Actualmente los habitantes del territorio ecuatoriano vivimos en zozobra e incertidumbre. Hay mucha ofensa verbal y física, total irrespeto al prójimo y una equivocada conducción gubernamental.
Parte de tal desastre quizá es atribuible a dos causales ignoradas pero evidentes: la miseria en la que vive mucha gente a causa de políticas estatales equivocadas que llevan al extravío de la juventud; y el casi generalizado consumo nacional de drogas alucinantes, que anima las actuaciones temerarias y hasta perversas de quienes terminan fuera del ordenamiento jurídico establecido y de las buenas costumbres humanas correspondientes.
Más temas aquí, en REVISTA DE MANABÍ:
Sin embargo, lo de fondo es que a Ecuador le falta un modelo de gobernanza pensado para guiar a toda su población hacia un comportamiento social capaz de convivir entre las diferencias y apuntando siempre hacia los objetivos nacionales que nos convienen a todos. Un modelo dirigido por alguien que sea ejemplo de virtudes: prudencia, trabajo responsable, conciliación, tolerancia, cordura, honestidad, templanza, equidad; y, sobre todo, que tenga claro el derrotero a seguir para la prosperidad económica y un desarrollo integral que favorezca a toda la población.
Ecuador necesita que su Gobierno nacional sea dirigido por una persona calmada, libre de compromisos ajenos al interés nacional, que infunda respeto y confianza para limar asperezas y lograr acuerdos respecto a las prioridades del país; y que, al mismo tiempo, tenga la sabiduría y la firmeza requeridas para llamar al orden y hacer que todas las actividades de los ecuatorianos fluyan sin tropiezos.
De ahí nuestro llamado a las dos personas candidatas actuales para presidir la República, haciéndoles ver que ganarían más respaldo y aprecio si hoy mismo cambiaran su discurso de odio por uno que nos permita saber -de modo claro, preciso y creíble- de qué manera van a solucionar los graves problemas nacionales del momento presente, particularmente la falta de ocupación estable, digna y bien pagada para la población desocupada.
Urge saber qué harán para revertir la situación actual de otras necesidades insatisfechas; de caos, miedo y desesperanza que agobian el día a día de los ecuatorianos.
En este momento hay muchísimos ecuatorianos muriendo (literalmente) de hambre, sin empleo fijo y digno, dependiendo de “chauchas” esporádicas que no alcanzan para obtener el canasto básico semanal, cada vez más caro. Muchos jóvenes, y también adultos, con un título universitario bajo el brazo (y algunos hasta con posgrados de especialización) deben conformarse desempeñando labores ajenas a su formación profesional, por supuesto menos atildadas y menos rentables.
Por las calles de las ciudades deambulan diariamente numerosísimos vendedores independientes que no encuentran quien les compre. Y los que trabajan para alguna corporación que provee a tiendas de barrio, sufren la estresante presión de vender como sea, inclusive sorteando a los ladrones y asaltantes, so pena de perder las comisiones o el empleo.
No por nada bastantes ecuatorianos toman el camino de la emigración; o, en el extremo de la desesperación, el de ponerse al margen de la ley. No tienen otra opción.
Editorial de REVISTA DE MANABÍ.
