David Ramírez

Cuando el terremoto del 16 de abril de 2016 arrasó el dinámico casco comercial de Tarqui, convirtiéndolo en un pueblo fantasma, el emprendedor Luis Chávez Intriago, conocido como  “Chavecito”, estuvo entre los que perdieron todo lo que habían construido con dedicado esfuerzo a través de los años. No obstante, fue uno de los primeros en apostar a la recuperación económica.

“Chavecito” no se dejó amilanar por la nostalgia, restañó sus heridas, se replegó un tiempo para más tarde, con el mismo espíritu de prosperar que le llevó a abrir la cevichería casi cinco décadas atrás, recurrió a todo lo posible y montó un negocio temporal en la parte alta de Manta; pero su meta era volver a la playa de sus raíces: el viejo Tarqui de sus sueños.

Y lo hizo: “Chavecito” jugó sus cartas y ganó la partida. El 26 de abril del 2019 abrió una moderno y amplio local, casi en el mismo lugar del anterior, frente a la iglesia El Rosario. Volvió fortalecido, habían triunfado la tenacidad y resiliencia de un hombre que quiso probarse a sí mismo mostrando que es posible empezar de cero, erigiéndose en un genuino referente para las futuras generaciones.

“Chavecito” reabrió un moderno y amplio local en 2019, junto a su antiguo local en Tarqui. / FOTO: Enviada por David Ramírez B.

Hasta allí un repaso a vuelo de pájaro sobre el último tramo de la vida del querido “Chavecito”, cuya partida a la morada eterna este jueves sumió a Manta en una profunda tristeza. Al principio, el toque amable de Luis Chávez Intriago conjugado a la excelente sazón que imponía en la cocina Lilian Mero, su esposa, fueron las herramientas para cimentar el prestigio de la cevichería “Chavecito”.

Todos apreciaban a “Chavecito” porque era la personificación de la decencia. Su especialidad era recibir con una sonrisa cálida a sus clientes, supervisar que se mantuviera la excelencia en la preparación y que el servicio fuera pronto; con esas credenciales, se ganó el corazón y lealtad de sus comensales, que eran desde el ciudadano común, pasando por los empresarios, hasta los políticos más importantes.

El paladar satisfecho de quienes nos deleitamos alguna vez de los platos de “Chavecito”, hizo que su fama se esparciera a través de Ecuador e inclusive traspasara sus fronteras, de tal forma que todos los caminos conducían a este restaurante si la pregunta era: ¿Dónde comer bien en Manta?

Una postal familiar de Luis Chávez Intriago, “Chavecito”. / FOTO: Enviada por David Ramírez B.

De los miles de mensajes viralizados en redes sociales, me quedo con el de María Eugenia Játiva, una entrañable amiga quiteña que vivió muchos años en Manta: “Nos ha dado mucha pena el fallecimiento de “Chavecito”. Recordamos sus deliciosos ceviches, la mejor sopa de mariscos del mundo, su legítimo ají manaba y más que nada, su amabilidad y don de gentes. El señor Chávez era un caballero”.

El intangible legado de “Chavecito” es significativo. Debemos verlo en perspectiva como una presencia que continuará aportando a la identidad de Manta como un destino para los visitantes más exigentes, aquellos que concebimos el buen comer como uno los placeres más altos de nuestro paso por la vida.