El quehacer cultural en la provincia de Manabí (Ecuador) durante la última década (2016-2026), examinando el predominio del arte literario expresado a través de numerosos libros contenedores de historia, novela, poesía y cuento; y aventurando la esperanza de mejor producción en la década siguiente.
Por Víctor Arias Aroca*

Somos una región rica en motivos y vivencias. Exquisita en sabores y vigorosa en paisaje. Rica en poetas y ruiseñores, sus novelas mágicas todas pertenecen al siglo XX.
Los Designios, de Luis Félix Lopez; Yadira, de Nelson Vera Loor; La Mula Ciega, de Oswaldo Castro; Dos Hombres Importantes, de Ruisdael García; Sed en el Puerto y Un hombre y un río. Y dos poetas trascendiendo América, como Vicenta Alarcón y Vicente Espinales. Esto es un repaso rápido.
Pero la tradición viene de principios del siglo XX cuando Manabí tenía juegos florales, costumbre muy europea; al igual que las casas tenían piano, sobre todo en Chone, Rocafuerte y Portoviejo.
El siglo XXI amaneció con buenos augurios desde las universidades que proyectaron una política editorial, como la ULEAM con Mar Abierto. Los auto-publicados pululan este siglo.
Más: en los últimos diez años yo pondría los libros de Primitivo Ganchozo, la Antología Poética de Mujeres manabitas; Antología Discurso Bajo Muchas Lunas, de la que es un deleite leer a Alice Moreira, Edith Cuadros, Betty Salcedo, Betty Mendoza, y otras. Y en proceso el libro de Vicenta Alarcón, Dejando Huellas, y Muestrario de Ternura, de Galo Barcia Flor.
Esperamos el libro no anunciado de Manuel Andrade Palma, que registra mucha poesía en redes sociales; eso sí, producción de lujo. Verdy Arrunátegui, muy activo. Lectura obligada es Inspiraciones, de Melvin Herrera. Esto en poesía. En novela hay buenas noticias más adelante; pues, esta es mi área.
En cuanto a la administración pública de la cultura el saldo es negativo a nivel nacional; el sistema nacional de cultura entró en crisis y el presidente eliminó el Ministerio de Cultura por falta de resultados.

Desde Manabí debemos implementar una nueva política cultural, para proponerlo a la Asamblea, propiciando la eliminación del requisito concursable del arte. Ya en el mundo entero eso es el pasado. Hasta el premio Nobel lo selecciona un equipo de intelectuales y lectores de alto nivel.
Los fondos para danza, pintura, teatro y cine, deben ser repartidos en orden de calidad y en orden de presentación, mediante la rigurosa revisión de contenidos. Así, el Viceministerio -o lo que quede del Ministerio de Cultura- tendrá harta tarea.
Ahora bien, Manabí siempre ha sido una potencia cultural y sus creadores muy considerados a nivel nacional e internacional. El GAD provincial debe recuperar su competencia en artes. Existe un amplio estudio de libros manabitas en las bibliotecas de las universidades del mundo. Creo que es de Jaime Alcívar.
Es decir, hay grandes motivos de orgullo y la última década ha sido de siembra. En novelística hay noticias: existe entre ellos un ganador de un premio literario en Cuenca, Jeovanny Benavidez; también Félix Pilay y Santos Miranda.
Esperemos a ver qué proyectan las nuevas universidades. Especialmente la UTEC, que ya está en Montecristi; la UBE, que ya está en Portoviejo; y la Pontificia.
Vamos por buen camino.

* Víctor Arias Aroca es ciudadano de la provincia de Manabí (Ecuador), culturalmente formado en el Cantón Manta donde reside, aunque hace maletas para establecerse en Nueva York donde se halla su esposa. Es abogado con título de doctor y ejerce esta profesión con sobresalientes resultados; mas, su inspiración intelectual predomina en el quehacer literario, con celebradas narrativas, poemas cautivadores, y discursos pronunciados con vibrante oratoria.
