Por: Pedro Pablo Jijón Ochoa*, ingeniero comercial radicado en Guayaquil, Ecuador. / asesorapecuador@gmail.com
Sé que escribir con franqueza sobre temas delicados no siempre es satisfactorio, pero siempre es necesario.
Hace algún tiempo, en una entrevista para el programa de la importante escritora, poetisa y amiga colombiana Dra. Luz Marina Acosta, me puso, elegantemente, contra la espada y la pared con una pregunta que no esperaba:
¿Para qué escribes?
Respondí: Escribo para acallar mis angustias; para denunciar las atrocidades contra los pueblos y nacionalidades; para proponer soluciones positivas que sean un aporte para el país y el mundo.
Con el pasar de varios meses, me volví a auto plantear la misma pregunta: ¿Para qué escribo?

Cierto es que las letras, la lectura y la escritura son temas familiares. Mi bisabuelo paterno escribía; su hijo, mi abuelo, escribía —con dos libros publicados—; su hijo, mi padre, aunque no escribió, fue un excelente redactor y experto en dictar temas variados; su nieta, mi hija, escribe de manera diestra sobre temas variados; mi tío paterno, Antonio, escribe con claridad sobre temas sociales.
Sé que escribir con franqueza sobre temas delicados no siempre es satisfactorio, pero siempre es necesario. Trae más detractores que suscriptores; buenos amigos se vuelven enemigos por estar en opiniones opuestas. Al final, escribir se vuelve un acto de liberación consciente y de definición de posturas ideológicas.
Hemos visto que, en la actual sociedad globalizada, los valores morales se han trastocado; lo que era moralmente de buen nombre ahora es malo, y lo que moralmente era inadmisible ahora es bueno. Eso motiva a escribir para desmontar falacias y buscar un mundo equitativo.
Ejemplo: Los contratos de servicios o comerciales con el Estado, de empresas fantasmas o de empresas legalmente constituidas y elegidas sin concurso previo, eran delitos morales y legales; ahora son moralmente aceptados y tildados como «acciones empresariales de éxito», aunque siguen siendo ilegales a todas luces.
Especialmente en Hispanoamérica, los medios de prensa tradicionales se han encargado de ocultar, enmascarar y hasta de validar la inmoralidad; e «implantar un chip amoral» en el subconsciente de sus seguidores, volviéndolos autómatas de doble acción: la una porque creen y la otra porque repiten. Por tanto, el escribir se convierte en un acto de rebeldía contra el statu quo.
Fortalecer el tejido social con valores morales es imprescindible en estos momentos; estamos en una sociedad caótica, indolente, racista, apática, desclasada, deshumanizada… El escribir y todo tipo de acción cultural, como la pintura, la música, la danza, la fotografía, se convierte en un grito desesperado de resistencia.
Analizarlo todo desde varios ángulos; retener, aplicar y enseñar lo honesto; transmitir valores morales y aplicarnos correctamente, es deber de todos para lograr un mundo de equidad que trae paz; yo lo hago escribiendo.
¡Por eso escribo!
* Pedro Pablo Jijón Ochoa es director ejecutivo de Asesoría para Organizaciones Agro Productivas (ASESORAP), establecida en la ciudad de Guayaquil, Ecuador.
