Tal como se halla conformada hoy la institucionalidad estatal fundada en Occidente, da preferencia favorable a las élites con poder de dominio sobre las mayorías trabajadoras y con posesiones mínimas, pese a ser estas últimas indispensables para labrar la riqueza de cada país.

Esa primacía elitista, que suele derivar en inequidades, trae como consecuencia la descomposición social empujada por intereses acaparadores que llevan a precarizar la vida de los estratos más bajos de la sociedad, dando lugar a que algunos resignen su vergüenza urgidos por las necesidades de sobrevivencia que les apremian.

La supremacía elitista se manifiesta, sobre todo, en quienes asumen la dirección y administración del Estado, que de hecho cambian su rol de mandatarios por el de mandantes, cualidad esta última que solo corresponde a los electores. Y este acto apropiatorio les induce a manejar la cosa pública como si fuera privada, dictando políticas estatales que benefician a los de arriba y perjudican a los de abajo.

Ese proceder usurpador crea también un problema de fondo: la mayor parte de la masa monetaria generada por el conjunto del país, pero acumulada por unos pocos, ni siquiera se reinvierte para fortalecer el desarrollo local, sino que -con desmedido afán de lucro- la expatrian y depositan en instituciones financieras de los países ya desarrollados.

Mientras tanto, se agravan y aumentan los problemas internos, desmejorando el nivel de vida de la gran masa ciudadana, como sucede lamentablemente dentro del Ecuador.

He ahí la razón para plantear una indispensable refundación del Estado, empezando por cómo son elegidos los mandatarios (mujeres u hombres) y cómo estos designan a sus subordinados, procurando básicamente que solo postulen a elección popular las personas cuya honestidad y alta calificación profesional son manifiestas.

Al mismo tiempo hay que depurar el mañoso entramado burocrático que perpetúa privilegios, demora los trámites y da pie a los actos de corrupción.

En suma, hay que reescribir íntegramente la Constitución Política de cada Estado, dejando esta iniciativa bajo el compromiso cívico rector de quienes dirigen con prestancia organizaciones de la sociedad civil, alejadas de amarres partidistas, gubernamentales, ideológicos y empresariales.

Editorial de REVISTA DE MANABÍ.