Por David Ramírez, periodista de la provincia de Manabí (Ecuador) radicado en Nueva York, E.U.A.

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Periodista David Ramírez Bravo. / FOTO: María Fernanda Hublaut
Autora de la foto: María Fernanda Hublaut

“Nuestra ciudad, sin duda alguna, es una ciudad milenaria; así lo muestra nuestra cultura. Hemos encontrado una silla manteña que ahora, gracias a la gestión de nuestros gestores culturales, se reconocerá —por el trabajo y aporte de ellos junto a la academia— como la marca ciudad”. Este fragmento corresponde al discurso que la alcaldesa Marciana Valdivieso pronunció en el año 2024. Las palabras, de las cuales existe un registro irrefutable en video, parecían poner fin a una larga espera.

Sin embargo, las promesas políticas en Manta caducan rápido. Han transcurrido dos años desde aquel anuncio y el compromiso sigue en el limbo del olvido. Lo que la primera autoridad dejó implícito como un acto de justicia histórica —oficializar a la silla manteña, máximo emblema de soberanía, organización social e identidad de la cultura manteña, como marca ciudad— se ha convertido en una muestra más de demagogia institucional. Esta propuesta, que desde la sociedad civil y la academia venimos impulsando con absoluta firmeza y sustento desde el año 2014, sigue frenada únicamente por la falta de voluntad política de quienes gobiernan.

La parálisis de la alcaldía es técnicamente injustificable. Entre los años 2024 y 2025, el Comité Cívico de la Memoria Histórica de Manta (CCMHM), presidido entonces por el historiador Joselías Sánchez, evaluó la propuesta en múltiples mesas de trabajo y emitió dos informes favorables. La recomendación final fue categórica: este trono arqueológico debe ser el eje central e innegociable de la marca ciudad. Si el CCMHM —un organismo creado por la propia alcaldesa para asesorarla en memoria histórica— falló a favor de manera unánime, ¿por qué se sigue dilatando y boicoteando una decisión que cuenta con todo el respaldo técnico y social?

Audio video en el que la alcaldesa Marciana Valdivieso ratifica que la silla manteña será reconocida como la marca ciudad de Manta. / FUENTE: David Ramírez, NY.

El discurso oficial incurre en una flagrante contradicción. Por un lado, la alcaldesa se ufana públicamente del pasado milenario de Manta y reconoce que los actores culturales y la academia han probado la relevancia ancestral de este trono de piedra en forma de “U”. Pero, por el otro, engaveta los informes y condena al cantón a la ausencia de una identidad gráfica oficial que nos proyecte al mundo. Mientras la administración municipal congela el dictamen, la sociedad civil y la ciencia avanzan a un ritmo que la burocracia local parece no alcanzar a comprender.

El contraste es vergonzoso para las autoridades locales. A nivel internacional, la silla manteña ya es nuestra marca ciudad de facto: ha sido promovida en los maratones más importantes del mundo y ha protagonizado eventos científicos en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. En julio de este año, una arqueóloga de este museo encabezó expediciones en Cerro Jaboncillo y Ligüiqui.

En el ámbito local, la erección de la monumental silla manteña en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (ULEAM) por el centenario de cantonización, y el reciente simposio sobre la balsa manteña, demuestran que la identidad está viva en la gente. La apatía de la alcaldía y el desinterés del Concejo Municipal caminan en la dirección opuesta al clamor ciudadano.

Alcaldesa de Manta, Marciana Valdivieso, durante su discurso en el Museo de Historia Natural en Nueva York./ FUENTE: D.R.B., NY.

Este 4 de noviembre, en la sesión solemne por la cantonización de Manta, se conferirá al CCMHM la condecoración al Mérito Cultural. Detrás de los aplausos protocolares se esconde una profunda y cínica incoherencia. Resulta inadmisible que la alcaldesa otorgue una distinción al mismo comité cuya palabra y criterio técnico ha ignorado sistemáticamente.

Pero es igualmente alarmante que el CCMHM, a través de un silencio cómplice, avale el archivo de sus propios informes. Aceptar una medalla mientras se permite el desconocimiento de la silla manteña no es defender la cultura; es claudicar ante el poder.

Si de memoria histórica se trata, la sumisión del comité y el engaño de la autoridad también quedarán registrados en las páginas de nuestra historia. Manta no necesita más condecoraciones vacías; exige que se respete su legado milenario y se oficialice de una vez por todas su verdadero emblema de poder.