términos como sinónimos con frecuencia, sonido y ruido no significan lo mismo«, aclara la especialista.

El sonido es cualquier vibración que llega a los oídos y puede brindar información, generar emociones o facilitar la interacción con el entorno. Una conversación, la lluvia, la música o las risas son ejemplos de sonidos que enriquecen nuestra experiencia cotidiana.

El ruido, en cambio, es un sonido no deseado o excesivo que interfiere en nuestras actividades, obstaculiza la comunicación o genera molestia. Su impacto no depende únicamente de la intensidad, sino también del tiempo de exposición y la frecuencia con la que convivimos con él. El tráfico, las obras de construcción, el uso continuo de auriculares a un volumen alto o la combinación de varios electrodomésticos funcionando al mismo tiempo, son ejemplos comunes.

Sin embargo, existe un tercer elemento que muchas veces pasa desapercibido y es igual de importante: el silencio. Lejos de representar una ausencia de estímulos, los momentos de silencio permiten que el sistema auditivo y el cerebro descansen del procesamiento continuo de información.

Según la experta, reservar unos minutos al día sin música, pantallas o ruido ambiental favorece la relajación, reduce la sobrecarga sensorial y contribuye al equilibrio físico y emocional.

En otras palabras, cuidar la audición no solo implica protegerse de los sonidos fuertes, sino también aprender a incorporar momentos de calma en una rutina cada vez más ruidosa.

Afectaciones al cuerpo y a las emociones

La exposición continua al ruido no solo compromete nuestra capacidad de oír, sino que también puede influir en distintos aspectos del bienestar físico, emocional y cognitivo. Por lo tanto, proteger la audición es también proteger el bienestar general.

Cuando el cerebro permanece expuesto a entornos ruidosos durante largos períodos, mantiene un estado de alerta permanente, lo que favorece el estrés, la irritabilidad, la fatiga mental y la dificultad para mantener la concentración.

El descanso también puede verse afectado. Incluso cuando ciertos sonidos no despiertan a la persona durante la noche, pueden alterar la calidad del sueño y reducir el tiempo que se pasa en las fases más profundas del descanso. Como consecuencia, es frecuente experimentar cansancio, menor rendimiento e irritabilidad durante el día.

Desde la perspectiva auditiva, la exposición prolongada a altos niveles de ruido puede causar un daño progresivo e irreversible en las estructuras del oído interno. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que millones de personas están expuestas diariamente a niveles de ruido que superan los recomendados para mantener la salud auditiva.[1]

Además, el impacto va más allá de lo físico. Oír bien facilita la comunicación, fortalece las relaciones sociales y permite participar activamente en la vida familiar, laboral y comunitaria. Cuando la audición comienza a deteriorarse, también pueden aparecer las dificultades para interactuar, el aislamiento, la frustración y la disminución en la calidad de vida.

La mayoría de los problemas relacionados con la exposición al ruido se pueden prevenir a través de hábitos sencillos: moderar el volumen de los dispositivos electrónicos, tomar descansos al usar auriculares por períodos prolongados, evitar la exposición innecesaria a entornos muy ruidosos, incorporar momentos de silencio durante el día y realizarse evaluaciones auditivas periódicas.

FUENTE: GAES Ecuador (Quito), mediante boletín firmado por su director de Marketing, César Felipe Rovalino, y la foto adjunta; material informativo cursado a REVISTA DE MANABÍ por la consultora de comunicación Taktikee, con firmas conjuntas de Salomé Tejada y Paola Gómez.


[1]https://www.who.int/europe/news-room/fact-sheets/item/noise