Con su prosa picante y amena, el escritor Víctor Arias A. (Manta, Ecuador) exalta y defiende la obra poética del escritor portovejense Galo Barcia Flor que, al parecer del articulista, no ha sido suficientemente interpretada y reconocida por los organismos oficiales responsables de promover la cultura ecuatoriana.

Por Víctor Arias Aroca / NY
GALO BARCIA FLOR es un poeta colosal. Los institutos públicos no podrán reconocerlo. No les da la capacidad ni la transparencia humana para decidirlo. Han perdido la ruta. Se perdieron y están rumbo al abismo. Incluso al más alto nivel, la ministra es magnífica, el Ministerio un desastre.
No podrán comprender nunca que el sol que brilla en la poesía de Galo Barcia pertenece a la galaxia de los imprescindibles. Ellos, los creadores puros, aquellos que germinan poesía en forma espontánea, son seres de luz y su brillo vuelve ciegos a los pobrecitos empleados del Estado, que deberían trabajar para los poetas pero trabajan para sus bolsillos. Esa es la diferencia.
Para entender la poesía no basta con saber leer y escribir. La poesía es una expresión tan sublime, que no refleja el contenido de las palabras con las que está escrita, sino con lo que no se escribe, lo que está oculto. Y precisamente esas palabras lo hacen perfectamente, lo ocultan para que se vea la luz infinita que está detrás de las palabras. Es la magia de poner las palabras en el orden inexacto de la perfección. No cualquiera entiende esto, lo siento.
Deleite fabuloso
Parece vanidad, pero no lo es. Son los años de experiencia como lector de poesía en serio. La poesía es un deleite fabuloso, pero hay que entender al fabulador y descifrar el crucigrama de la fábula. Esa fábula grandiosa que cobija al alma y abre de par en par las puertas del corazón.
La poesía es un río de aguas dulces pero turbulentas y dejarse arrastrar por ellas es como entrar al túnel del tiempo pero sin tiempo, porque cuando la poesía es buena el regreso no existe.
Así es de sorprendente la poesía. El desconocido, pero inmenso poeta Hugo Mayo, habló de la búsqueda de lo sorprendente antes de sumergirse en su chamarasca buscando a los 87 papagayos que fueron al sepelio del Papagayo K.
Tan natural como chupar naranjas
Para GALO BARCIA crear poesía es tan natural como chupar naranjas. Son versos de fuego. Este poeta tiene una inteligencia creativa inédita y galopante. Si el lector no atrapa el ritmo de la estampida, puede ser pisoteado por los caballos irredentos que mueven el lenguaje y galopan encima de las palabras. Es una estructura brutalmente hermosa. Son espejos que se rompen, son ríos que se desbordan, mares de saliva que besan a sirenas inauditas. Es una locura poética poco entendible para el común lector.
Es una hemorragia de finura entrelazada sigilosamente con filosos vidrios que enseñan un sexo milagroso y salvaje, pero tierno y ardiente. Hay trapos tirados por allí y uno no sabe si es el viento que llega a saludar o es el exterminio. Pocos poetas en América tienen esa capacidad expresiva que va más allá de lo común.
Y, ¡cuidado!, que en cada nuevo poema regresa la estampida y usted siente que le pasan por debajo los caballos que anuncian la muerte tanto como la vida, en una vorágine en la que da gusto morirse de pura poesía.

La poesía es vida y muerte
El encantamiento poético corresponde a los magos de las palabras. Ellos son prestidigitadores de emociones que te pueden fundir el corazón. Las palabras aplicadas con la poción de alquimia que le ponen los poetas, son capaces de dar vida y son capaces de hacerte morir, si la estampida te agarra mal parado.
Borges hizo sonetos imperfectos pero poesía perfecta. Neruda dio movimiento a los luceros alrededor de unas caderas, es amor que quiere levantarse para volver a amar. García Lorca se enamora de una mozuela que tenía marido, cerca del Guadalquivir. Bécquer encuentra golondrinas en todos los balcones, y Silva se vuela los sesos en un arrebato de amor irrefrenable. En las manos de seda de Rosa Villegas dejó su palpitante corazón aún vivo. Nadie ose decir que el amor no es bueno, pero también sirve para suicidarse.
Tanto el texto como el autor parecen perseguidos por miles de abejitas, como las que persiguen al señor que vende pan de dulce. Así son estos versos. Es el viento bueno del amor que trae a las aves del sur para que asistan a la inauguración de los amaneceres. La cura total y definitiva para la ansiedad y para la peste bubónica de las despedidas. Es la agonía dulce de amar y ser amado.
Poesía de primavera escrita en otoño
Hay lagunas de paz que nacen en los versos de Galo Barcia. Es el agua donde se ahogan los patos y saltan las libélulas para abrazar al infinito. Es poesía de la primavera escrita en el otoño. Son versos bandidos, curiosamente atados por el lazo cómplice del lector que vive sus propios desencuentros de amor. Y ese es el éxito, provocar el encuentro de personas que nunca se han visto, pero se entienden perfectamente porque los amarra el nexo secreto del amor.
Es una pena que la estupidez humana haya eclipsado a la poesía. Si hubiera espacio para la poesía habría más luz en el mundo y menos esperpento. Vicente Amador Flor estaría orgulloso de su estirpe.
Versos de muestra

Veamos esta muestra en el breve poema denominado «Ser de tu Haber»: Monopolizada como tienes el agua/ frenada a raya la luz que me toca,/ y como si fuera poco,/ se te ha metido la locura/ de arrestar mi palabra,/ y yo me quedé en el silencio/ como de muerte…/
Como eres la lámpara que incendia/ la braza de un pañuelo/ hay un largo misterio/ del fuego indescifrable/ de no saber si me quema airado,/ o es tu pócima milagrosa/ que me reencarna,/ en una agitación de mis lábaros/ trasnochados por la duda…/
Es que sin dar más vueltas,/ todo lo tuyo es abundante,/ La mariposa temblando/ en el sopor del néctar./
Círculos y más círculos/ en tu redondez de agua,/ girando a tu modo/ en la intemperie del alba./
Cicatriz tuya desvelada/ oteando las huellas/ de mi pisada/ la que quedó,/ o las que quedarán, / si, buscándote/ por los recovecos que invento,/ hay un trillo de arena/ muriéndose en tus senos./ ¡sálvame!/
Pero de qué, si a mí me gusta,/ caer en tu redada,/ si estoy a gusto y hecho/ en la lampiña devoción/ de ser y no ser el nudo de tu secreto?/
Tienes para mi invento,/ la intermitencia de tus glaciares/ derretidos y más allá/ de lo humanamente posible.
Poeta vívido y vivido
GALO BARCIA es la mezcla de Jacinto Santos Verduga y Hugo Mayo, a su manera. Va por el mundo proclamando que se morirán de amor los gusanos cuando muera y torciendo el cuello al cisne de engañoso plumaje para crear versos excéntricos y al mismo tiempo tan naturales que se agarra de las cosas más comunes para crear tropos inverosímiles.
Es la poesía en emergencia. Es la voz de un poeta vívido y vivido que clama en el desierto del desconcierto para que vean que es cierto que existe poesía en los pañuelos y que se emborrachan los pájaros.
A fin de cuentas el mundo anda borracho de desamor. Jacinto Santos Verduga dijo que en la casa de un poeta un pájaro abre la puerta. Cuando muera, su corazón saldrá volando como un pájaro.
GALO BARCIA FLOR ES UN POETA.
