Son ideales para recostar la cabeza, descansar y dormir placenteramente sin quebranto de la salud; pero siempre que su funda sea tela de hilos de fibras vegetales (ciento por ciento naturales), estén rellenas de lana de ceibo sin ninguna modificación y sin envoltura de láminas artificiales o sintéticas.
Hace poco fuimos a buscar estas almohadas en La Pila, poblado próximo a la ciudad de Montecristi (provincia de Manabí, Ecuador) y atravesado por la carretera que lleva hacia la ciudad de Guayaquil. Y allí las encontramos, pero elaboradas con agregados artificiales nocivos para la salud humana.
Sugerencia para elaboración
Es por eso que nos animamos a escribir esta nota, con el propósito de sugerir a quienes elaboran las almohadas, que mantengan la tradición y no desmejoren esos cabezales, como lo hacen hoy envolviéndolos con fibras artificiales dañinas para la salud.
La funda que contiene la lana debe ser de tela de fibras vegetales libres de modificación artificial. No hace falta envolver la lana con ninguna lámina; pero, si alguien lo prefiere así, es preferible utilizar un tejido de petate (paja mocora, palma o toquilla), o uno de sapán (fibra del tallo de plátano).
Entendemos que, al preferir almohadas de lana de ceibo, lo que se busca es la suavidad y frescura de un producto hecho por la naturaleza y que conserva sus propiedades benignas con la salud humana.
Producción de lana de ceibo
La lana de ceibo es fruto de un árbol propio de la zona tropical seca de Manabí, sobre todo de la zona suroccidental. Se desarrolla en una vaina de unos 15 centímetros de largo.
En el siglo anterior al presente fue muy usada en colchones, almohadas y cojines de asientos en los camiones mixtos (pasajeros y carga).
