Por: Joselías, 2026-11-04

Joselías Sánchez Ramos

¡Hola, amigos!

El 4 de noviembre de cada año, desde 1938, los mantenses nos reunimos para celebrar nuestra cantonización.

Es un día de 1922, en que Manta cambió para siempre. Así lo entendió el Municipio presidido por don Efraín Álava que, en 1938, resolvió declararlo “Día cívico de Manta”. La Asamblea Nacional acoge y ratifica la decisión municipal mediante Acuerdo Legislativo del 4 de octubre de ese mismo año.

Es un día en que niños y viejos, mujeres y hombres, desfilan con altivez, enarbolan con júbilo la bandera azul y blanco, se saludan y abrazan en las calles, en los vecindarios, en los parques; porque el 4 de noviembre no es solo una fecha del calendario, es memoria viva del pueblo mantense.

Para comprender este júbilo, es necesario entender algo fundamental: no fue un punto de partida, sino un punto de llegada. No fue el inicio de una idea, sino la confirmación de una larga construcción colectiva que venía gestándose desde el 18 de julio de 1912.

EL DECRETO

Después de diez años de gestiones, esfuerzos y perseverancia, la causa de la cantonización de Manta alcanzó su punto decisivo. El proceso no fue simple ni automático. Fue el resultado de una articulación compleja entre voluntad ciudadana, liderazgo político y marco jurídico.

En este escenario, tuvieron un papel relevante figuras cívicas y políticas como Ascario Paz Bonilla, el presidente José Luis Tamayo y el diputado Sergio Domingo Dueñas. Ellos cumplen el acuerdo político que asumieron el año 1919.

El 30 de agosto de 1922 el diputado Sergio Domingo Dueñas presenta el proyecto de cantonización de Manta al Congreso Nacional. Treinta días después, tras aprobarlo el pleno del Congreso, el presidente de la República firma el ejecútese, el 29 de septiembre. Al día siguiente, 30 de septiembre, se publica en el Registro Oficial.

Ascario Paz y Sergio Domingo Dueñas traen a Manta una copia del Decreto. El pueblo de Manta lo conoce el 8 de octubre cuando el Sr. Carlos Cevallos Barreiro le da lectura en el parque central.

El 4 de noviembre de 1922 el pueblo se vuelve a reunir en lo que hoy es la Plazoleta Azúa para escuchar, mediante bando, la lectura oficial del Decreto de Cantonización. Lo pronuncia el notario de Montecristi, don César A. Ochoa Chávez, quien protocoliza el documento teniendo como testigos al pueblo allí reunido.

Ese gesto, aparentemente formal, tuvo una enorme carga simbólica. No fue solo una firma. Fue una celebración colectiva de reconocimiento. Allí, la historia dejó de ser una aspiración y se convirtió en un hecho tangible.

Lo que ocurrió ese día no fue la creación de Manta como ciudad. Fue el reconocimiento de su madurez histórica. La ley no inventó la realidad, reconoció a Manta como cantón de la República.

El júbilo del pueblo no era solo alegría. Era también alivio. Era la sensación de que una larga espera de diez años había llegado a su fin.

Mi padre, Víctor Sánchez, vivió ese momento de logro colectivo. Lo sentí como una mezcla de orgullo, esperanza y reconocimiento de la historia común de un pueblo que tenía fe en sí mismo, nos narraba con entusiasmo desbordante

Manta se reúne para celebrar no solo el presente. Celebra también a quienes hicieron posible ese presente sin llegar a verlo.

En ese sentido, cada celebración histórica es también un acto de memoria. Un reconocimiento silencioso a quienes sostuvieron el proceso en sus etapas más difíciles.

Mas, lo que viene ahora es un reto desafiante. A las generaciones presentes les corresponde construir sobre lo conquistado, sumando nuevos logros colectivos. (Joselías, 2026-11-04)