Tras contabilizarse los votos de los electores ecuatorianos que acudieron a elegir presidente de la República el domingo 15 de octubre del 2023, el resultado dio como ganador al candidato Daniel Noboa Azín, presidente electo reconocido ya de manera oficial y aceptado explícitamente por el binomio perdedor.

Las diversas opiniones publicadas acerca de las probables razones para ese triunfo apuntan a la juventud del candidato, su temperamento calmado, sus propuestas de gobernanza y su costosa formación académica. Sin duda es una mezcla de todos esos méritos, a los que debe sumarse el poder económico de su familia.


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Como dice una conocidísima canción, “por la plata baila el perro”; y, en el caso de la campaña electoral del candidato, el recurso económico acercó a mucha gente que se dio modos para elogiar al personaje y sus propuestas de gobierno, así como a su familia y al mundillo social que lo rodea.

No por nada tantos especialistas del mercadeo político, asesores de imagen, comunicadores sociales, opinantes, medios de comunicación, y mucha gente de a pie se inclinaron fervorosamente hacia el bando noboísta, como se pudo ver y apreciar en muchos medios informativos tradicionales y en la multiplicidad de aquellos alojados en Internet. Amén de quienes son opositores recalcitrantes del bando correísta y por esta sola razón se sumaron gustosos al gran coro loador.

En el caso del candidato Noboa, se hizo público que su campaña rebasaba con largueza la cantidad de dinero que le asignó el Estado para eso. Y es que, detrás de la publicidad mediática y vial monitoreada y controlada por el Consejo Nacional Electoral (CNE), está el trabajo promocional que realizan numerosas personas en calles, plazas y otros lugares públicos, así como a través de las redes sociales activas en la web.

La promoción tras bastidores no fue patrimonio exclusivo del candidato Noboa, ciertamente, pero sí la más amplia y robusta.

Parece que Daniel, en este caso, ha dado un uso más provechoso al potencial económico de su familia, que el dado por su padre, Álvaro, en sus cinco intentos fallidos de ser presidente ecuatoriano. O quizá es la suma de toda esa experiencia pasada, hoy corregida y perfeccionada.

Sin embargo y pese a tan abrumador poder de influencia social, casi la mitad de los electores (48 %) votó por Luisa González, lo que significa un gran activo político en crecimiento para el futuro inmediato de la Revolución Ciudadana. Salvo que, durante su cortísimo mandato, Daniel haga el milagro de sanear toda la economía ecuatoriana.