Breve semblanza histórica que retrata la vida de un ciudadano ecuatoriano, químico farmacéutico doctorado, destacado por su prolija labor de científico y docente, fundador de instituciones relacionadas con su campo de acción, propulsor de que Ecuador reconozca oficialmente la celebración anual Día del Trabajador, además de haber servido con fidelidad a la causa liberal propugnada por el ex presidente Eloy Alfaro Delgado.
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Autor: Tonny González Palacios / tgonzalez2005@yahoo.es

Para sociedades que están “viajando” a velocidad y que se mueven con cierta indiferencia de los sucesos y fenómenos sociales, existe el deber social de promover el conocimiento acerca de hombres que han dedicado su vida a engrandecer la humanidad. Son ellos quienes con su trabajo potencian al país; con su contribución a la cultura robustecen su historia y dejan una huella que se proyecta y fortalece la identidad nacional.
Por eso es necesario traerlos al presente con su inmensa aportación, que no es lo del momento sino la proyección que su accionar ha tenido sobre la vida del país. De allí que tomaremos a ciertos personajes que se han jugado por engrandecer a su patria.
La gran Biblioteca Municipal de Guayaquil, en su sección de autores nacionales, se honra en llevar el nombre del ilustre guayaquileño Dr. Carlos Rolando Lobatón, quien durante un gran tramo del tiempo que duró su vida, en un meticuloso trabajo realizó una exquisita recopilación, recolección y recuperación bibliográfica de autores nacionales, que le permitió estructurar su biblioteca privada, la cual -según los datos recogidos por el investigador Rodolfo Pérez Pimentel- constaba de: 1.346 obras, 200 tomos, 3.276 folletos, 712 colecciones con 40.271 ejemplares; la misma que, después de ponerla al servicio de la ciudad, fue donada al Municipio de Guayaquil para que a partir de esta base se desarrolle la Biblioteca Municipal que hoy es honra y orgullo de esa ciudad.
Carlos A. Rolando Lobatón fue un ciudadano de extraordinaria trascendencia e importancia, perfil ganado con permanentes y múltiples acciones de servicio y notables contribuciones para la sociedad en las áreas científica, cultural, periodística, y de lucha social. Su nacimiento sucedió el 13 de septiembre de 1881 y falleció el 5 de enero de 1974.
Había obtenido el doctorado en Química y Farmacia otorgado por la Universidad Central del Ecuador en el año de 1905. Se especializó en la Universidad de San Marcos -Lima, Perú- en 1906, destacándose por su acuciosidad de investigador estudioso. Esto le permitió a su regreso ejercer como docente en el Colegio Mejía y posteriormente en la Universidad de Guayaquil, por un periodo amplio.
Su aporte científico fue realmente relevante. Publicó su “Manual de Técnicas Analíticas”, texto que fue asumido en el país como la primera guía para trabajos de laboratorios. Luego llegan sus “Apuntes de Química Médica”, además de textos de física y química, para escuelas y colegios. A ello se suman los múltiples trabajos de investigación con elevada exigencia científica.
En el campo de la historia ejercitó una rigurosa investigación con trabajos que lo llevaron a acreditarse como miembro de la Academia Nacional de Historia, de la Sociedad Bolivariana, del Centro de Estudios Geográficos e Históricos del Azuay; y fundó el Centro de Investigaciones Históricas de Guayaquil. Realizó, además, una voluminosa recopilación documental de las escribanías de la colonia y la república.
Su pasión bibliófila fenomenal es reconocida por el investigador Pérez Pimentel, quien lo considera como el “Príncipe” de dicha actividad; y es el mismo Pérez quien recoge una precisa definición del destacado intelectual Richard Battee, quien en 1937 señala a Rolando como “incansable preservador de las manifestaciones espirituales del país”.
En el campo del periodismo aportó con su pensamiento militante del radicalismo, asumiendo con sentida consecuencia las posturas alfaristas, siendo un ardiente defensor del laicismo y de las libertades del hombre; y es en esa línea de consecuencia que se sumó a Alfaro como un combatiente en el conflicto de 1910 con el Perú, cuando asumió como farmacéutico de nuestro ejército.
Carlos Rolando, desde muy joven había abrazado la doctrina masónica y la ejerció con ejemplar comportamiento social, siendo por tanto su actividad social, junto con su posición política, diáfana y coherente con su pensamiento para ponerlos al servicio de la humanidad.
El historiador Elías Muñoz Vicuña destaca de Carlos Rolando su ligazón y trabajo con el movimiento obrero guayaquileño, encontrando en él sincero accionar, vocación y altruismo, dentro del cual destacó por su notable gestión de organizador y dirigente del naciente movimiento obrero.
Para 1913, al conmemorarse la gesta obrera internacional sucedida un primero de mayo, se constituyó un comité -con el nombre de aquella fecha- del cual el Dr. Rolando fue designado su presidente. Y es ese comité que plantea al gobierno ecuatoriano presidido por Plaza Gutiérrez, que reconozca oficialmente dicha fecha y se añada en el calendario de festejos nacionales el Día del Trabajador, como en efecto sucedió; a lo que se añadió una plataforma de reivindicaciones propias del sector obrero. Este día fue reconocido en 1915, siendo ruidosamente festejado en Guayaquil y otros lugares del país, reconociendo sobre todo la valiente, inteligente e incansable gestión de Carlos Rolando.
La estatura de ser humano integral, de Carlos Rolando Lobatón, merece el territorio de la memoria cívica y su proyección como ícono social, pues su dimensión trascendente en la ciencia y su caudalosa entrega en lo humano, lo constituyen un paradigma para afirmar los sueños de una patria donde la cultura, la justicia y la libertad sean pilares de la vida nacional.
