Una explotación agrícola correctamente regularizada posee mayores garantías frente a conflictos legales y administrativos. Por esto es necesario conocer qué manda la ley sobre cada particularidad y específicamente acerca de cánones, tasas y obligaciones económicas.

El uso del agua también implica obligaciones económicas. La legislación contempla el pago de tasas administrativas y, cuando corresponda, cánones relacionados con el aprovechamiento del recurso.

Estos valores permiten fortalecer la administración del sistema hídrico y financiar acciones de conservación, control y mantenimiento. El incumplimiento de estas obligaciones puede generar procedimientos administrativos, suspensión del derecho de uso e incluso la revocatoria de las autorizaciones otorgadas.

El agua y la protección ambiental, la agricultura y el ambiente no son conceptos opuestos. Por el contrario, constituyen dos elementos inseparables del desarrollo sostenible. La Constitución reconoce derechos propios a la naturaleza, convirtiendo al Ecuador en uno de los países con mayor protección ambiental a nivel constitucional.

En consecuencia, toda actividad agrícola debe desarrollarse procurando evitar la contaminación de ríos, esteros, lagunas y acuíferos. El uso indiscriminado de agroquímicos, fertilizantes o desechos pecuarios puede generar importantes responsabilidades legales. La protección del agua constituye una obligación jurídica, ética y productiva. Sin agua de calidad no existe agricultura sostenible.

La Ley Orgánica de Recursos Hídricos establece un régimen sancionatorio para quienes incumplen sus disposiciones.

Entre las principales infracciones pueden encontrarse: captaciones ilegales; utilización del agua sin autorización; contaminación de fuentes hídricas; alteración de cauces; destrucción de infraestructura hidráulica; desperdicio injustificado del recurso; incumplimiento de las condiciones técnicas establecidas por la autoridad.

Las sanciones pueden incluir multas económicas, suspensión del derecho de uso, revocatoria de autorizaciones, reparación de daños ambientales e incluso responsabilidades civiles y penales cuando existan afectaciones graves.

La mejor defensa del productor siempre será el cumplimiento de la ley.

Las juntas de Riego: un modelo de gestión comunitaria

La legislación ecuatoriana reconoce el importante papel de las juntas de Riego y organizaciones de usuarios.

Estas entidades permiten administrar de manera colectiva la distribución del agua, el mantenimiento de la infraestructura hidráulica y la resolución de conflictos entre productores. Fortalecer estas organizaciones significa fortalecer la gobernanza del agua y garantizar una gestión más eficiente y participativa.

Tecnificación del riego: el futuro del agro, el crecimiento de la población, el cambio climático y la disminución de las fuentes hídricas obligan a utilizar el agua de manera cada vez más eficiente. La agricultura del futuro deberá producir más utilizando menos agua.

Sistemas como el riego por goteo, la microaspersión, sensores de humedad, agricultura de precisión y monitoreo digital representan herramientas indispensables para alcanzar este objetivo. La eficiencia hídrica ya no constituye únicamente una ventaja competitiva. Es una verdadera necesidad para garantizar la sostenibilidad del sector agropecuario.

La regularización del uso del agua constituye una inversión y no una carga burocrática. El productor que cumple la normativa fortalece la seguridad jurídica de su actividad, reduce riesgos legales, mejora sus posibilidades de financiamiento y genera mayor confianza en mercados nacionales e internacionales. En una economía cada vez más exigente, la legalidad se convierte también en un factor de competitividad.

El agua representa mucho más que un recurso indispensable para la producción agrícola. Constituye el fundamento mismo de la vida, de la soberanía alimentaria, del desarrollo rural y del equilibrio ambiental. Su gestión no puede entenderse únicamente desde una perspectiva técnica o económica, sino también desde una visión jurídica y ética que reconozca su carácter estratégico para el país.

La Constitución de la República y la Ley Orgánica de Recursos Hídricos, Usos y Aprovechamiento del Agua han establecido un modelo que busca armonizar el derecho a producir con el deber de conservar. Lejos de constituir un obstáculo para el agricultor, este marco normativo ofrece las reglas necesarias para garantizar un uso equitativo, eficiente y sostenible del recurso.

El productor agropecuario del siglo XXI debe comprender que la competitividad ya no depende exclusivamente de la calidad de sus cultivos o del tamaño de su explotación. También depende de su capacidad para gestionar responsablemente el agua, cumplir la legislación vigente, proteger las fuentes hídricas e incorporar tecnologías que permitan producir más con menos.

En definitiva, la propiedad de la tierra puede abrir las puertas a la producción; pero es el acceso legal, responsable y sostenible al agua el que asegura su permanencia en el tiempo. El verdadero desafío no consiste únicamente en aprovechar este recurso, sino en administrarlo con visión de futuro, porque cada gota que hoy protegemos representa la posibilidad de alimentar a las próximas generaciones.

«El agua no pertenece al hombre; el hombre pertenece al agua. En el campo ecuatoriano, protegerla es sembrar el futuro, cosechar justicia y garantizar la vida.«

Adriano Aguirre-Zavala. Ingeniero y abogado (Guayaquil, Ecuador). En la primera especialidad cuenta con experiencia como técnico agrícola, ambiental y en la industria fideera, además de desempeñarse como desarrollista rural. En el área jurídica trabaja en materias de derecho de familia, penal, agroambiental y constitucional. Socio en: Estudio Jurídico Zavala & Hijos – Estudio Jurídico Soluciones Integrales AZ – Estudio Jurídico AZ Nexus.

Formación académica: Abogado – Ingeniero Agrónomo. Magíster en Alimentos, mención Procesamiento de Alimentos. Máster en Ingeniería Industrial – Gestión administrativa.