Esta opinión está enfocada en hacer notar el perjuicio social que ocasiona la desnaturalización de ideas y doctrinas que, bien comprendidas, sirven de contrapeso para sostener la pluralidad del pensamiento y el quehacer humanos.
Por Pedro Pablo Jijón Ochoa *

Es lamentable que en nuestra sociedad se hayan normalizado ideas, pensamientos y aseveraciones que demuestran un fuerte enfriamiento del sentido humano. Frases que demuestran apatía espeluznante, que son el sentir de personas alejadas de las necesidades de los demás; sin saber que lo que afecta a uno, irremediablemente nos afecta en algún momento a todos.
Sociedad desvalorizada
«Con que a mí no me afecte» es una de las frases más frías; apática, amoral, nihilista, que demuestra la deshumanización de la sociedad.
Uno de los objetivos del neoliberalismo es crear personas con altos niveles de apatía, con muy bajo nivel cultural, con salud deplorable; con miedos, con mentalidad nihilista (vida sin sentido, sin propósito), para manejar fácilmente sus mentes y voluntades. Lo hemos constatado en este período de tres gobiernos de los neoliberales Moreno, Lasso y Noboa, con recortes presupuestarios en educación, salud, agricultura y seguridad; logrando así desvalorización y apatía en gran porcentaje de la población que, manejados mentalmente, caen en el círculo vicioso de volver a votar por candidatos neoliberales.
Democratización de la violencia
En nuestro país ya se ha normalizado la apatía a través del maltrato intrafamiliar, muertes por hambre y desnutrición, muertes por falta de inversión en salud pública, desplazamientos y migración por desempleo y extorsión (mal llamada vacuna), masacres y muertes colaterales; cifras alarmantes que, más que cifras, son personas y familias golpeadas por el abandono estatal.
En días previos a elecciones en Ecuador, reviven viejos actores politiqueros -muy bien pagados, por cierto- para inocular en la opinión pública miedos y odios, enarbolando las palabras democracia y libertad. Lo cierto es que lo único que el neoliberalismo ha democratizado es la pobreza y la violencia; y ha dado libertad para migrar y vivir bajo la línea de pobreza.
Hipnosis política vs prensa alternativa
Hay que reconocer el destructivo trabajo de la prensa tradicional, patrocinada por oscuros poderes, desde cuentas offshore o desde fondos estatales desviados ilegalmente para tal efecto. Con gran complicidad de holdings y élites políticas neoliberales, implantando narrativas en las mentes de sus audiencias para confundir, distraer, dividir y llenar de odio; induciendo al votante a un estado de «hipnosis política» para elegir a quien lo empobrece integralmente.
En buena hora, como contraparte al ataque de la «prensa mermelera», en Latinoamérica y en nuestro país se ha venido desarrollando y especializando la prensa alternativa, prensa que muestra la noticia de manera libre y objetiva, sin más presión que expresar la verdad.
Inversión social para generar desarrollo
Para retomar el desarrollo económico, político, social, y cultural, se hacen necesarios planes de inversión aplicando el círculo virtuoso de la inversión pública, que genera bienestar a todo nivel.
Inversión en sistema de salud pública, en educación, en cultura, en seguridad.
Inversión en la economía popular solidaria, impulsando emprendimientos que generan oportunidades de trabajo para el 85 % de la población.
Solo así podremos erradicar la pobreza, la violencia y la muerte.
Renovar la mente
La apatía de los que, sin ninguna vergüenza, pregonan la frase: «con que a mí no me afecte«, es lo que realmente hace daño a la democracia, a la economía, al tejido social, a sus hijos y hasta a sus propias vidas.
Esforcémonos por renovar la mente, por lograr una sociedad con altos valores morales, que cultive el hábito de la lectura, que desarrolle el espíritu analítico; solo así no seremos esclavos serviles de oportunistas en el poder.
* Pedro Pablo Jijón Ochoa. Ingeniero comercial y director ejecutivo de Asesoría a Organizaciones Agrícolas Productivas (ASESORAP: asesorapecuador@gmail.com). Reside en la ciudad de Guayaquil, Ecuador, y ocasionalmente ilustra con su opinión a quienes leen REVISTA DE MANABÍ.
