Tras el presente párrafo inicia un artículo periodístico de opinión que cuestiona la idea de institucionalizar una supuesta fecha de fundación española de lo que hoy es la ciudad de Manta, provincia de Manabí (Ecuador). El articulista hace severos reparos a la idea misma y al procedimiento seguido para imponerla.

Periodista Jorge Luis Bowen Loor.

JORGE LUIS BOWEN LOOR*

jorgebowen@hotmail.es

En los últimos años, el debate sobre la supuesta fecha de fundación de Manta ha dejado de ser únicamente una discusión histórica para transformarse en un escenario donde también se disputan legitimidades públicas, espacios institucionales y reconocimiento social.

Lo preocupante no es que existan distintas interpretaciones sobre el pasado mantense. Lo verdaderamente delicado es observar que una postura personal intenta proyectarse como verdad institucional, utilizando el peso simbólico de: organizaciones, colectivos y espacios académicos.

La historia exige rigor, documentación y debate abierto. No puede construirse desde intereses individuales ni desde necesidades de protagonismo intelectual. Mucho menos cuando se pretende convertir una hipótesis discutible en una narrativa oficial que represente a toda una ciudad.

La reciente convocatoria a foros y actividades relacionadas con la llamada “fundación de Manta” evidencia precisamente esa preocupación. El problema no está en realizar encuentros culturales o académicos; el problema aparece cuando dichos espacios buscan involucrar instituciones, dirigentes sociales, personajes públicos y sectores universitarios para dar apariencia de legitimidad colectiva a una tesis que sigue careciendo de consenso histórico sólido.

Detrás de estos intentos existe una estrategia evidente: transformar una interpretación personal en una causa institucional.

Cuando se utilizan nombres de organizaciones, medios académicos o estructuras universitarias para impulsar una narrativa específica, se corre el riesgo de confundir la opinión de determinados autores con la posición oficial de toda una comunidad intelectual o incluso de la propia ciudad.

Y eso resulta especialmente grave cuando el tema tratado forma parte de la memoria histórica de Manta y de Manabí. Una universidad no debe convertirse en escenario de validación automática para ideas personales.

Instituciones como la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí tienen la responsabilidad de fomentar investigación plural, crítica y metodológicamente seria. Su función no es legitimar relatos individuales ni promover interpretaciones históricas como verdades definitivas sin suficiente sustento documental.

El riesgo de este tipo de iniciativas es que terminan desplazando el verdadero trabajo historiográfico para reemplazarlo por construcción simbólica. La historia deja entonces de investigarse para comenzar a fabricarse. Y cuando la historia se fabrica, aparecen los vacíos disfrazados de certezas.

Resulta revelador que buena parte de la propia ciudadanía mantense desconozca la supuesta fecha fundacional que algunos intentan posicionar oficialmente. Ese detalle tiene enorme importancia histórica. Porque cuando una fecha forma parte real de la identidad colectiva, la población la reconoce naturalmente. Vive en la memoria popular, en la tradición oral, en la educación y en el sentido común de la comunidad. No necesita ser constantemente impulsada mediante campañas institucionales o discursos académicos para adquirir legitimidad.

La desconexión entre la narrativa promovida y la memoria ciudadana demuestra que el tema sigue estando lejos de consolidarse como una verdad histórica compartida.

Manta posee una riqueza histórica demasiado profunda como para reducirla a una fecha construida desde interpretaciones discutibles. Su historia nace mucho antes de cualquier intento moderno de formalización simbólica. Es una ciudad de raíces ancestrales, de tradición marítima, de intercambios humanos permanentes y de evolución social continua.

Por eso, la identidad mantense no necesita ser inventada ni forzada desde espacios de poder cultural. Lo que corresponde es abrir investigaciones serias, transparentes y plurales donde distintas corrientes historiográficas puedan debatir con documentos, evidencia y metodología. Lo contrario sería permitir que la historia termine subordinada al interés de notoriedad de ciertos actores que buscan convertir ideas personales en patrimonio institucional.

La memoria histórica de Manta merece respeto. Y respetarla implica reconocer que el pasado no puede manipularse para satisfacer agendas particulares ni para construir protagonismos bajo el amparo de instituciones académicas o culturales.

©08.05.2026

* Jorge Luis Bowen Loor, licenciado en Ciencias de la Información y máster en Comunicación Empresarial y Corporativa. Es ciudadano de la provincia de Manabí (Ecuador), pero hizo sus estudios universitarios en España, donde reside actualmente. Su ejercicio profesional inició en algunas radioemisoras manabitas, en Portoviejo y Manta.