Breve pero reveladora remembranza del pasado revolucionario que caracterizó en su momento a los pobladores del territorio que hoy es parroquia del Cantón Sucre, provincia de Manabí (Ecuador), con aspiraciones de también ella lograr la jerarquía política de cantón. El relato está enmarcado por la ancestralidad autóctona y su transformación derivada de la experiencia colonial y la posterior Revolución Liberal ecuatoriana acunada en tierras manabitas.

Por TONNY GONZÁLEZ PALACIOS

Las crónicas antiguas e investigadores acuciosos determinaron la importancia de esta antigua ciudad de las culturas precolombinas que poblaron las costas del hoy Manabí. Las menciones que se hacen son frecuentes y aún gravita la creencia de que Japotó, como así se la llamó, fue el auténtico asiento de los Caras, que luego en una diáspora programada fueron hacia el interior del país.

La ubicación de Japotó fue estratégica, cerca del mar, del cual extraían su manutención y expandían mediante comercio a tribus periféricas y del interior. Por otro lado, estuvieron asentados en un valle muy fértil del cual sacaban cultivos que eran regados por el hoy Río Portoviejo.

En la parte alta de Charapotó, sobre esa colina aún visible, ubicaron un centro ceremonial y por ello en aquella zona se obtuvieron piezas arqueológicas muy antiguas. Escasos investigadores les han dedicado su tiempo a indagar su organización social; los textos señalan que emigraron hacia la sierra central, siendo la base para unificar los territorios de los Quitus.  

Al respecto, Pedro Fermín Cevallos, en el Tomo I de su Historia del Ecuador, señala: “Entre la multitud de pueblos diseminados por los contornos de Quito, había uno grande llamado Cara, en la costa del Pacífico; pueblo cuyos límites se extendían desde la ensenada de Charapotó hasta el cabo de San Francisco … y se establecieron en aquella costa, donde el régulo o cabeza principal, Carán, dio el nombre de Cara a la ciudad que fundó.

Los Caras, cuyo soberano se titulaba SCYRI que en su lenguaje equivalía a “Señor de todos”, “… dieron principio a la conquista del reino por el año 980”. “Llevaban una vida nómada y continuaron con ella hasta que se hicieron dueños totales del reino de Quitu.”   

Por lo visto -y sin duda- constituyó una cultura superior prehispánica que dejó testimonio de su asentamiento y con ello su valioso comercio que se convirtió en una fuerza de prestigio proyectado a la época republicana y aún pervive como un centro de producción y comercio que abre la puerta a la zona norte del Manabí de este presente.

Durante la guerra de independencia, según el acucioso investigador manabita Wilfrido Loor Moreira: “su cura párroco, Dr. Francisco Alvarado, concurre al Colegio Electoral de Guayaquil en representación de la provincia y su firma consta en el Acta de 31 de julio del mismo año que agrega Guayaquil a Colombia”.

Fue parroquia de Montecristi, pero se la agregó al Cantón Sucre mediante decreto legislativo de la Asamblea Nacional Constituyente, el 22 de febrero de 1945. Este decreto fue firmado por el presidente de la Asamblea Nacional, Arízaga Luque; y como secretario de aquel organismo suscribe Pedro Jorge Vera; y se publicó en el Registro Oficial del 16 de marzo de 1945.

En su “Historia económica y social del norte de Manabí”, la extraordinaria investigadora Carmen Dueñas de Anhalzer, señala con propiedad: “la región norte de la provincia de Manabí, que en la actualidad forma parte del cantón Sucre, permanece distanciada tanto del contexto colonial como bien avanzado el régimen republicano. Su incorporación es más bien tardía, en la segunda mitad del siglo XIX, tras la creciente vinculación al comercio exportador de materias primas, que alcanza una etapa de auge y máximo desarrollo en el último cuarto de siglo y primeras décadas del siglo XX.”

Durante el proceso de la independencia, Charapotó jugó un papel importante, haciendo en este territorio una acción de agitación que en ese tiempo se denominaba “partido de Portoviejo”, que junto al partido de “la Canoa” fueron la expresión territorial del Manabí de hoy. Por eso se adhieren rápidamente al movimiento político de Guayaquil, “mediante proclamas emitidas por las autoridades civiles, militares y religiosas de Puerto Viejo y Montecristi, a las cuales se adhieren Juntas constituidas para el efecto en los pueblos de Chone, Jipijapa, la Canoa y Charapotó”. Esto lo señala la misma Carmen Dueñas.

Es interesante percatarnos de que los religiosos curas párrocos de varios lugares de Manabí jugaron un papel muy importante en el movimiento de independencia, por ello se señala como instigadores a los curas de Charapotó y Pichota, en particular al párroco de Jipijapa, Juan José Viveros y al sacerdote Manuel Rivadeneira que, junto a otro sacerdote, Cayetano Ramírez y Fita, fueron ejes en la insurrección de estos territorios.

Al separarse el “Departamento del Sur” de Colombia y transformarse en Ecuador, y configurarse con mayor precisión la provincia de Manabí, que ya lo había dispuesto el Congreso de Colombia, Charapotó siguió siendo un importante centro poblado de la costa ecuatoriana, siguiendo con sus funciones productivas de pesca, agricultura y comercio.

Juan Francisco Centeno (Foto provista por el autor de la remembranza).

Al avanzar el país y devenir la Revolución Alfarista, su aporte fue enorme, y de allí surge uno de los hombres más valiosos y bravíos que es el coronel don JUAN FRANCISCO CENTENO, quien era oriundo de esta población y a quien Alfaro designó como comandante de Armas de Manabí, siendo él quien dirigió la insurrección exitosa en el norte de esta provincia.

Este ciudadano efectuó un notable trabajo de difusión del ideal alfarista y organizó a los combatientes en este sector. De igual manera agrupó a los simpatizantes y comerciantes del sector, para financiar la compra de armas y vituallas para los combatientes de la alfarada, siendo el responsable del éxito en el combate de Charapotó y Río Chico, manteniéndose exitoso en las operaciones emprendidas, extendiéndolas en el Manabí del norte, inclusive hasta Esmeraldas.

Centeno, agricultor y comerciante, fue un destacado patricio con una cultura notable y una familia muy respetada en ese sector.

Juan Francisco Centeno ejerció el poder conferido con absoluta lealtad y fue un hombre que operó con una notable organización militar y aguda estrategia que dio resultados efectivos al desarrollo cuali – cuantitativo que posteriormente se confirmó con el triunfo alfarista.

A renglón seguido adjuntamos una de sus proclamas que es reflejo de su nivel cultural y comprensión del suceso político.

Este documento lo rescató quien fue Cronista de Portoviejo, Alberto Molina, teniendo como referencia un artículo escrito por este acucioso investigador. Luego, también lo incluyó Carmen Dueñas en su libro “Soberanía e Insurrección en Manabí”, y en su contenido muestra el elevado nivel político con que se operaba en Manabí, al menos en el sector dirigencial de la alfarada.

Las páginas de la historia oficial hacen muy escasa referencia a este acerado ciudadano, que puso su pensamiento y acción de valentía al servicio de la insurrección liberal en este sector de la provincia.

Con el triunfo de la revolución, Charapotó vivió un tiempo de afirmación y desarrollo, particularmente en su economía, trayendo prosperidad a sus ciudadanos. Eso le ha traído consecuencias de dificultad, pues parecería que a algunos sectores del Cantón Sucre y de la provincia de Manabí les convendría mantenerla como parroquia.

De allí que no es una facilidad explicar cómo lugares de menor desarrollo lograron su “cantonización”, postergando inexplicablemente este deseo ciudadano de ascender como cantón manabita. Y no es el número de habitantes, ya que siempre superó los números establecidos; peor la economía, que siempre se ha mostrado dinámica y que hoy se evidencia en el desarrollo urbanístico de este lugar.

Rendimos homenaje a este heroico rincón manabita, que sabemos culminará de manera exitosa su deseo de ser un cantón más de Manabí; y lo será por la justicia de una sociedad que no cierra los ojos frente a la evidencia. Que la solidaridad de ciudadanos e instituciones de otros sectores sea una muestra más de afirmación de la creencia en el desarrollo de esta provincia.