Continuamos la campaña comunicacional que REVISTA DE MANABÍ ha puesto en práctica para contribuir al bienestar de todos los ecuatorianos, partiendo de una premisa incuestionable: todos los ciudadanos, por acción u omisión, damos lugar a los problemas que aquejan al país; así que a todos concierne hacer lo que individualmente nos corresponde para solucionarlos.

En el presente aporte, y a fin de tener clara esta idea, empezamos por conocer las definiciones o significados de la palabra “corrupción”, según lo acredita la Real Academia Española (RAE) en su Diccionario de la lengua castellana.

1.- Acción o efecto de corromper o corromperse.

2.- Deterioro de valores, usos o costumbres.

3.- En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización indebida o ilícita de las funciones de aquellas en provecho de sus gestores.

Ponemos especial énfasis en esta última definición, que conlleva estos sinónimos: soborno, cohecho, compra, coima.

Es claro que la corrupción empieza por alguien que corrompe a los facilitadores de la corruptela, quienes van sumándose en cadena. Esto sucede en todos los ámbitos del quehacer diario.

Casos cotidianos

Veamos algunos ejemplos:

  • Quien ofrece una recompensa monetaria, o algún otro bien, al funcionario estatal o gubernamental que se preste para incumplir la ley, facilitando la celebración mañosa de uno o más contratos con la empresa o institución a la que sirve.
  • Quien pide soborno para disminuir la carga arancelaria de quienes importan mercadería.
  • Quien le propone a un contribuyente del Estado, tras mostrarle la cuantía de impuestos que le corresponde pagar, disminuirla a cambio de una coima.
  • Quien le pide soborno al consumidor de agua potable o electricidad, ofreciéndole amañar su medidor a fin de que muestre una lectura de consumo inferior a la verdadera.
  • Quien ofrece dádivas en una oficina, para que su trámite se haga irrespetando la fila de espera o prescindiendo de algún plazo o documento normativo.
  • Quien arbitrariamente paga menos de lo justo a sus colaboradores informarles.
  • Quien soborna para evitar las multas por infracciones de tránsito.
  • Quien coima para torcer sentencias judiciales.

Causa y efecto

No hay corrupción sin corruptores, igual que no hay narcotráfico sin consumidores de narcóticos. Noten ustedes que la corruptela es un nítido reflejo del comportamiento social colectivo, cuyo cambio es obligatorio para todos.

Es imprescindible que quienes corrompen satisfagan sus necesidades con esfuerzo limpio, y que los corrompidos tengan la dignidad para rechazar con altura las propuestas que les desprestigian y atormentan en unión de sus respectivas familias.

Así mismo, los consumidores de drogas alucinógenas deben llenarse de valentía para dejar ese vicio maléfico, lo que terminaría con el narcotráfico, que no es más que la producción y el tráfico de los dañinos estupefacientes.