Una familia de Portoviejo, provincia de Manabí (Ecuador), caracterizada por sus cualidades funcionales de artistas plásticos, ha emprendido hace poco un voluntario largo viaje de investigación, conocimiento, solaz y fraternidad suramericana, del cual REVISTA DE MANABÍ irá dando cuenta progresivamente, iniciando con el artículo que sigue a continuación.

Por Vladimir Zambrano / vladichzg@gmail.com

Acordamos reunirnos con la familia Cedeño Moreira en la Hostería Oceanic, en Puerto López, el martes 14 de julio, para conversar sobre su proyecto cultural, que entonces llevaba veintitrés días de recorrido. Cuando llegué junto a mi esposa Lorena y comenzamos a conversar, pregunté con mucho interés sobre el génesis de su plan y descubrí unas vidas que iban más allá de lo que podía escuchar.

El proyecto se denomina «Familia de Colores», conformado por Víctor Cedeño, Xiomara Moreira y su hijo Joaquín, un joven artista de seis años.  La travesía forma parte de la programación de la Escuela de Artes Víctor Cedeño. Ellos son artistas plásticos, cultivan la pintura y la escultura en barro, arcilla, piedra y cerámica. Los dos nos indicaron que su proyecto es más que un trayecto, es una expedición de conexión cultural y un ejercicio de reciprocidad. Foto 1: Víctor, Xiomara y Joaquín.

El proyecto propone construir un tejido intercultural durante dos años recorriendo el perfil costero del sur de Ecuador, atravesar Perú y concluir en las altas tierras de Bolivia.

Partiendo de Portoviejo, el grupo familiar se ha propuesto hacer de la ruta un lienzo vivo, tejiendo una red que diluye fronteras a través del intercambio, el arte y la vida comunitaria.

Durante su estancia en Puerto López, el colectivo ha dejado una huella tangible en la Hostería Oceanic, donde han culminado un impresionante mural que integra magistralmente elementos ancestrales y naturales, de la tierra y del mar, simbolizando la conexión profunda con nuestro territorio. De la misma forma, se han involucrado con la comunidad llevando a cabo talleres de pintura entre la población infantil, como una forma de generar comunidad viva en el arte.

Mural frente a la Hosteria Oceanic.

La experiencia ha contado hasta ahora con el respaldo de los administradores de la hostería, Junior Coime y su esposa, quienes como amantes del arte brindan las facilidades logísticas del paso de la caravana familiar. Más allá del pincel, su estadía ha sido un proceso de inmersión total. Víctor nos comenta: ««Familia de Colores» ha compartido la cotidianidad local participando en celebraciones familiares, caminatas playeras y talleres de sanación y limpieza natural, como una forma de habitar el camino, en la que el intercambio nos refuerza la filosofía de entender el arte como un catalizador de energías y vínculos”.

A lo largo del recorrido, «Familia de Colores» avanzará de poblado en poblado ofreciendo talleres de pintura abiertos a la comunidad y realizando murales que, además de convertirse en un legado artístico, constituirán el principal sustento económico para financiar los más de setecientos días de viaje e investigación.

Taller de pintura en Puerto López.

Xiomara nos comentó sobre su carrera como educadora y su interés en la cultura manabita. Decidió tomarse este tiempo de su carrera para encontrar una ruta distinta y enriquecedora con el proyecto familiar.

Los dos, además de artistas plásticos y educadores, son estudiosos de las culturas ancestrales de la costa ecuatoriana. Son custodios de bienes arqueológicos registrados ante el INPC, fruto de más de una década de reunirlos, y marcan un interés genuino por la conservación de los sitios arqueológicos y la difusión del aprendizaje de las culturas que nos han conformado.

Con un interés compartido con Víctor y Xiomara por conocer más sobre la arqueología, nos dirigimos al Museo de Salango para aprender sobre las balsas oceánicas, con los que nuestros pueblos originarios navegaron hacia lejanas latitudes para intercambiar la codiciada concha Spondylus. El día nos alcanzó también para irnos a visitar Agua Blanca, antigua Salangomé, donde visitamos el Museo de Sitio y el guía comunitario nos condujo hasta la terraza del Solsticio para que observáramos las sillas de piedra en U en fragmentos, en lo que fue su emplazamiento original del antiguo pueblo manteño que habitó el sitio.

En el Museo de Salango, Xiomara, Vladimir y Lorena, con Sabino Pincay tras el escritorio, presidente de la Comuna y guía del Museo.

Con la mirada puesta en el sur, la siguiente etapa de «Familia de Colores» los conducirá hacia Valdivia, Real Alto, Santa Elena, Guayaquil y Yakuviña, antes de cruzar la frontera con el Perú y continuar hasta Bolivia. En ese recorrido visitarán importantes centros arqueológicos vinculados con las antiguas redes de intercambio del Pacífico, como Túcume, donde podrán contemplar los célebres muros de adobe en los que aparecen representadas las Spondylus y las embarcaciones de balsa utilizadas por los antiguos navegantes manteños, murales labrados por los lambayeques y chimúes del antiguo Perú. Más adelante recorrerán el camino inca denominado Cápac Ñan; y, al arribar al Cuzco observarán el Coricancha para luego subir a las ruinas del Machu Picchu.

En cada uno de esos lugares, la familia Cedeño buscará dialogar con el pasado desde el presente, transformando ese rico legado histórico y arqueológico en nuevas expresiones artísticas que nutrirán sus talleres y su Escuela de Artes.

Además, Víctor quiere visitar el Archivo General del Perú y recabar información sobre la historia colonial de Portoviejo y Manabí. Junto con Víctor hemos compartido el disfrute de reunirnos en largos diálogos sobre libros en el club de lectura El Quijote, donde siempre sentí que el diálogo con él es inacabable, pero ahora escuchaba un propósito sorprendente. Su espíritu de investigador no cesa, y esperamos que no cese.

Finalmente, Víctor me indica con convicción: “El arte es la herramienta definitiva para unir culturas, basada en el conocimiento compartido y el respeto por nuestra raíz ancestral”.

Al concluir la jornada con «Familia de Colores», mientras caía la tarde y regresábamos con Lorena a Manta, pensaba en la libertad con que Víctor y Xiomara habían decidido emprender este extraordinario viaje para aprender, crear y compartir. Ellos convertirán el camino en su escuela y el mural en su lenguaje, pero su mayor obra será la red de afectos, conocimientos y recuerdos que dejarán sembrada a lo largo del continente, mientras se conceden, junto a Joaquín, dos años sabáticos para vivir plenamente esta experiencia de arte, aprendizaje y encuentro con sus raíces.

Xiomara, Víctor y Vladimir, en la Hosteria Oceanic, Puerto López.