El 7 de julio del 2026, tras haberse cumplido un mes desde la partida final de la iluminada maestra, literata, investigadora y escritora ecuatoriana Libertad Regalado Espinoza, su nieto César Jorge Manrique presentó una semblanza que rememora la vida de su abuela, dedicada a rescatar y a formar. Sucedió durante un acto conmemorativo de aquella noble despedida.
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Hoy tengo el honor de compartir una remembranza de mi abuela, quien fue para mí una madre: Libertad Regalado, una mujer extraordinaria, maestra por vocación, investigadora incansable y defensora del patrimonio ancestral de Manabí, que dejó una huella profunda en todos quienes tuvimos el privilegio de conocerla.
Enma Libertad Regalado Espinoza nació en Jipijapa el 26 de abril de 1953. Desde muy pequeña dio muestras de que llegó al mundo con una vocación clara: ser maestra. En su infancia recreaba clases con sus hermanos, utilizando los muros de su casa como pizarra y las semillas de maíz como ábacos. Su padre, Jorge Regalado Coral, pedagogo de profesión, sembró en ella el amor por la lectura y la declamación, desde los cinco años. Gracias a ello comenzó a escribir sus propios poemas y a participar en concursos literarios, obteniendo su primer premio cuando aún era estudiante del Instituto Normal.
El 25 de julio de 1970 se graduó en el Instituto Normal Alfredo Pérez Guerrero y ese mismo año inició su carrera docente como profesora de Castellano y Literatura en el Colegio Alejo Lascano de su ciudad natal. Desde entonces nunca dejó de estudiar, investigar ni escribir. Fue profesora de enseñanza media en Lengua y Literatura, licenciada en Ciencias Sociales y Políticas, abogada de los juzgados y tribunales de la República, magíster en Administración de Empresas y doctora en Ciencias Pedagógicas.
Sin embargo, su mayor escuela fue la crianza de su segundo hijo, quien en 1973 sufrió una encefalomielitis que le dejó graves secuelas cognitivas y motrices. Durante catorce años trabajó con él de manera creativa e incansable. Convirtió su hogar en un verdadero salón de clases: elaboró fideos con las letras del abecedario y los números para que pudiera aprender mientras comía, y las paredes de la casa se llenaban de vocales, figuras y números que acompañaban cada etapa de su aprendizaje. Aquella experiencia la transformó en una educadora excepcional y reafirmó una convicción que la acompañó toda su vida: «No hay niño incapaz de aprender, sino profesores sin metodología para enseñar.«
Recorrió Manabí de punta a punta: Jipijapa, Manta, Portoviejo, Chone, Bahía de Caráquez, Pedernales, Santa Ana, Paján, Calceta, entre muchos otros lugares; no solo ejerciendo la docencia en escuelas, colegios y universidades durante cincuenta y tres años, sino también desarrollando investigaciones sobre las artesanías de barro, mocora, paja toquilla y piquigua; sobre la historia de diversos cantones; y sobre la gastronomía milenaria y la identidad cultural de nuestra provincia.
Dirigió durante trece años la Unidad Educativa Manabí, donde impulsó un modelo de educación personalizada basado en el aula-taller y en la participación activa de docentes, estudiantes y padres de familia. Durante tres años coordinó la Maestría en Administración de Empresas, de la ESPOL en Manabí. Fue docente de la ESPAM durante once años, institución en la que coordinó la acreditación de siete carreras y la elaboración de su modelo educativo. Asimismo, fue facilitadora de la Maestría en Gerencia Educativa, de la UNESUM, durante ocho años; y desde 2016 lideró el proceso de categorización y acreditación de la ULEAM, culminado exitosamente en 2020.

Paralelamente, desarrolló una prolífica obra como escritora e investigadora del patrimonio cultural de Manabí. Sus publicaciones abarcan la gastronomía, la historia, la poesía y la literatura; entre ellas:
- Leyendas y poesías.
- Evarótica, I y II.
- Manabí, una historia de toquilla (2008).
- Manabí y su comida milenaria (2008).
- Las hebras que tejieron nuestra historia (2010), obra que contribuyó a la declaratoria del tejido de la paja toquilla como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, en 2012.
- Indigenismo e identidad en Manabí (2016).
- Santa Ana, Madre del Río Grande (2018).
- Los dolorosos muelles de la despedida (2024).
- Memorias en el Imbabura (2025).
- Hilando la historia de Rocafuerte (2025).
- Las Tunas, entre piratas y ballenas (2026).
- Los cuentos: La casa de los Lligua Tohallí y Juan Seguiche.
En 2014 ingresó como Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Historia del Ecuador; en 2016 fue incorporada como Miembro Numerario con su investigación El ceviche de los dioses y el poder de la Spondylus; en 2020 recibió la Condecoración «Matilde Procel» al Mérito Cultural, otorgada por la Asamblea Nacional; y en 2025 fue declarada Maestra Insigne de la Gastronomía Nacional por la Asamblea Nacional del Ecuador.
Sin embargo, dejando de lado los reconocimientos y distinciones que marcaron su trayectoria pública, considero que uno de los mayores actos de valentía y fortaleza de su vida ocurrió en sus últimos meses. Cuando recibió el diagnóstico de la enfermedad que finalmente se la llevó, afrontó la noticia con una serenidad que solo poseen quienes han vivido plenamente. Con absoluta conciencia decidió recibir únicamente cuidados paliativos, pues comprendía que los tratamientos disponibles no cambiarían el desenlace y no deseaba prolongar su sufrimiento ni el de su familia.
Aceptó la muerte con la misma dignidad con la que vivió: en paz consigo misma, con su familia y, sobre todo, con Dios. Esa fue, quizás, su última gran lección de fortaleza, de amor por la vida y de libertad, al enseñarnos que vivir también implica saber partir cuando llega el momento.
Más allá de sus logros, de sus libros y de sus investigaciones, nos dejó un legado aún más valioso: su ejemplo. Creía profundamente en honrar la palabra, hacer siempre lo mejor posible, respetar a los demás y vivir con gratitud. Quienes tuvimos la fortuna de conocerla aprendimos que el conocimiento solo cobra verdadero sentido cuando se pone al servicio de los demás.
Hoy ya no está físicamente entre nosotros, pero una parte de ella permanece viva en sus libros, en sus poemas, en sus investigaciones, en sus estudiantes, en su familia y en cada una de las personas que tuvieron el privilegio de recibir su generosidad y su sabiduría.
Sus propias palabras resumen mejor que cualquier homenaje la manera en que entendió la vida:
«Nacemos libres para pensar y trascender; pero no todos logramos pensar, accionar y vivir en libertad para trascender.«
Y quisiera recordar también uno de sus últimos escritos:
«Un día me iré con el alma libre de ataduras materiales, desnuda de todo ese ropaje que se adhirió a mi piel en esta nueva reencarnación. Partiré con la humildad de haber saboreado los días con sus alegrías y pesares; ese día tendré la verdadera felicidad. Retornaré a quien me dio la vida: Dios.«
Solo me queda decirte gracias. Tu legado permanecerá por siempre en nuestra memoria, en la historia de Manabí y en el corazón de quienes tuvimos la dicha de compartir la vida contigo.
*El autor de la remembranza es César Jorge Manrique Villafuerte, nieto, 31 años. Conoció de forma profunda el trabajo de su abuela, y la acompañó muy de cerca en su quehacer cultural y durante las largas vigilias de su escritura.
