Fue buena la intención de dar a los electores ecuatorianos una oportunidad para conocer, de primera mano, el carácter y las propuestas de cada candidata y candidato a ejercer la función de vicepresidenta o vicepresidente de la República del Ecuador en el periodo 2025-2029. Sin embargo, la forma rígida del debate mediático tuvo algunos desaciertos que pasamos a comentar.

El “debate vicepresidencial” se realizó en la ciudad de Guayaquil, desde las 19h30 hasta las 22h30 del domingo 12 de enero del 2025, organizado y dirigido por la Universidad Bolivariana del Ecuador (UBE), con aval del Consejo Nacional Electoral (CNE).

El comienzo del debate fue inicialmente programado para las 19h00, pero sin justificación alguna empezó media hora después; la extensión del programa resultó muy larga en víspera del reinicio laboral semanal; las numerosas preguntas por debatiente redujeron al mínimo el tiempo destinado a respuestas; y el exceso de publicidad favorable a la UBE desmereció su intención de mostrarse como institución educativa patriótica, y además molestó a radioescuchas y telespectadores.

Luego, en lo de fondo, el esquema inflexible de la discusión, con apenas segundos para responder las preguntas, llevó a respuestas memorizadas con el patrón propagandístico de cada organización partidista. Faltó tiempo y libertad para expresar argumentos espontáneos, estructurados al calor de las preguntas. Hubo demasiadas interrogantes.

Es necesario tener presente que, quien llegue a ejercer la función de vicepresidente o vicepresidenta de la República por mandato popular, únicamente puede administrar el país cuando falte la presidenta o el presidente. Si este caso se da temporalmente, tendrá que ceñirse al plan previamente acordado, inscrito en el CNE y emprendido por quien ejerza el mandato presidencial. Solo si el reemplazo es definitivo podrá tomar -suponiendo que sea esta su intención- otros rumbos diferentes a los de quien sucede.

Y aquí cabe hacer notar lo siguiente: quien ejerza la Vicepresidencia de la República debe hallarse siempre al día de lo que hace o deje de hacer el gobierno en el que tiene corresponsabilidad, de modo que al asumir eventualmente la Presidencia pueda continuar sin sobresaltos el plan trazado. Esto hace indispensable que se mantenga cerca del Despacho Presidencial y asista con regularidad a las reuniones del Gabinete ministerial. Claro, como un observador con voz pero sin derecho a voto.

Editorial de REVISTA DE MANABÍ.