Con el discurso que sigue tras el presente párrafo, el intelectual manabita Víctor Arias Aroca recuerda y exalta la trayectoria de justicia social que caracterizó a su colega abogado Jairo Briones, recientemente fallecido en la ciudad de Manta, provincia de Manabí, Ecuador.

Por Víctor Arias Aroca*

El día que Jairo se graduó de bachiller, el teatro universitario estaba lleno. En aquella ceremonia se graduaban unos doscientos estudiantes.

El rector del colegio cometió el error de atacar a los estudiantes rebeldes, entre los que se encontraba el flamante graduado. Pidió al ministro el castigo para los alumnos que él llamaba revoltosos.

Entonces, desde el fondo de la sala, Richard Briones, que estaba a mi lado, le gritó: «A ti es que te vamos a sacar.» Y, en respuesta, la multitud se sumó a los gritos y el escenario repleto aplaudió a rabiar a Jairo cuando subió a recibir su título.

En realidad, la sesión estuvo a punto de suspenderse debido a la imprudencia del rector, al recordar de mala gana, en mal momento y desafiando a sus propios alumnos, la reciente huelga que, en legítimo derecho, el estudiante había liderado desde la sección nocturna, comprometiendo a toda la ciudadanía, en razón de la importancia del prestigioso Colegio Nacional Cinco de Junio.

Nunca antes el paraninfo universitario había estado tan abrumado por la muchedumbre y las acciones de rebeldía que los graduados manifestaron en respaldo a Jairo Briones, cuyo liderazgo había empezado desde los primeros años de la secundaria.

Jairo Briones arenga en una ceremonia pública celebrada en la ciudad de Manta, Ecuador (Foto proporcionada por Víctor Arias Aroca).

Eran los años noventa, que se encontraban en todo su esplendor y todavía en aquellos años la juventud ejercía presión social y política que era capaz de paralizar una ciudad.

Ya cuando entró en la Universidad, su nombre era reconocido ampliamente. Se graduó de abogado y empezó a ejercer con probidad, decoro y mucho conocimiento, pues las lecciones del catedrático Richard Briones, su hermano y concejal, y la experiencia adquirida en la oficina de éste, le dieron la imagen de un abogado brillante y solidario.

Pero eso no es todo. En la oficina Briones se manejaban las causas más importantes de la ciudad. Ricos y pobres entraban y salían por decenas cada día. Yo lo sé, y lo sé muy bien, porque era el secretario inicial del despacho.

Con Richard aprendí la redacción jurídica clásica, que él a su vez aprendió del doctor Jorge Zavala Baquerizo. Aprendí más que en la Universidad y logramos dominar el Código Civil y el Código Penal, que eran la base de la época. Hoy, por desgracia, el Código Penal ha sido reemplazado y el procedimiento civil fue eliminado.

Digo, y lo digo con humildad, algunos abogados que ahora son jueces vieron la luz en la oficina Briones. Con el tiempo, Jairo siguió el ejemplo del hermano mayor y fue creciendo como persona y como litigante.

Soy testigo presencial de que un día le dijo en alta voz y en plena audiencia: «eres un vago», a un funcionario judicial que no había cumplido su tarea en forma adecuada y el cliente no pudo, en aquel momento, recuperar la libertad.

Para ejercer la profesión de abogado, tanto en esa época como ahora, se ha requerido de valentía; y Jairo fue valiente dentro y fuera de la judicatura. Alzaba la voz cuando debía y lucía, tanto su buen humor cuanto su enorme simpatía, entre abogados, jueces y la ciudadanía que lo supo valorar y justipreciar.

Él, a su vez, se fue por el sendero de la ley, la verdad y la justicia, como emblema de vida. Por eso creó la Fundación «Richard Briones», ampliando el radio de acción de lo jurídico hacia lo social, fomentando el apoyo directo a los más excluidos.

Briones era una figura carismática y popular (Foto proporcionada por Víctor Arias Aroca).

Fue ese voluntariado el que le dio fama de ‘obrero de la justicia’, llevando una canasta para una madre humilde o un juguete para un niño pobre, todo lo cual financiaba con dinero de su propio bolsillo, porque con el éxito profesional que tuvo en su vida, le llegó el éxito económico; y son memorables sus aportes monetarios a los programas sociales, incluido el recordado programa de la hermana Grace Moreira.

Amigo de creadores, poetas, pintores y trovadores. Muchos artistas populares recibieron su favor, siendo siempre magnánimo y emprendedor. Era de aquellos que García Lorca introduce en su discurso sobre el pan y el libro; y la divinidad al servicio del hombre, como proponía Herman Hesse. Pocos pueden establecer esa diferencia heroica que siempre lo distinguía.

Eran otros tiempos, sí. Pero los tiempos actuales van a extrañar con firmeza la calidad humana del amigo que marcha al paraíso con sus sueños intactos, su vocación por una sociedad menos injusta, su amor por los caídos y los necesitados, su bronca con los sapos que usan el poder para formar hacienda. Esa era la manera tan suya de ser, tan directa, tan clásica y tan sencilla.

Su memoria no será oculta para los tiempos, porque los seres iluminados por el sol de la esperanza no desaparecen, sino que pasan al espacio infinito. Y él, el gran Jairo Briones que conocí, es un guerrero que siempre estará de regreso con su ejemplo, su lucha, su grandeza.

* Víctor Arias Aroca (Ciudad de Manta, provincia de Manabí, República del Ecuador) es abogado en ejercicio, periodista, orador destacado, historiador, escritor, poeta y activista cultural. Ocasionalmente colabora con sus artículos para REVISTA DE MANABÍ.