Es malo para Ecuador que su población esté dividida en dos corrientes partidistas, antagónicas a causa de ideas manipuladas. Ni la derecha política es una panacea, ni la izquierda es tan feroz como la pintan.
La derecha es el ideario de las élites dominantes cuyos privilegios nacieron con la organización social de la humanidad. Abogan por conservarlos hasta el infinito, aunque para ello tengan que soslayar a quienes están en las escalas más bajas de la sociedad.
Mientras tanto la izquierda es el ideario de quienes, hallándose debajo de los primeros, quieren una sociedad más equitativa, justa y solidaria. Consideran al Estado el medio idóneo para lograrlo.
Tanto los ideales de derecha e izquierda están movidos por la particular naturaleza de cada colectivo, resultando normal el comportamiento de unos y otros. Lo irregular es el fanatismo a ultranza que agravia con insolencia e induce al enfrentamiento disociador.
La coyuntura electoral presente deja en evidencia muchos actos partidarios y estatales que minan la confianza del público en las instituciones llamadas a ser ejemplo de sapiencia, legalidad y cordura, como aquellas que patrocinan candidaturas, gobiernan, administran justicia, dirigen los procesos electorales o cuidan la seguridad ciudadana y la del territorio.
Es en los momentos de graves dificultades cuando se prueba el talento y las acciones de los líderes auténticos, pero a día de hoy casi ningún liderazgo ecuatoriano pasa el escrutinio.
Los ecuatorianos necesitamos una brillante conducción social a fin de resolver los problemas y desarrollar al país. ¡Ha llegado la hora de reaccionar y cambiar!
Editorial de REVISTA DE MANABÍ.
