Si el pueblo que habita el territorio de lo que hoy es la ciudad de Manta, provincia de Manabí (Ecuador), tiene origen milenario, mal puede hablarse de que los españoles lo fundaron en 1565, hace menos de quinientos años. Esta incoherencia, junto con la falta de un documento histórico que acredite fehacientemente tal fundación, es rebatida en el siguiente artículo de opinión.

Periodista Jorge Luis Bowen Loor.

JORGE LUIS BOWEN LOOR*

jorgebowen@hotmail.es

El reciente foro realizado el 14 de mayo en torno a la supuesta fecha de fundación de la ciudad de Manta dejó más preguntas que certezas. Aunque el evento tuvo el mérito de abrir un debate público sobre la memoria histórica mantense, también evidenció profundas debilidades metodológicas, contradicciones conceptuales y un manejo emocional del tema que en varios momentos sustituyó el rigor historiográfico.

La discusión sobre los orígenes de Manta no es menor. Una ciudad sin claridad sobre su proceso histórico pierde parte de su identidad colectiva y debilita la transmisión cultural hacia nuevas generaciones. Sin embargo, precisamente por la importancia del tema, cualquier intento de establecer una fecha oficial de fundación exige un nivel de responsabilidad académica, documental e institucional mucho más elevado del que se observó en el foro.

El vacío histórico sí existe

Uno de los puntos correctos planteados por los organizadores es que Manta carece de una fecha oficial de fundación reconocida institucionalmente. Mientras muchas ciudades hispanoamericanas poseen:

  • actas fundacionales,
  • registros coloniales,
  • tradiciones históricas consolidadas,

Manta mantiene una ambigüedad histórica que ha sido ignorada durante décadas por las autoridades locales.

También es cierto que existe una contradicción histórica en torno a las celebraciones cívicas de la ciudad. Jurídicamente, la cantonización ocurrió el 29 de septiembre de 1922, pero las celebraciones oficiales se realizan cada 4 de noviembre. Ese desfase evidencia que históricamente ha existido poca rigurosidad en la construcción simbólica de la memoria mantense.

El problema comienza cuando ese vacío histórico pretende llenarse apresuradamente mediante afirmaciones que todavía no cuentan con pruebas concluyentes.

El problema central: no apareció un acta fundacional

Durante las exposiciones se mencionaron:

  • manuscritos,
  • referencias bibliográficas,
  • citas de historiadores,
  • órdenes de traslado,
  • registros secundarios,
  • documentos indirectos,
  • e interpretaciones personales.

Sin embargo, nunca se presentó públicamente un documento definitivo que establezca de manera inequívoca:

En tal fecha fue fundada la ciudad de San Pablo de Manta”.

Ese detalle es fundamental.

En la tradición administrativa española, las fundaciones urbanas normalmente dejaban:

  • actas,
  • nombramientos,
  • registros de cabildo,
  • delimitaciones,
  • trazados urbanos,
  • y documentación legal específica.

En el foro no apareció nada de eso.

Lo que sí se observó fue una acumulación de referencias secundarias que terminan citándose entre sí.

Una diferencia histórica que el foro confundió

Uno de los errores conceptuales más notorios del evento fue mezclar tres dimensiones históricas completamente distintas:

  • La Manta ancestral
  • La existencia milenaria de los pueblos manteños prehispánicos.
  • La Manta colonial
  • La posible reorganización o asentamiento bajo dominio español.
  • La Manta republicana
  • La ciudad moderna consolidada tras la cantonización.

El foro utilizó simultáneamente el concepto de “ciudad milenaria” mientras intentaba fijar una fecha de fundación colonial en 1565.

Ahí aparece una contradicción evidente.

Si Manta es una civilización ancestral previa a España, entonces la llegada española no constituye realmente el nacimiento histórico de la ciudad, sino apenas una etapa administrativa colonial.

El aporte más serio vino desde la prudencia académica

Paradójicamente, una de las intervenciones más equilibradas fue la del investigador Tony González, quien introdujo un elemento clave:

Manta ya era un espacio poblado antes de cualquier fundación española.

Esa afirmación modifica completamente el enfoque del debate.

Porque una cosa es:

  • fundar una ciudad inexistente,
  • y otra, muy distinta, es:
  • reorganizar, controlar o administrar un asentamiento ya habitado.

El propio expositor recordó que muchas poblaciones preexistentes de América no poseen actas fundacionales clásicas, precisamente porque los españoles ocuparon espacios ya desarrollados.

Esa observación fue probablemente la más seria de toda la jornada.

El silencio sobre las críticas de Jorge Luis Bowen Loor

Resultó llamativo que durante el foro se mencionara brevemente al investigador Jorge Luis Bowen Loor, pero se evitara profundizar en los cuestionamientos recientes que él ha realizado sobre este proceso.

Ese silencio no parece casual.

Bowen ha planteado una crítica importante: la historia no puede construirse desde el entusiasmo emocional ni desde la necesidad política de producir símbolos identitarios apresurados.

Y ese es, justamente, uno de los riesgos que dejó ver el foro.

Porque en varios momentos las exposiciones dejaron de ser investigaciones históricas para convertirse en discursos cívicos cargados de emotividad, patriotismo local y afirmaciones concluyentes que todavía no poseen respaldo documental definitivo.

Más preocupante aún fue observar cómo algunas hipótesis personales de Manuel Gil terminaron siendo presentadas casi como verdades consolidadas.

El problema no es investigar.

El problema es convertir interpretaciones parciales en certezas históricas sin que exista todavía consenso académico, validación archivística completa ni revisión metodológica rigurosa.

La personalización del debate histórico

Otro elemento que comenzó a generar preocupación en distintos sectores ciudadanos es la excesiva personalización del debate histórico alrededor de la figura de Manuel Gil.

Lo que inicialmente podía entenderse como una iniciativa ciudadana, terminó adquiriendo rasgos de proyecto personal, donde la discusión histórica comenzó a girar más alrededor de una narrativa impulsada desde un reducido círculo de respaldo institucional, que de un verdadero proceso académico plural, abierto y técnicamente contrastado.

Diversos observadores han cuestionado además el uso de espacios universitarios, relaciones institucionales y respaldos internos para posicionar una hipótesis histórica todavía discutida, como si ya se tratara de una verdad consolidada.

El problema no es que un ciudadano investigue o promueva debates históricos. Eso es legítimo. El problema aparece cuando el impulso personal pretende reemplazar el rigor científico, y cuando cualquier cuestionamiento comienza a ser tratado como una afrenta contra la ciudad o contra la identidad mantense.

En varios momentos del foro quedó la sensación de que alrededor de Manuel Gil se ha construido una especie de blindaje político, académico y emocional que dificulta un debate crítico serio. La impresión que perciben algunos sectores es que determinados respaldos institucionales le han permitido actuar con una seguridad desproporcionada frente a la fragilidad documental de muchas de sus afirmaciones.

La historia no puede construirse desde el personalismo ni desde círculos de influencia. Mucho menos cuando todavía existen inconsistencias documentales, contradicciones cronológicas y ausencia de evidencia concluyente sobre la supuesta fundación del 14 de mayo de 1565.

Ninguna universidad, grupo cultural o actor político debería convertirse en plataforma para oficializar hipótesis históricas sin el debido debate académico amplio, transparente y metodológicamente serio.

El interés presupuestario detrás de la ordenanza

Otro aspecto que no puede pasar desapercibido es que el proyecto de ordenanza impulsado por Manuel Gil y el colectivo promotor no se limita únicamente a fijar una fecha simbólica.

Dentro del texto presentado al municipio se establece expresamente que el Gobierno Autónomo Descentralizado deberá destinar cada año una partida presupuestaria para celebrar de manera permanente la supuesta fundación de Manta.

Ese detalle cambia considerablemente la dimensión del debate.

Porque ya no se trata solamente de una discusión histórica o académica, sino también de una decisión política y económica con efectos permanentes sobre los recursos públicos municipales.

La propuesta contempla:

  • actos cívicos,
  • sesiones solemnes,
  • eventos culturales,
  • actividades oficiales,
  • y financiamiento municipal anual obligatorio.

Es decir, una vez aprobada la ordenanza, el municipio quedaría comprometido de forma indefinida a financiar celebraciones sustentadas en una fecha que todavía continúa siendo motivo de debate histórico.

Allí surge una pregunta legítima:

¿Es responsable institucionalizar gasto público vitalicio sobre una hipótesis histórica que aún no posee consenso académico definitivo?

Ese punto prácticamente no fue discutido en el foro.

Por el contrario, el tema fue presentado únicamente desde el entusiasmo cívico, evitando analizar las implicaciones administrativas y presupuestarias de crear una nueva festividad oficial permanente.

Y esto resulta aún más delicado cuando la ciudad enfrenta problemas estructurales:

  • servicios básicos,
  • planificación urbana,
  • deterioro patrimonial,
  • inseguridad,
  • y limitaciones presupuestarias evidentes.

No se trata de negar la importancia de la memoria histórica.

Pero sí de exigir proporcionalidad y responsabilidad institucional.

Porque la historia no puede convertirse en un mecanismo para abrir espacios permanentes de gasto público sin que previamente exista una validación histórica seria, técnica y ampliamente consensuada.

Además, el tono utilizado por algunos promotores dejó la impresión de que la aprobación de la ordenanza era una obligación moral inmediata de la ciudad, minimizando cualquier cuestionamiento crítico.

Eso también es peligroso.

Porque en democracia, toda propuesta que implique recursos públicos debe poder ser debatida, cuestionada y revisada sin que las discrepancias sean tratadas como ataques contra la identidad mantense.

El riesgo de construir una “verdad oficial” débil

La insistencia en aprobar rápidamente una ordenanza municipal para oficializar el 14 de mayo de 1565 podría terminar generando un problema mayor.

Si en el futuro aparecen nuevos documentos:

  • con otra fecha,
  • con otro contexto,
  • incluso demostrando que no existió una fundación formal,

la ciudad quedaría nuevamente atrapada en una disputa histórica innecesaria.

Por eso resulta peligrosa la idea de reemplazar investigación seria por presión política o sentimentalismo colectivo.

La historia necesita paciencia.

No funciona por aplausos ni por mayorías.

Lo que realmente necesita Manta

Manta necesita:

  • investigación archivística profesional,
  • cooperación internacional con archivos de Sevilla y Lima,
  • revisión paleográfica especializada,
  • participación de historiadores académicos,
  • debates técnicos reales,
  • y transparencia documental.

No bastan discursos emotivos ni compilaciones de citas repetidas.

Tampoco basta convertir una hipótesis en bandera cívica.

La ciudad merece algo más serio.

Conclusión

La historia de Manta merece ser investigada con profundidad, no apresurada por necesidad política, emocional o simbólica.

Porque una ciudad no fortalece su identidad inventando certezas apresuradas, sino construyendo memoria histórica sólida, verificable y honestamente documentada.

©17.05.2026

* Jorge Luis Bowen Loor, licenciado en Ciencias de la Información y máster en Comunicación Empresarial y Corporativa. Es ciudadano de la provincia de Manabí (Ecuador), pero hizo sus estudios universitarios en España, donde reside actualmente. Su ejercicio profesional inició en algunas radioemisoras manabitas, en Portoviejo y Manta.