Lo que sigue tras este párrafo es la opinión de un destacado jurista y literato que resalta la gestión que cumple quien actualmente rige los destinos de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (ULEAM).

Por Víctor Arias Aroca*

La universidad pública en Manabí tiene un registro histórico superior a los 40 años, y hubo una época en que la Universidad Técnica de Manabí (UTM) y la Universidad Laica ELOY ALFARO de Manabí (ULEAM) proyectaron una imagen que llenaba de orgullo.

La UTM llegó a tener alumnos y profesores de varios países y era un lujo educarse en ella. Así mismo en la ULEAM, se matricularon estudiantes de Colombia y otras naciones, en especial en la carrera de Ciencias Médicas.

Esto sin contar con que la creación de la universidad alfarista rompió todos los esquemas y se consolidó pese a la oposición inicial del Consejo de Universidades y de algunos sectores de derecha que no admitían el nombre de Alfaro, ni antes ni ahora.

Fue ese organismo del pasado el que, con los años, se inventó la teoría de que las universidades debían ser clasificadas como A, B y C. Gracias al desarrollo del pensamiento universitario, hoy esa clasificación inquisitoria ya no se utiliza y cada universidad pervive por la capacidad y agilidad mental de sus rectores.

Esto es indiscutible, ya que incluso el tiempo borró los decanatos por elección, los consejos de facultad sometidos al decano, los repartos de representación por sectores; y las nuevas leyes permitieron que la autoridad del rector implemente las reformas actuales y amplíe su capacidad de ejercicio, lo que le da agilidad corporativa al propio Consejo Universitario y pone al rector en el andarivel de un ejecutivo de primera línea que, si tiene vocación académica, puede convertir su centro de estudios en un núcleo de sabiduría y preparación, con infraestructura y personalidad propia.

Cuando se produjeron los cambios en la Uleam hubo algunas voces pesimistas y algunos conceptos desesperados que daban un augurio trágico. Desde esta página yo mantuve prudencia.

Y el tiempo se ha encargado de exponer a un rector que impone gestión y se desplaza con energía y excelencia. Se mueve por todos lados. No se arredra. No le tiemblan las manos para firmar una reforma y ha llegado a construir infraestructura en varios cantones, para optimizar el sistema universitario y poner a brillar, como debe ser, un edificio educativo.

Esto se hizo en Chone, Bahía y Pedernales. Se encuentra en marcha un campus universitario dedicado a las artes y la industria pesquera en Jaramijó. En Santo Domingo ya opera una estructura impresionante para ser una extensión universitaria.

Y la sede de Manta fue modificada íntegramente, estando en proceso de construcción algunos edificios de las nuevas carreras. Además se inauguró, desde el principio de la nueva gestión, la plaza de la silla manteña y el gran complejo de exposiciones con salón de eventos internacionales y proyección de convenciones.

Allí también tienen espacio las artes pictóricas, escénicas, musicales y de la danza; y foros y encuentros académicos y científicos, como se merece una universidad que ya no solamente es provincial sino regional.

La Uleam se ocupa, además, de las artes populares, como sucedió con el gran homenaje al inspirador del amor fino manabita, Dumas Mora; la tradición oral y la maravilla de la creación: los sabores y sombreros manabitas ya reconocidos por la Unesco y otros organismos, y la incorporación de Ciudad Alfaro al concepto de modelo universitario.

En su obra La Misión de la Universidad, José Ortega y Gasset propuso que la universidad debe priorizar la producción de cultura; es decir, que el empoderamiento cultural debe superponerse a la formación de profesionales con sentido humanístico, pero reconociendo a la ciencia como misión fundamental.

Las iniciativas mencionadas fueron tomadas por la ULEAM y les corresponden al rector en funciones, Marco Zambrano y su equipo.

De ese modo, los conceptos y la percepción social de una gestión pública -con las complejidades del universo universitario- se imponen en favor del rector con el que Manta ha visto renacer su universidad y Manabí se contagia de su verdadero liderazgo en beneficio de la provincia y de legar a las generaciones venideras el significado del nombre del gran Eloy Alfaro.

* Víctor Arias Aroca es ciudadano ecuatoriano radicado en la ciudad de Manta, provincia de Manabí. Abogado, doctor en Jurisprudencia, es además un intelectual destacado en las expresiones culturales de la literatura y la oratoria.