Lo que sigue a continuación son extractos de la obra literaria recreada por el autor en uno de sus libros más recientes.

Por Víctor Arias Aroca

El ambiente heroico en que se desenvuelve la vida del Libertador de América no ha terminado de ser explicado todavía. Tampoco han llegado a conocerse a plenitud los alcances de sus proclamas, que tenían el propósito de organizar naciones y ejecutar políticas de democracia.

Muchos libros y textos están en vitrina, pero pocos han hecho conocer a cabalidad el pensamiento de Simón Bolívar. Lo que sí ha quedado claro es que, una publicación en redes sociales que pone a Cayo Julio César como el mejor militar de la historia, anda perdida en este mundo.

Y como dato mata relato, lo mejor es mostrar evidencias de que Simón Bolívar superó en audacia y temeridad a César (año 100 antes de C.) y al gran Alejandro (año 356 s 344 antes de C.), porque las condiciones de las guerras de liberación de América fueron más dramáticas y en escenarios tan brutales, que obligaron al ejército libertador a cruzar once veces la cordillera de Los Andes.

Los guerreros de la antigüedad versus Bolívar

Los grandes guerreros de la antigüedad fueron representantes del poder político, en cambio el Libertador no tenía poder. Precisamente, su lucha era en contra del poder español ejercido por un autócrata definido que era el rey. A diferencia, César era el jefe de un estado y Alejandro era el príncipe heredero de Macedonia y rey de los terrenos conquistados.

Entonces, empezamos con dos diferencias capitales: 1. El libertador Simón Bolívar era un ciudadano libre. Y 2. El ejército de César era un ejército regular, que pertenecía a un estado ya formado y constituido. En cambio, el ejército libertador era un ejército irregular, diríamos.

Hay que notar que la decisión de ir a la guerra, tomada por el libertador y celebrada mediante el juramento del día 15 de agosto de 1805 en el Monte Sacro de Roma, no era cualquier cosa. No era una aspiración romántica sino una resolución de vida. Así dijo: “Juro por Dios y juro por la patria, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español.”

También hay que considerar que el hombre lo tomó en serio y se fue por toda América organizando un ejército libertario que entró en una guerra que habría de concluir veinte años después; su guerra contra la dominación y el gobierno de la monarquía.

Un evento que marcó la vida de Bolívar

Fue circunstancial que el día 2 de diciembre de 1804, ocho días antes de su juramento, el libertador asista a la auto coronación de Napoleón Bonaparte en la catedral de Notre Dame en París, lo que le causó cierto repudio. Sí, este evento también marcaría la vida de Simón Bolívar, porque le permitió avizorar las características de un déspota.

El general Perú Delacroix, de las cortes napoleónicas, vendría algún tiempo más tarde a constatar los avances de la rebelión bolivariana y escribiría un amplio informe sobre la Gran Colombia, la república creada por Bolívar, y las características básicas de un gobierno independiente, ya que Delacroix se incorporó al ejército bolivariano; se incorporó al mando central y escribió el “Diario de Bucaramanga” con algunos contenidos importantes sobre la historia americana.

De Lacroix es uno de los grandes seguidores de Bolívar; tan convencido de las ideas bolivarianas, que quiso reinstalar la Gran Colombia en 1835, cinco años después de disuelta y cinco años después de muerto el libertador.

Libertador muy ilustrado

Por él y otros tratadistas es que se conoce a fondo que Simón Bolívar fue un hombre sumamente ilustrado. El libertador escribió 92 proclamas en las que describe su sistema político de gobierno amparado en una constitución, siendo la más destacada la proclama de Angostura, cuando anticipó la constitución de la nación soñada, con los principios básicos adquiridos de la Enciclopedia Francesa y la independencia de los poderes o funciones del Estado.

Imagen histórica de Simón Bolívar hablando ante una junta de notables, enviada por Víctor Arias Aroca.

El célebre congreso constituyente de Angostura, hoy ciudad Bolívar, es el que da iniciación a la gran Colombia y se realizó entre febrero de 1819 y julio de 1821. Cito solo un fragmento, en tiempos tan oportunos como tumultuosos:

La continuación de la autoridad en un mismo individuo, frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía.

Un justo celo es la garantía de la libertad republicana y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado que los ha mandado mucho tiempo los mande perpetuamente (…).”

Superior en destreza y audacia

Tapa del libro sobre Bolívar escrito por Víctor Arias Aroca.

Ahora bien, cuando la BBC de Londres lo proclama el personaje del siglo XIX está reconociendo que nuestro libertador fue ampliamente superior en destreza y audacia a los comandantes guerreros griegos y romanos, que si bien constituyen la consumación de la excelencia como estadistas y militares, Bolívar los superó en arrojo y persistencia en combate en plena montaña, en la que permaneció durante meses (la guerra de liberación duró 20 años), agregando que viajó por mares unos 123 kilómetros, es decir más que Cristóbal Colón y Vasco Da Gama; cabalgó 6.500 kilómetros, que es la mitad del diámetro terrestre; y peleó 447 batallas, en 25 de las cuales corrió peligro de muerte y se convirtió en jefe de Estado de una confederación llamada la Gran Colombia, que incluía a Venezuela, Ecuador, Colombia, Perú y Bolivia, y cumplió su sueño de libertad.

La guerra de montaña desatada por Bolívar contemplaba retar a la naturaleza salvaje de la Amazonía, afrontar lluvias diluviales y animales de monte que devoraban a hombres y caballos; y el armamento era tan rústico como improvisado. Era, de cierta forma, la estrategia de combate. A diferencia de Roma y la Unión americana cuyos líderes comandaban ejércitos bien preparados y bien armados.

De manera que la hazaña de George Washington para cruzar el Río Delaware, en 1776; y el desafío enfrentado por Julio César al cruzar el Río Rubicón, el año 49 antes de Cristo, son una inspiración y un referente que tomó el libertador, que había leído todo sobre esos héroes a los que ha superado con el devenir de los tiempos, ratificando el decir del ilustre pensador peruano José Gabriel Choquehuanca, quien habría dicho en 1825, en Pucará, en su arenga para el libertador: “Con los siglos su figura crecerá como crece la sombra cuando el sol declina”.