Por Pedro Pablo Jijón Ochoa*

Cada vez con más frecuencia notamos y percibimos cambios climáticos en nuestro entorno. En el pasado, las etapas invernales en Ecuador se manifestaban con fuertes precipitaciones pluviales que duraban días y noches enteras, y la época lluviosa se prolongaba hasta 6 meses, seguida por la etapa de verano en donde el clima era fresco, agradable y se mantenía una importante humedad relativa en los suelos; a más de que las infraestructuras, como albarradas y embalses, se mantenían llenas y listas para proveer agua para pequeñas explotaciones agropecuarias y para abrevar al ganado de todo tipo.

Hoy por hoy el clima es cambiante: olas de frío o de calor, etapas invernales que se manifiestan con sequías que producen pérdidas en la actividad agropecuaria. ¿Por qué los cambios en el clima?, es la pregunta, seguida de otra: ¿qué podemos hacer para recuperar nuestro afamado clima ecuatorial?

Considero dos causas que ocasionan el cambio climático. La primera es la agresiva explotación industrial de los países llamados del primer mundo, con sus emanaciones de CO2 que contaminan la atmósfera; la segunda, la expansión de las fronteras agrícolas en nuestro país. Los primeros, a pesar de convenciones internacionales, no han querido solucionar y aportar con el bienestar del medio ambiente.

La expansión de las fronteras agrícolas en nuestro país, a partir de los años 50, por la necedad de producir más alimentos y porque las empresas transnacionales inducen a producir más con el uso de los agroquímicos que ellas venden, hicieron que miles de hectáreas sean deforestadas de manera inclemente para establecer la explotación agropecuaria intensiva. Perdimos gran cantidad de especies forestales y ocasionamos un desequilibrio en el clima por la falta de acción y función de los árboles caídos; sumándose a esto los constantes estados de falta de salud en las poblaciones, sobre todo de las ciudades.

La Organización Mundial de la Salud  (OMS) determinó una medida o índice de mantenimiento de áreas verdes, el Índice Verde Urbano (IVU), que debe ser de 9 m2 por habitante. El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos del Ecuador (INEC) realizó un importante estudio sobre este tema en las ciudades del Ecuador, llegando a la alarmante conclusión de que el 95 % de los municipios del país no cumplen con este índice.

El verde urbano, a más de desarrollar funciones de recreación y de bienestar psicofísico, produce efectos que ayudan a la eliminación del polvo y de contaminantes gaseosos, la reducción del ruido, enriquecimiento de la biodiversidad y la protección del suelo.

Debemos trabajar todos para lograr este IVU y así recuperar nuestro clima y nuestra salud, motivando a los municipios a que dentro de sus planes de ordenamiento territorial contemplen la creación y conservación de áreas verdes, garantizando desde los gobiernos locales el incremento de estas áreas para el esparcimiento y recreación de la población, para así mejorar de alguna manera la calidad ambiental del territorio y conseguir la recuperación de especies forestales en extinción.

* Ingeniero comercial y director ejecutivo de ASESORAP (Asesoría a Organizaciones Agrícolas Productivas): asesorapecuador@gmail.com
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