En la noche del domingo 25 de enero del 2026 fueron asesinadas ocho personas, en actos distintos acaecidos en las ciudades de Manta y Montecristi, provincia de Manabí, República del Ecuador.

Uno de tales asesinatos ocurrió en el tercer piso alto de una residencia particular, donde se desarrollaba una fiesta familiar. Fue un acto de inusual atrevimiento imposible de tolerar.

Así que todos los ciudadanos ecuatorianos debemos reaccionar, cada quien a su manera, para frenar esta violencia criminal que se amplía vertiginosamente hacia los diferentes lugares del país.

Matones: recapaciten

Y esa reacción debe comenzar por los mismos matones, sus informantes y quienes les ordenan matar.

Los primeros deben tener claro que sus matanzas atormentan su propia vida, poniéndola en riesgo constante, porque las víctimas tienen aliados y familiares que pueden vengar la muerte de aquellas; la fuerza pública les perseguirá para ponerlos a orden de la justicia que los encarcelará por largo tiempo; y, más temprano que tarde, pagarán sus crímenes de una u otra manera. Además de que con sus actos malsanos dañan la vida de su respectiva familia.

Los que informan el paradero de las víctimas; los que ordenan las muertes, y sus intermediarios, correrán una suerte parecida.

Nadie que haga daño a su semejante queda libre de la Justicia Divina. Y solo un “cuarto de hora” de riqueza y placer no compensa el tormento de lograrlo.

Por lo tanto, gente descarriada y sometida por el mal, es tiempo de rectificar, abandonar esas malas andanzas y encomendarse a DIOS para que les guíe por el sendero del bien y les permita vivir sin sobresaltos, tanto a ustedes cuanto a sus familias.

Reacción desde la otra orilla

A lograr esto deben contribuir, adaptando sus respectivas acciones, quienes dirigen, administran y operan los diversos medios de comunicación masiva; la Función Judicial; los altos funcionarios del Estado a cargo de la seguridad pública; la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas.

Y, claro está, se necesita el aporte indispensable de cada familia, estrato donde se gesta el comportamiento social de cada uno de sus miembros.

Empezando por las familias a las que pertenecen quienes han caído en el mal. Tienen que persuadir a sus miembros descarriados para que cambien de actitud y retomen su vida de trabajo decente, quizás de pago mínimo, pero respetable y tranquilo.

Todas las familias, en general, tienen que aportar su granito de arena previniendo que nadie de su círculo caiga en la tentación de delinquir, de ninguna manera.

Lo mismo quienes guían y dirigen los espacios laborales de toda índole, deben interesarse por crear ambientes de trabajo satisfactorios, de modo que sus trabajadores no tengan motivación para prestarse a la seducción de quienes forjan el mundo del mal.

(Campaña comunicacional de REVISTA DE MANABÍ para el bienestar de todo el Ecuador.)