Revisión crítica de la gobernanza pública ecuatoriana tras el terremoto de magnitud 7.8 grados (Escala Richter) sucedido el 16 de abril del 2016. El autor del artículo se remite, particularmente, a lo acontecido en la ciudad de Portoviejo, provincia de Manabí.

Periodista Jorge Luis Bowen Loor.

JORGE LUIS BOWEN LOOR*

jorgebowen@hotmail.es

Han pasado diez años desde aquel 16 de abril de 2016, cuando a las 18:58 la tierra se rasgó con una magnitud de 7.8, dejando a Manabí y Esmeraldas sumidas en el caos. El saldo oficial fue de 671 fallecidos, miles de heridos y pérdidas materiales que superaron los 3.300 millones de dólares. Pero una década después, la herida no supura por el desastre natural, sino por la gestión de los recursos que debían levantar a los pueblos de la muerte y terminaron, en muchos casos, financiando el ornato y la propaganda política.

El mapa del dolor: Las ciudades que no pueden ser olvidadas

Hablar de la reconstrucción sin enumerar a sus víctimas es un acto de amnesia cómplice. Si no se nombran las ciudades, parece que la tragedia no existió.

La «Ley de Solidaridad» nació para ellos:

Pedernales: El epicentro del horror, donde el 80 % de la infraestructura desapareció y hoy sigue clamando por un sistema de salud completo.

Portoviejo: La capital que vio su casco comercial, la «Zona Cero», reducida a polvo.

Manta: Con la zona del comercio central de Tarqui borrada del mapa y miles de negocios familiares hundidos.

Bahía de Caráquez, Canoa y Jama: Donde el turismo, su principal pulmón, quedó asfixiado bajo los hoteles colapsados.

Calceta, Chone y Flavio Alfaro: Sectores agrícolas que sufrieron en silencio la falta de conectividad y canales de riego.

Muisne y Chamanga (Esmeraldas): Las «olvidadas de los olvidados», donde el abandono estatal diez años después es casi total.

Agustín Casanova y los $90 millones: ¿Estética o supervivencia?

En este escenario de ruina, la administración de Agustín Casanova, en Portoviejo, se convirtió en el epicentro de la controversia. Mientras en Pedernales la gente dormía bajo carpas, en la capital manabita se ejecutaba un plan de «regeneración urbana» que superó los 90 millones de dólares mediante una cuestionada priorización de gastos.

La gestión defendió que el «brillo» de la ciudad atraería inversión, pero los datos financieros revelan un uso masivo de fondos de la reconstrucción y créditos estatales para fines recreativos:

  • Parques y Ornato: Solo en el Parque Las Vegas y otras áreas verdes se canalizaron más de $10 millones.
  • Regeneración de la «Zona Cero»: Se destinaron $12 millones para adoquinado, aceras y soterramiento en 11 manzanas, una obra estética que contrastaba con la falta de viviendas para los damnificados del mismo sector.
  • Plan PRIZA: Otros $9 millones se inyectaron a través de CNEL para iluminación estética y redes eléctricas en zonas de regeneración.
  • Estudios y Consultorías: Se reportó el gasto de aproximadamente $11 millones solo en estudios técnicos, muchos para proyectos de largo plazo como el «Parque Villanueva» en los terrenos del aeropuerto “Reales Tamarindos”, mientras las necesidades básicas eran inmediatas.
  • Mercados y edificios: Otros $18 millones se movilizaron para los mercados Central y de Mariscos, obras que sufrieron retrasos considerables.

Los hallazgos de Contraloría: La «mano» en los Recursos

La sospecha de que se «metió mano» al dinero no es solo una percepción ciudadana; está respaldada por informes de la Contraloría General del Estado.

Las auditorías han señalado:

  • Desvío de Finalidad: El uso de dinero de la «emergencia» para obras que no eran de supervivencia. Contraloría cuestionó que se gastaron millones en parques, mientras el Palacio Municipal seguía destruido, lo que obligó al municipio a gastar más de $1.2 millones en alquiler de oficinas privadas para la burocracia durante años.
  • Pagos Indebidos: Se detectaron planillas pagadas por rubros no ejecutados y falta de cobro de multas a contratistas que abandonaron obras o las entregaron con fallas estructurales.
  • Sobreprecios en Consultorías: Informes técnicos revelan que se pagó por estudios que no se utilizaron o que estaban sobrevalorados respecto a los precios de mercado.

El cemento frente a la dignidad humana

¿Es justo llamar «éxito» a una gestión que llenó la ciudad de parques, mientras el Hospital de Especialidades tardó años en ser funcional y miles de manabitas emigraron por falta de vivienda?

La administración de Casanova alardeó de 1.000 obras, pero para el ciudadano que aún no tiene agua potable o que sigue pagando un crédito o un hipotecario por una casa que se cayó y nunca fue reemplazada, esos parques son solo un espejismo de cemento.

Conclusión: Memoria contra la manipulación

A diez años del 16A, la reconstrucción de Manabí y Esmeraldas queda como una lección de lo que sucede cuando la política se sirve de la tragedia.

No se puede reconstruir la confianza si no se aclara el destino de cada centavo. La transparencia no es una opción, es un derecho de las víctimas que lo perdieron todo.

Memoria por respeto, verdad por derecho. Prohibido olvidar; criminal manipular.

©12.04.2026

* Jorge Luis Bowen Loor, licenciado en Ciencias de la Información y máster en Comunicación Empresarial y Corporativa. Es ciudadano de la provincia de Manabí (Ecuador), pero hizo sus estudios universitarios en España, donde reside actualmente. Su ejercicio profesional inició en algunas radioemisoras manabitas, en Portoviejo y Manta.