En memoria de un periodista trascendente

Murió con el mouse en la mano y la pantalla del monitor enfrente, que no “con la pluma en ristre”, ya en desuso a causa de la tecnología. Hasta hace muy poco vimos en El Diario (Portoviejo) sus incisivos artículos de opinión. Y hasta hace poco, también, lo escuchamos opinar en la radio. Siempre desvelando temas de palpitante actualidad o comentándolos con sapiencia y fina ironía. Apuntaba a los asuntos públicos que perturban a los ecuatorianos y mayormente a los que inquietan al pueblo de Manta, su entrañablemente querido lar de nacimiento y desarrollo personal, donde fue periodista sobresaliente y admirado.

Don Pedro Vincent Bowen tenía un temperamento inmutable. Nunca lo vi desasosegarse, ni siquiera en los momentos más tensos. Su clave era: “Cuenta siempre hasta 10, antes de reaccionar”. Vestía con elegancia sobria y hablaba con parquedad, como midiendo las consecuencias que pudieran derivarse de sus palabras. De porte esbelto, sonrisa fácil y maneras sutiles. Lector inmenso y acucioso.

Tuvo su momento de esplendor en los años de las décadas 70 y 80 del siglo XX, cuando fundó el Diario El Sol y cofundó el núcleo de Manta de la Unión Nacional de Periodistas (UNP), cuyo salón de actos solemnes lleva su nombre. Sus opiniones periodísticas estremecían el andamiaje de la política partidista y de las funciones públicas de entonces, por lo que cada escrito suyo generaba siempre expectación. Unos lo consideraban acertado; otros, en cambio, que lo movían intereses de terceros; pero nadie ignoraba sus pronunciamientos, ni los subestimaban.

Sus comentarios y opiniones contribuyeron a moldear el proceso de prosperidad material y desarrollo social de Manta, principalmente de la ciudad, a la que su padre había aportado antes, en su condición de ingeniero civil (El edificio de la Cámara de Comercio de Manta fue obra de éste). Y esa tarea cívica fue reconocida y premiada con sendos homenajes que algunas entidades públicas y privadas le prodigaron a su tiempo, igual que lo hicieron varias organizaciones sociales.

Al haberle llegado el día en que su espíritu hizo la transición ineluctable, expreso mis condolencias a todos los miembros de su distinguida y apreciada familia, en particular a su compañera inseparable, Doña Ruth, a quienes consolará, sin duda, el recordarlo tal y como él fue, con su larga y saludable vida de austeridad y provecho.

José Risco Intriago, director de REVISTA DE MANABÍ.
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