A su manera, la gente que trabaja en el Hospital General Manta del IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social) trata de cumplir sus obligaciones profesionales y satisfacer las necesidades de quienes van allí en busca de atención médica para restablecer su salud. Sin embargo es posible que puedan hacer más de mejor manera.
Hace unos pocos días, durante las primeras horas de la mañana, fui a la sala de Emergencia acompañando a una sobrina que amaneció con un dolor extraño en la parte superior de su brazo izquierdo. Pensó que podría ser una alerta de algún fallo cardíaco y decidió consultarlo inmediatamente en el Hospital.
La sala estaba repleta de pacientes, desde niños muy pequeños hasta personas adultas de avanzada edad, entre estos un anciano en silla de ruedas. En la ventanilla de admisión se atendía con bastante diligencia la asignación de turnos, pero el anuncio maquinal para ir a consultar con el médico respectivo llegaba demasiado tarde. En nuestro caso fue necesario esperar más de dos horas y el anciano en silla de ruedas aún permanecía esperando después de que nosotros abandonamos la sala de Emergencia.
Y a propósito de sillas rodantes, también era notoria la falta de éstas. A dos mujeres imposibilitadas de caminar, fue un familiar de cada una de ellas quien tuvo que llevarlas en brazos desde la sala hasta la consulta y viceversa.
Es claro que dos horas es mucho tiempo para darle atención a una emergencia que demanda inmediatez. Este desfase puede y debe ser superado por el Hospital optimizando los recursos de que dispone, mediante una agenda que establezca un orden de prioridades debidamente justificado y coordinado.
La intención primaria, después de esta experiencia, fue transmitir personalmente mi experiencia a través del comunicador social del Hospital, periodista Mauro Mera; pero este, con presteza, me llevó a dialogar con el gerente general de la casa de salud, doctor Danilo Calderón Zambrano, quien escuchó con interés mis observaciones y razonamientos.
El gerente me hizo saber que, pese a su gestión denodada, aún quedan algunos problemas que resolver y no pocos asuntos por tratar; y me habló de ciertos adelantos en medicina preventiva implementados bajo su dirección, como los actos sociales de activación para pacientes adultos mayores y otros en situación de discapacidad, así como el espacio abierto para receptar directamente y tramitar con prontitud las quejas de quienes usan los servicios que presta el Hospital. Y finalizó haciendo notar que ha logrado reabastecer en un 90 % la farmacia hospitalaria.
José Risco Intriago, editor-director de REVISTA DE MANABÍ.
