NOTA INTRODUCTORIA: Lo que sigue a continuación es una ligera semblanza de la maestra Fanny Utreras (Manta, Ecuador), dedicada en su ciudad a impartir conocimientos acerca de cómo aprovechar bien las emociones personales de sus alumnos -niños, jóvenes y adultos- a partir de la innata sensibilidad artística de cada uno.
—0—
En este puerto bonito, el Manta de eterno sol con cielo azul, el mundo emocional de las personas ha ido evolucionando en consonancia con el resto de la humanidad, pero también se ha percibido un cambio en el enfoque de cómo abordarlo, cómo mirarlo y cómo educarlo.
Llevamos mucho tiempo hablando de Inteligencia Emocional, esa capacidad de reconocer, comprender y gestionar las propias emociones, las de los demás y la forma de influir positivamente en otros; pero hoy, sin duda, ese diálogo ha cambiado. Se lo hace actualmente desde la neurociencia, que es la disciplina perfecta para acceder al conocimiento adecuado del funcionamiento del cerebro emocional; y eso ha sido un gran avance, pero también lo ha sido el abordaje con la educación emocional.
Y es precisamente en ese campo donde Fanny Utreras, conocida en la ciudad como educadora en el área infantil, ha hecho un recorrido de ya 12 años.
Lo inició desde las aulas con sus pequeños alumnos, enseñando a respirar, a calmarse, a expresar lo que se sentía, aplicando las diversas técnicas de autorregulación.
Luego avanzó a los talleres con los padres de familia, instruyéndolos, entrenándolos a gestionar de forma positiva las emociones desbordadas.
Dio paso, posteriormente, a los talleres convocados, donde tuvo la habilidad de combinar lo didáctico con lo terapéutico; a desarrollar esas habilidades de autoconciencia emocional tan valiosas a la hora de potenciar esta inteligencia que no está condicionada solo a edades tempranas, porque se puede potenciar incluso en la vejez.
“Ha sido un camino de aprendizaje”, dice ella; un trayecto en el que se ha ido formando. Tiene un masterado en Orientación Educativa Familiar; es consejera certificada en Gestión Emocional; profesional certificada por la Escuela de Programación Neurolingüística (PNL) que dirige Richard Bandler; psicoterapeuta en la línea humanista gestáltica (psicología de la Gestalt, palabra de origen alemán que se refiere a una terapia según la cual “el todo es siempre más que la suma de sus partes” – NdR).
Una educación que le ha dado la formación académica de base para hablar de un tema que lo domina, pero que en la práctica también lo demuestra.

Sus talleres son dinámicos, tienen el agregado artístico como esencia, porque ella en sí es una instructora artista: toca la guitarra, canta, escribe; hizo danza contemporánea durante 18 años, siendo directora del Grupo de Danza Balsamaragua, y gestora cultural, en esa línea, del Dpto. de Cultura de la ULEAM.
Por eso es inevitable que no agregue a los talleres soplos del buen arte, porque como ella mismo lo afirma: “Las artes nos brindan un laboratorio para entrenar habilidades socio emocionales.”
Acaba de impartir un curso de 10 meses a líderes empresariales, una formación que es parte de un ciclo educativo para generar adalides con conciencia emocional.
Actualmente está facilitando un curso de 9 meses a un grupo de educadores de una institución educativa cuyo interés es que sus profesores adquieran conocimiento y pericia en esta área. Adicionalmente brinda talleres voluntarios con el ánimo de promover educación y bienestar emocional a la comunidad.
“Sueño con ver algún día la puesta en práctica de programas de educación emocional en todas las instituciones educativas de nuestra ciudad; pero también en las empresas, en los puestos de trabajo, en los barrios, en las familias, en cualquier lugar donde la inteligencia emocional se potencie y permita a las personas tener una mirada objetiva (sobre) la vida.” Es la esperanza que llena los días de la maestra Fanny Utreras.
FUENTE: La semblanza que antecede fue cursada por el periodista David Ramírez Bravo, voluntario y conspicuo colaborador de REVISTA DE MANABÍ.
